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	<title>chat archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
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	<title>chat archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
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		<title>Selecciones alza la mirada con el Papa León XIV</title>
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		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 May 2026 15:53:13 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Alzad la mirada es el lema del Viaje del Papa León XIV a España que lleva como titular de su portada la revista Selecciones. La publicación digital de la Comisión episcopal para las Comunicaciones sociales (CECS) contribuye así a la pretensión del viaje apostólico del 6 al 12 de junio próximo, que anima a salir [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/selecciones-alza-la-mirada-en-el-papa-leon-xiv/">Selecciones alza la mirada con el Papa León XIV</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
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<p><a href="https://conelpapa.es/noticias/alzad-la-mirada-lema-y-logo-oficial-del-viaje-apostolico-de-leon-xiv-a-espana" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Alzad la mirada </strong></a>es el lema del <a href="https://conelpapa.es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Viaje del Papa León XIV a España</a> que lleva como titular de su portada la revista <strong><em>Selecciones.</em></strong></p>



<p>La publicación digital de la <strong>Comisión episcopal para las Comunicaciones sociales </strong>(CECS) contribuye así a la pretensión del viaje apostólico del 6 al 12 de junio próximo, que anima a <strong>salir de la mirada baja para devolvernos a nuestra dignidad original</strong> a través de la contemplación y la apertura a los demás. Como se propone con ese titular y lema,&nbsp;a esa misma <strong>llamada a la esperanza y a la renovación del corazón cristiano</strong> se suma desde sus páginas la revisa mensual <strong><em>Selecciones</em></strong>.</p>



<div class="wp-block-stackable-columns stk-block-columns stk-block stk-0032fde" data-block-id="0032fde"><div class="stk-row stk-inner-blocks stk-block-content stk-content-align stk-0032fde-column">
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<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-6gn20gx" id="artemis-ii-chernobil-apocalipsis" data-block-id="6gn20gx"><h2 class="stk-block-heading__text">Artemis II, Chernóbil, apocalipsis</h2></div>



<p>Durante diez días cuatro astronautas de la NASA han realizado un viaje de más de 800.000 km alrededor de la Luna, con el fin de dilucidar la instalación de una base lunar. Además de observar regiones poco accesibles como su cara oculta, la expedición evidencia que es posible enviar y operar una tripulación en el espacio con los sistemas actuales. <strong>Qué nos enseña Artemis II: la ciencia que salvará vidas</strong> nos refresca como la humanidad regresa a la Luna cincuenta años después.</p>



<p>También en estos días se conmemora el cuarenta aniversario de una catástrofe nuclear. Ocurría en abril de 1986 al norte de Ucrania. El reactor 4 de Central nuclear de Chernóbil explotó y una nube radiactiva se extendió por Europa. En el artículo <strong>Chernóbil. Daño y responsabilidad. De la mayor catástrofe nuclear al renacer ambiental</strong> se destaca, entre otros asuntos, la increíble vitalidad con que se abre paso la naturaleza entre las ruinas creadas por el hombre.</p>



<p><strong><em>Selecciones</em></strong> propone la lectura de la pieza <strong>Manual para sobrevivir en la era del apocalipsis permanente: «Lo contracultural ahora es tener esperanza»</strong>. Aquí se dice que en un tiempo de saturación informativa y pérdida de control, se percibe la sensación difusa de que todo está ocurriendo a la vez y de que, al mismo tiempo, no tenemos capacidad real para intervenir en ello. Es lo que el filósofo Eudald Espluga identifica como un pesimismo antropológico profundamente arraigado.</p>



<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-gwlm386" id="democracia-economia-informal-guerra-interactiva" data-block-id="gwlm386"><h2 class="stk-block-heading__text">Democracia,  Economía informal, guerra interactiva</h2></div>



<p>La revista digital de la CECS recoge en su índice el artículo <strong>Encarnar la democracia en la vida y en las esperanzas de los jóvenes</strong>, que aborda la política como cuestión central. Y aunque sean muchos los que no desean manifestarse en este ámbito, aquí se defiende que la democracia debe formar parte de sus vidas, «con todas sus alegrías y sus dificultades.</p>



