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	<title>comunicaciones archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
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	<title>comunicaciones archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
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		<title>Mensaje de los obispos para las XLVI Jornada de las Comunicaciones Sociales</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Mar 2022 08:06:42 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>“Silencio y Palabra: camino de evangelización” Comunicación al servicio de la Evangelización Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS) Presentación El Papa Benedicto XVI ha hecho público su mensaje “Silencio y Palabra: camino de Evangelización” para la Jornada Mundial de las Comunicaciones,&#160; que este año alcanza su 46ª [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>“Silencio y Palabra: camino de evangelización”</strong></p>



<p><strong><em>Comunicación al servicio de la Evangelización</em></strong></p>



<p>Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de</p>



<p>Medios de Comunicación Social (CEMCS)</p>



<p><em>Presentación</em></p>



<p>El Papa Benedicto XVI ha hecho público su mensaje “<em>Silencio y Palabra: camino de Evangelización” </em>para la Jornada Mundial de las Comunicaciones,&nbsp; que este año alcanza su 46ª edición desde que la estableciera su predecesor Pablo VI, en 1965 recogiendo el mandato del Decreto Conciliar Inter Mirifica “para mayor fortalecimiento del apostolado multiforme de la Iglesia sobre los medios de comunicación social” (IM, 18). El marco en el que se inscribe tradicionalmente esta Jornada Mundial es la Solemnidad de la Ascensión.</p>



<p><em>Mensaje del Papa: Palabra y silencio</em></p>



<p>El Santo Padre invita a la conveniente alternancia entre el silencio y la palabra para una comunicación que permita la comunión entre las personas. En el silencio se permite, por un lado, la escucha atenta de lo que el otro comunica y se expresa el respeto y el deseo de saber más de quien escucha. Al mismo tiempo, el silencio permite una reflexión y elaboración suficiente de los discursos y una articulación de las ideas para que puedan servir mejor a las personas con quienes uno se comunica. La palabra es el momento de la comunicación eficaz en sus diversas formas, escrita, hablada o transmitida por los diversos medios de comunicación.</p>



<p>Si como señala Benedicto XVI, en toda comunicación es importante la preparación por medio del silencio, lo es más todavía en la de quienes han hecho de la comunicación su modo de vida. Periodistas, profesores, comunicadores, sacerdotes, etc. necesitan del silencio, no sólo para preservar la calidad del mensaje que se disponen a transmitir, sino también para hacerse conscientes y responsables de una misión que consiste en acercar a oyentes y lectores la verdad conocida.</p>



<p><em>Misión de la comunicación y verdad</em></p>



<p>Esa responsabilidad aumenta si se tiene en cuenta que la comunicación humaniza al hombre, pues le hace destinatario del caudal de conocimiento y de verdad que se ha ido acumulando en la historia o que se sigue elaborando hoy mismo en otros lugares distantes. Como señaló Juan Pablo II, la comunicación debe “atestiguar la verdad sobre la vida, sobre la dignidad humana, sobre el verdadero sentido de nuestra libertad y mutua interdependencia” (<em>Mensaje para la XXXIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales&nbsp;</em>de 1999, n. 2).</p>



<p><em>Comunicar la verdad e incomunicar la mentira</em></p>



<p>Comunicar es esencialmente comunicar la verdad, salir al paso de las preguntas, dudas e inquietudes del hombre y ponerle en relación con aquello que necesita conocer. Como señala Benedicto XVI, “el hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo” (<em>Mensaje para la XLVI Jornada mundial de las comunicaciones sociales</em> de 2012). En la medida en que esa comunicación se realiza, el hombre queda humanizado. Todo contacto con la verdad sobre cualquier realidad da a conocer al hombre su lugar en la sociedad y su misión en la misma. Es precisamente la humanización de la sociedad uno de los fines de la comunicación y al mismo tiempo uno de los parámetros con los que se puede medir la calidad de la comunicación. Una sociedad conocedora de la verdad es una sociedad más libre, más justa y más humana.</p>