<p>Entre esas dificultades se encuentra la situación de la mayoría de los trabajadores en el mundo. Es de lo que trata <strong>Economía informal: el trabajo invisible que mueve el mundo</strong>. Con el calificativo informal se retrata el trabajo carente de contratos, de remuneración adecuada al nivel de trabajo realizado y carente de prestaciones sociales. Más de 2.000 millones de personas en el mundo trabajan en condiciones de informalidad.</p>



<p>El conflicto de Irán se ha convertido en la primera guerra interactiva de la historia. Lo recoge <strong><em>Selecciones </em></strong>con el artículo que lo sostiene: <strong>Videojuegos, chats, apuestas e inteligencia artificial: dentro de la primera guerra interactiva de la historia</strong>. Es donde se apunta como el conflicto se ha convertido en una experiencia participativa que recuerda inquietantemente a la lógica de los videojuegos, donde se pierde los límites entre guerra y espectáculo.</p>



<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-xr4mk3d" id="oracion-por-la-paz-un-papa-liante" data-block-id="xr4mk3d"><h2 class="stk-block-heading__text">Oración por la paz, un papa &#8216;liante&#8217; </h2></div>



<p>Entre las propuestas de lectura de <strong><em>Selecciones</em></strong> se encuentra la <strong>Reflexión del Santo Padre <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">León XIV</a> en la Vigilia de oración por la paz</strong>, que se celebró el 11 de abril. Cuando cumple por estos días el primer año como pontífice, y tal y como hiciera desde el inicio de su elección como Vicario de Cristo, el Papa no cesa en su llamamiento constante a una paz desarmada y desarmante. <a href="https://x.com/Pontifex_es" target="_blank" rel="noreferrer noopener">León XIV</a> invita a creer «en el amor, en la moderación, en la buena política», solicitando nuestro compromiso de orar siempre, sin cansarnos, y con una profunda conversión del corazón.</p>



<p>También se cumple el primer aniversario de la muerte del <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Papa Francisco</a>, acontecida el 21 de abril de 2025. El primer papa latinoamericano empezó su pontificado animando a los católicos a hacer lío, «y decidió ir por delante, para desesperación de algunos creyentes y regocijo de los periodistas». Así se recoge en <strong>Francisco el &#8216;liante&#8217;, el aura de León y otros giros (más culturales)</strong>. Donde también plantea la cuestión de «si alguno de los que han vuelto a la Iglesia no lo han hecho gracias a que Francisco les abrió la puerta con un “pasen, están en su casa”.</p>



<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-xf0r0sw" id="reunion-de-obispos-espanoles" data-block-id="xf0r0sw"><h2 class="stk-block-heading__text">Reunión de obispos españoles</h2></div>



<p>Por su parte, los obispos españoles han celebrado en este tiempo pascual del mes de abril su<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/129-asamblea-plenaria-cee-abril-2026/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Asamblea Plenaria número 129</a>. Lo que da ocasión para <strong><em>Selecciones</em></strong> de recoger en su índice el Discurso de apertura pronunciado por el arzobispo de Valladolid, Mons. <a href="https://x.com/MonsArguello" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Luis Argüello</a>, presidente de la <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Conferencia Episcopal.</a> Un texto que aborda la primera <a href="https://conelpapa.es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">visita del Papa León a España</a>, la Catolicidad siempre desafiada, el emotivismo y la ideologías, las relaciones con los poderes públicos, junto con las&nbsp;Líneas pastorales de la CEE&nbsp;para el cuatrienio 2026-2030. </p>



<p>Añade también las palabras del nuncio apostólico,&nbsp;<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mons-piero-pioppo-nuevo-nuncio-apostolico-en-espana/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Mons. Piero Pioppo</strong></a>, que&nbsp;dirigió su&nbsp;primer saludo a la Plenaria&nbsp;tras su llegada a España en septiembre de 2025. Aludiendo al viaje apostólico de León XIV del 6 al 12 de junio dijo que «la presencia del Papa, su palabra como sucesor de Pedro, viene a confirmar en la fe y ayudar en su misión a este episcopado, que se esfuerza por impregnar de Evangelio la sociedad en la presente etapa.&nbsp;</p>



<p>La revista digital&nbsp;<strong><em>Selecciones</em></strong>&nbsp;de la Comisión episcopal para las Comunicaciones sociales, en<strong>&nbsp;formato epub</strong>&nbsp;para su&nbsp;<strong>lectura en tablets, móviles y libros electrónicos</strong>, y en edición pdf, recoge en su último número otros <strong>asuntos de la actualidad</strong> que previamente se ha publicado <strong>en otros medios de comunicación especializados y de prestigio</strong>.</p>



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		<title>«Escuchar con los oídos del corazón»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 11:27:50 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA 56 JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES Queridos hermanos y hermanas: El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar [&#8230;]</p>
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<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA 56 JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<p></p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar la atención sobre otro verbo, “escuchar”, decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.</p>



<p>En efecto, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil. Al mismo tiempo, la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de&nbsp;<em>podcast</em>&nbsp;y&nbsp;<em>chat</em>&nbsp;<em>audio</em>, lo que confirma que escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana.</p>



<p>A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma, le preguntaron cuál era la mayor necesidad de los seres humanos. Respondió: “El deseo ilimitado de ser escuchados”. Es un deseo que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político.</p>



<p><em>Escuchar con los oídos del corazón</em></p>



<p>En las páginas bíblicas aprendemos que la escucha no sólo posee el significado de una percepción acústica, sino que está esencialmente ligada a la relación dialógica entre Dios y la humanidad. «<em>Shema’ Israel &#8211;&nbsp;</em>Escucha, Israel» (<em>Dt</em>&nbsp;6,4), el íncipit del primer mandamiento de la Torah se propone continuamente en la Biblia, hasta tal punto que san Pablo afirma que «la fe proviene de la escucha» (<em>Rm</em>&nbsp;10,17). Efectivamente, la iniciativa es de Dios que nos habla, y nosotros respondemos escuchándolo; pero también esta escucha, en el fondo, proviene de su gracia, como sucede al recién nacido que responde a la mirada y a la voz de la mamá y del papá. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre.</p>



<p>La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. Es aquella acción que permite a Dios revelarse como Aquel que, hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor. Dios ama al hombre: por eso le dirige la Palabra, por eso “inclina el oído” para escucharlo.</p>



<p>El hombre, por el contrario, tiende a huir de la relación, a volver la espalda y “cerrar los oídos” para no tener que escuchar. El negarse a escuchar termina a menudo por convertirse en agresividad hacia el otro, como les sucedió a los oyentes del diácono Esteban, quienes, tapándose los oídos, se lanzaron todos juntos contra él (cf.&nbsp;<em>Hch</em>&nbsp;7,57).</p>



<p>Así, por una parte está Dios, que siempre se revela comunicándose gratuitamente; y por la otra, el hombre, a quien se le pide que se ponga a la escucha. El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que pueda llegar a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor.</p>



<p>Por eso Jesús pide a sus discípulos que verifiquen la calidad de su escucha: «Presten atención a&nbsp;<em>la forma</em>&nbsp;en que escuchan» (<em>Lc</em>&nbsp;8,18); los exhorta de ese modo después de haberles contado la parábola del sembrador, dejando entender que no basta escuchar, sino que hay que hacerlo bien. Sólo da frutos de vida y de salvación quien acoge la Palabra con el corazón “bien dispuesto y bueno” y la custodia fielmente (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;8,15). Sólo prestando atención&nbsp;<em>a quién</em>&nbsp;escuchamos,&nbsp;<em>qué</em>&nbsp;escuchamos y&nbsp;<em>cómo</em>&nbsp;escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la «capacidad del corazón que hace posible la proximidad» (Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_acompa%C3%B1amiento_personal_de_los_procesos_de_crecimiento">Evangelii gaudium</a></em>, 171).</p>