<p>En el otro extremo, la mentira, la transmisión del error, la duda, no producen comunicación sino más bien incomunicación y, con ella, deshumanización. Quienes transmiten la mentira, por dejadez, falta de rigor o de honestidad, traicionan la misión que les ha sido confiada de servir de puente de unión entre la verdad y los hombres de nuestro tiempo y provocan la deshumanización de la sociedad. Lo mismo ocurre cuando la comunicación busca sembrar la discordia, la insidia o la maledicencia. Entonces esa comunicación pierde su dignidad y contradice su dimensión humanizadora. Se puede decir que “la comunicación debe ser siempre veraz, puesto que la verdad es esencial a la libertad individual y a la comunión auténtica entre las personas” (<em>Ética en las Comunicaciones sociales, n. 20. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales</em>), y, por extensión, que el límite de la libertad de expresión es la mentira, la insidia o la asechanza.</p>



<p><em>Comunicar camino hacia Dios</em></p>



<p>Cuando se produce la comunicación, es decir cuando se transmite la verdad, la belleza o la bondad de la vida ordinaria se está mostrando al hombre el camino para ser auténticamente hombre y en última instancia, se dispone el corazón del ser humano al conocimiento de la Verdad, la Bondad y la Belleza que es Dios.</p>



<p>Por eso, la comunicación tiene su máxima expresión y cumple del mejor modo su dimensión humanizadora, en el anuncio de Jesucristo, camino, verdad y vida. En este plano más elevado de la comunicación se puede afirmar que la comunicación contribuye definitivamente a la evangelización.</p>



<p>Fue el Señor quien envió a los discípulos a proclamar la buena noticia del Evangelio: el mismo Cristo, hecho hombre, salvador del mundo. Las palabras del Resucitado, momentos antes de su ascensión al Cielo, “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 15, 15), suponen para todos los cristianos una misión ineludible, a la que habrá que incorporar todos los medios disponibles, desde los medios clásicos como la prensa, la radio o la televisión, a los nuevos ámbitos de comunicación originados a partir de internet y de las redes sociales.</p>



<p><em>Felicitación y aliento a los periodistas</em></p>



<p>En este contexto, queremos también felicitar a todos los comunicadores y profesionales de los diversos medios que han hecho de la verdad su trabajo habitual y agradecer el servicio que prestan a sus conciudadanos. De su compromiso personal y profesional depende en buena medida el progreso de una sociedad que necesita de la verdad para poder servir mejor a todos sus miembros.</p>



<p>A Aquél que es la Verdad, nuestro Señor Jesucristo, encomendamos esta Jornada Mundial de las Comunicaciones Social pidiendo que nos sirva para reconocer y estimular el cumplimiento de esta misión, a la vez que invocamos de corazón su ayuda y bendición para todos los profesionales de la comunicación.</p>
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		<title>«Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza»</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 08:36:08 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIPARA LA XXXVIII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES [DOMINGO 23 DE MAYO DE DE 2004] Tema:&#160;«Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza» Queridos hermanos y hermanas: 1. El extraordinario crecimiento de los medios de comunicación social y su mayor disponibilidad han brindado oportunidades excepcionales para [&#8230;]</p>
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<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-zg32vfw" data-block-id="zg32vfw"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle"><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br>PARA LA XXXVIII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p></div>



<p><strong>[DOMINGO 23 DE MAYO DE DE 2004</strong>]</p>



<p><strong>Tema:&nbsp;<em>«Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza»</em></strong></p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>1. El extraordinario crecimiento de los medios de comunicación social y su mayor disponibilidad han brindado oportunidades excepcionales para enriquecer la vida no sólo de los individuos, sino también de las familias. Al mismo tiempo, las familias afrontan hoy nuevos desafíos, que brotan de los diversos mensajes, a menudo contradictorios, que transmiten los medios de comunicación social. El tema elegido para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 2004, es decir, «Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza», es muy oportuno, puesto que invita a una sobria reflexión sobre el uso que hacen las familias de los medios de comunicación, y también sobre el modo en que los medios de comunicación tratan a la familia y las cuestiones que afectan a la familia.</p>



<p>El tema de este año sirve, además, para recordar a todos, tanto a los agentes de la comunicación como a las personas a las que se dirigen, que toda comunicación tiene una dimensión moral. Como dijo el Señor mismo, de la abundancia del corazón habla la boca (cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;12, 34-35). La estatura moral de las personas crece o disminuye según las palabras que pronuncian y los mensajes que eligen oír. En consecuencia, los agentes de la comunicación, los padres y los educadores, tienen especial necesidad de sabiduría y discernimiento en el uso de los medios de comunicación social, pues sus decisiones influyen en gran medida en los niños y en los jóvenes de los que son responsables y que, en definitiva, son el futuro de la sociedad.</p>



<p>2. Gracias a la expansión sin precedentes del mercado de las comunicaciones sociales en las últimas décadas, muchas familias en todo el mundo, incluso las que disponen de medios más bien modestos, ahora tienen acceso desde su casa a los inmensos y variados recursos de los medios de comunicación social. En consecuencia, gozan de oportunidades prácticamente ilimitadas de información, educación, enriquecimiento cultural e incluso crecimiento espiritual, oportunidades muy superiores a las que tenían en el pasado reciente la mayoría de las familias.</p>



<p>Con todo, estos mismos medios de comunicación tienen la capacidad de producir gran daño a las familias, presentándoles una visión inadecuada o incluso deformada de la vida, de la familia, de la religión y de la moralidad. El concilio Vaticano II captó muy bien esta capacidad de fortalecer o minar valores tradicionales como la religión, la cultura y la familia; por eso, enseñó que «para el recto uso de estos medios es absolutamente necesario que todos los que los utilizan conozcan las normas del orden moral en este campo y las lleven fielmente a la práctica» (<em><a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19631204_inter-mirifica_sp.html">Inter mirifica</a></em>, 4). La comunicación, en todas sus formas, debe inspirarse siempre en el criterio ético del respeto a la verdad y a la dignidad de la persona humana.</p>



<p>3. Estas consideraciones se aplican especialmente al modo como los medios de comunicación tratan a la familia. Por una parte, el matrimonio y la vida familiar se presentan a menudo de un modo sensible, realista pero también benévolo, que exalta virtudes como el amor, la fidelidad, el perdón y la entrega generosa a los demás. Esto vale también para los programas de los medios de comunicación social que reconocen los fracasos y las decepciones que sufren inevitablemente los matrimonios y las familia —tensiones, conflictos, contrariedades, decisiones equivocadas y hechos dolorosos—, pero al mismo tiempo se esfuerzan por discernir lo correcto de lo incorrecto, distinguir el amor auténtico de sus falsificaciones, y mostrar la importancia insustituible de la familia como unidad fundamental de la sociedad.</p>



<p>Por otra parte, con demasiada frecuencia los medios de comunicación presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado. La infidelidad, la actividad sexual fuera del matrimonio y la ausencia de una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan de modo acrítico, y a veces, al mismo tiempo, apoyan el divorcio, la anticoncepción, el aborto y la homosexualidad. Esas presentaciones, al promover causas contrarias al matrimonio y a la familia, perjudican al bien común de la sociedad.</p>



<p>4. Una reflexión atenta sobre la dimensión ética de las comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a eliminar los peligros para el bienestar de la familia planteados por los medios de comunicación social, y asegurar que esos poderosos medios de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de enriquecimiento. A este respecto, tienen una responsabilidad especial los agentes de la comunicación, las autoridades públicas y los padres.</p>