<p>Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso quien tiene un oído perfecto no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón. El rey Salomón, a pesar de ser muy joven, demostró sabiduría porque pidió al Señor que le concediera «un corazón capaz de escuchar» (&nbsp;<em>1 Re</em>&nbsp;3,9). Y san Agustín invitaba a escuchar con el corazón (&nbsp;<em>corde audire</em>), a acoger las palabras no exteriormente en los oídos, sino espiritualmente en el corazón: «No tengan el corazón en los oídos, sino los oídos en el corazón»&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn1">[1]</a>.&nbsp;Y san Francisco de Asís exhortaba a sus hermanos a «inclinar el oído del corazón»&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn2">[2]</a>.</p>



<p>La primera escucha que hay que redescubrir cuando se busca una comunicación verdadera es la escucha de sí mismo, de las propias exigencias más verdaderas, aquellas que están inscritas en lo íntimo de toda persona. Y no podemos sino escuchar lo que nos hace únicos en la creación: el deseo de estar en relación con los otros y con el Otro. No estamos hechos para vivir como átomos, sino juntos.</p>



<p><em>La escucha como condición de la buena comunicación</em></p>



<p>Existe un uso del oído que no es verdadera escucha, sino lo contrario: el escuchar a escondidas. De hecho, una tentación siempre presente y que hoy, en el tiempo de las redes sociales, parece haberse agudizado, es la de escuchar a escondidas y espiar, instrumentalizando a los demás para nuestro interés. Por el contrario, lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante, cara a cara, la escucha del otro a quien nos acercamos con apertura leal, confiada y honesta.</p>



<p>Lamentablemente, la falta de escucha, que experimentamos muchas veces en la vida cotidiana, es evidente también en la vida pública, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos. Esto es síntoma de que, más que la verdad y el bien, se busca el consenso; más que a la escucha, se está atento a la audiencia. La buena comunicación, en cambio, no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad. Es triste cuando, también en la Iglesia, se forman bandos ideológicos, la escucha desaparece y su lugar lo ocupan contraposiciones estériles.</p>



<p>En realidad, en muchos de nuestros diálogos no nos comunicamos en absoluto. Estamos simplemente esperando que el otro termine de hablar para imponer nuestro punto de vista. En estas situaciones, como señala el filósofo Abraham Kaplan&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn3">[3]</a>,&nbsp;el diálogo es un “duálogo”, un monólogo a dos voces. En la verdadera comunicación, en cambio, tanto el&nbsp;<em>tú</em>&nbsp;como el&nbsp;<em>yo</em>&nbsp;están “en salida”, tienden el uno hacia el otro.</p>



<p>Escuchar es, por tanto, el primer e indispensable ingrediente del diálogo y de la buena comunicación. No se comunica si antes no se ha escuchado, y no se hace buen periodismo sin la capacidad de escuchar. Para ofrecer una información sólida, equilibrada y completa es necesario haber escuchado durante largo tiempo. Para contar un evento o describir una realidad en un reportaje es esencial haber sabido escuchar, dispuestos también a cambiar de idea, a modificar las propias hipótesis de partida.</p>



<p>En efecto, solamente si se sale del monólogo se puede llegar a esa concordancia de voces que es garantía de una verdadera comunicación. Escuchar diversas fuentes, “no conformarnos con lo primero que encontramos” —como enseñan los profesionales expertos— asegura fiabilidad y seriedad a las informaciones que transmitimos. Escuchar más voces, escucharse mutuamente, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en medio de una sinfonía de voces.</p>



<p>Pero, ¿por qué afrontar el esfuerzo que requiere la escucha? Un gran diplomático de la Santa Sede, el cardenal Agostino Casaroli, hablaba del “martirio de la paciencia”, necesario para escuchar y hacerse escuchar en las negociaciones con los interlocutores más difíciles, con el fin de obtener el mayor bien posible en condiciones de limitación de la libertad. Pero también en situaciones menos difíciles, la escucha requiere siempre la virtud de la paciencia, junto con la capacidad de dejarse sorprender por la verdad — aunque sea tan sólo un fragmento de la verdad— de la persona que estamos escuchando. Sólo el asombro permite el conocimiento. Me refiero a la curiosidad infinita del niño que mira el mundo que lo rodea con los ojos muy abiertos. Escuchar con esta disposición de ánimo —el asombro del niño con la consciencia de un adulto— es un enriquecimiento, porque siempre habrá alguna cosa, aunque sea mínima, que puedo aprender del otro y aplicar a mi vida.</p>