<p>El Papa Pablo VI subrayó que los agentes de la comunicación «deben conocer y respetar las exigencias de la familia. Esto supone en ellos a veces una gran valentía y siempre un hondo sentido de responsabilidad» (<em><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/messages/communications/documents/hf_p-vi_mes_19690407_iii-com-day.html">Mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1969</a></em>: L&#8217;Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de mayo de 1969, p. 2). No es tan fácil resistir a las presiones comerciales o a las exigencias de adecuarse a las ideologías seculares, pero eso es precisamente lo que los agentes de la comunicación responsables deben hacer. Es mucho lo que está en juego, pues cualquier ataque al valor fundamental de la familia es un ataque al bien auténtico de la humanidad.</p>



<p>Las autoridades públicas tienen el grave deber de apoyar el matrimonio y la familia en beneficio de la sociedad misma. En cambio, muchos ahora aceptan y actúan basándose en argumentos libertarios infundados de algunos grupos que defienden prácticas que contribuyen al grave fenómeno de la crisis de la familia y al debilitamiento del concepto auténtico de familia. Sin recurrir a la censura, es necesario que las autoridades públicas pongan en práctica políticas y procedimientos de reglamentación para asegurar que los medios de comunicación social no actúen contra el bien de la familia. Los representantes de las familias deben participar en la elaboración de esas políticas.</p>



<p>Los que elaboran las políticas en los medios de comunicación y en el sector público deben favorecer también una distribución equitativa de los recursos de los medios de comunicación tanto a nivel nacional como internacional, respetando la integridad de las culturas tradicionales. Los medios de comunicación no deben dar la impresión de que tienen un programa hostil a los sanos valores familiares de las culturas tradicionales, o de que buscan sustituir esos valores, como parte de un proceso de globalización, con los valores secularizados de la sociedad consumista.</p>



<p>5. Los padres, como primeros y principales educadores de sus hijos, son también los primeros en explicarles cómo usar los medios de comunicación. Están llamados a formar a sus hijos «en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios» en el hogar (<em><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html">Familiaris consortio</a></em>, 76). Cuando los padres lo hacen bien y con continuidad, la vida familiar se enriquece mucho. Incluso a los niños pequeños se les pueden dar importantes explicaciones sobre los medios de comunicación social: que son producidos por personas interesadas en transmitir mensajes; que esos mensajes a menudo inducen a hacer algo —a comprar un producto, a tener una conducta discutible— que no beneficia al niño o no corresponde a la verdad moral; que los niños no deben aceptar o imitar de modo acrítico lo que encuentran en los medios de comunicación social.</p>



<p>Los padres también deben reglamentar el uso de los medios de comunicación en el hogar. Esto implica planificar y programar el uso de dichos medios, limitando estrictamente el tiempo que los niños les dedican, haciendo del entretenimiento una experiencia familiar, prohibiendo algunos medios de comunicación y excluyéndolos periódicamente todos para dejar espacio a otras actividades familiares. Sobre todo, los padres deben dar buen ejemplo a los niños, haciendo un uso ponderado y selectivo de dichos medios. A menudo les podría resultar útil unirse a otras familias para estudiar y discutir los problemas y las oportunidades que plantea el uso de los medios de comunicación. Las familias deberían manifestar claramente a los productores, a los que hacen publicidad y a las autoridades públicas lo que les agrada y lo que les desagrada.</p>



<p>6. Los medios de comunicación social poseen un inmenso potencial positivo para promover sanos valores humanos y familiares, contribuyendo así a la renovación de la sociedad. Conscientes de su gran fuerza para modelar las ideas e influir en la conducta de las personas, los agentes de la comunicación social deben reconocer que no sólo tienen la responsabilidad de brindar a las familias todo el estímulo, la ayuda y el apoyo que les sea posible con vistas a ese fin, sino también de practicar la sabiduría, el buen juicio y la honradez al presentar las cuestiones que atañen a la sexualidad, al matrimonio y a la vida familiar.</p>