<p>La capacidad de escuchar a la sociedad es sumamente preciosa en este tiempo herido por la larga pandemia. Mucha desconfianza acumulada precedentemente hacia la “información oficial” ha causado una “infodemia”, dentro de la cual es cada vez más difícil hacer creíble y transparente el mundo de la información. Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social acrecentado por la disminución o el cese de muchas actividades económicas.</p>



<p>También la realidad de las migraciones forzadas es un problema complejo, y nadie tiene la receta lista para resolverlo. Repito que, para vencer los prejuicios sobre los migrantes y ablandar la dureza de nuestros corazones, sería necesario tratar de escuchar sus historias, dar un nombre y una historia a cada uno de ellos. Muchos buenos periodistas ya lo hacen. Y muchos otros lo harían si pudieran. ¡Alentémoslos! ¡Escuchemos estas historias! Después, cada uno será libre de sostener las políticas migratorias que considere más adecuadas para su país. Pero, en cualquier caso, ante nuestros ojos ya no tendremos números o invasores peligrosos, sino rostros e historias de personas concretas, miradas, esperanzas, sufrimientos de hombres y mujeres que hay que escuchar.</p>



<p><em>Escucharse en la Iglesia</em></p>



<p>También en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros. Nosotros los cristianos olvidamos que el servicio de la escucha nos ha sido confiado por Aquel que es el oyente por excelencia, a cuya obra estamos llamados a participar. «Debemos escuchar con los oídos de Dios para poder hablar con la palabra de Dios»&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn4">[4]</a>.&nbsp;El teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer nos recuerda de este modo que el primer servicio que se debe prestar a los demás en la comunión consiste en escucharlos. Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn5">[5]</a>.</p>



<p>En la acción pastoral, la obra más importante es “el apostolado del oído”. Escuchar antes de hablar, como exhorta el apóstol Santiago: «Cada uno debe estar pronto a escuchar, pero ser lento para hablar» (1,19). Dar gratuitamente un poco del propio tiempo para escuchar a las personas es el primer gesto de caridad.</p>



<p>Hace poco ha comenzado un proceso sinodal. Oremos para que sea una gran ocasión de escucha recíproca. La comunión no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas. Como en un coro, la unidad no requiere uniformidad, monotonía, sino pluralidad y variedad de voces, polifonía. Al mismo tiempo, cada voz del coro canta escuchando las otras voces y en relación a la armonía del conjunto. Esta armonía ha sido ideada por el compositor, pero su realización depende de la sinfonía de todas y cada una de las voces.</p>



<p>Conscientes de participar en una comunión que nos precede y nos incluye, podemos redescubrir una Iglesia sinfónica, en la que cada uno puede cantar con su propia voz acogiendo las de los demás como un don, para manifestar la armonía del conjunto que el Espíritu Santo compone.</p>



<p><em>Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2022, Memoria de san Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>



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<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;«Nolite habere cor in auribus, sed aures in corde» (&nbsp;<em>Sermo</em>&nbsp;380, 1:&nbsp;<em>Nuova Biblioteca Agostiniana</em>&nbsp;34, 568).</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;<em>Carta a toda la Orden</em>:&nbsp;<em>Fuentes Franciscanas,&nbsp;</em>216.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>The life of dialogue,&nbsp;</em>en J. D. Roslansky&nbsp;ed.,&nbsp;<em>Communication. A discussion at the Nobel Conference</em>, North-Holland Publishing Company – Amsterdam 1969, 89-108.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;D. Bonhoeffer,&nbsp;<em>Vida en comunidad</em>, Sígueme, Salamanca 2003, 92.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ibíd.</em>, 90-91.</p>
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