<p>Los medios de comunicación cada día son acogidos como huéspedes habituales en muchos hogares y familias. En esta Jornada mundial de las comunicaciones sociales, exhorto tanto a los agentes de la comunicación como a las familias a reconocer este privilegio único, así como la responsabilidad que implica. Ojalá que todos los que están comprometidos en el ámbito de las comunicaciones sociales sean conscientes de que son los auténticos «dispensadores y administradores de un inmenso poder espiritual que pertenece al patrimonio de la humanidad y está destinado al enriquecimiento de toda la comunidad humana» (<em>Discurso a las personas comprometidas en el campo de las comunicaciones sociales</em>, Los Ángeles, 15 de septiembre de 1987, n. 8:&nbsp;<em>L&#8217;Osservatore Romano</em>, edición en lengua española, 18 de octubre de 1987, p. 14). Y ojalá que las familias logren encontrar siempre en los medios de comunicación una fuente de apoyo, estímulo e inspiración al tratar de vivir como comunidades de vida y amor, educar a los jóvenes en los sanos valores morales y promover una cultura de solidaridad, libertad y paz.</p>



<p><em>Desde el Vaticano, 24 de enero de 2004, Fiesta de San Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>JUAN PABLO II</strong></p>
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		<title>«Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 08:24:50 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIPARA LA XXXVI JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES [DOMINGO 12 DE MAYO DE 2002] Tema:&#160;«Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio» Queridos hermanos y hermanas: 1. La Iglesia prosigue en todas las épocas la tarea comenzada el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles, con el poder [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br>PARA LA XXXVI JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<p><strong>[DOMINGO 12 DE MAYO DE 2002</strong>]</p>



<p><strong>Tema:&nbsp;<em>«Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio»</em></strong></p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>1. La Iglesia prosigue en todas las épocas la tarea comenzada el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles, con el poder del Espíritu Santo, salieron a las calles de Jerusalén a anunciar el Evangelio de Jesucristo en diversas lenguas (cf.&nbsp;<em>Hch</em>&nbsp;2, 5-11). A lo largo de los siglos sucesivos, esta misión evangelizadora se extendió a todos los rincones de la tierra, a medida que el cristianismo&nbsp;arraigaba en muchos lugares y aprendía a hablar las diferentes lenguas del mundo, obedeciendo siempre al mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todas las naciones (cf.&nbsp;<em>Mt</em>&nbsp;28,&nbsp;19-20).</p>



<p>Pero la historia de la evangelización no es sólo una cuestión de expansión geográfica, ya que la Iglesia también ha tenido que cruzar muchos umbrales culturales, cada uno de los cuales requiere nuevas energías e imaginación para proclamar el único Evangelio de Jesucristo. La era de los grandes descubrimientos, el Renacimiento y la invención de la imprenta, la Revolución industrial y el nacimiento del mundo moderno: estos fueron también momentos críticos, que exigieron nuevas formas de evangelización. Ahora, con la revolución de las comunicaciones y la información en plena transformación, la Iglesia se encuentra indudablemente ante otro camino decisivo. Por tanto, es conveniente que en esta Jornada mundial de las comunicaciones de 2002 reflexionemos en el tema: «Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio».</p>



<p>2. Internet es ciertamente un nuevo «foro», entendido en el antiguo sentido romano de lugar público donde se trataba de política y negocios, se cumplían los deberes religiosos, se desarrollaba gran parte de la vida social de la ciudad, y se manifestaba lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Era un lugar de la ciudad muy concurrido y animado, que no sólo reflejaba la cultura del ambiente, sino que también creaba una cultura propia. Esto mismo sucede con el ciberespacio, que es, por decirlo así, una nueva frontera que se abre al inicio de este nuevo milenio. Como en las nuevas fronteras de otros tiempos, ésta entraña también peligros y promesas,&nbsp;con el mismo sentido de aventura que caracterizó otros grandes períodos de cambio. Para la Iglesia, el nuevo mundo del ciberespacio es una llamada a la gran aventura de usar su potencial para proclamar el mensaje evangélico. Este desafío está en el centro de lo que significa, al comienzo del milenio, seguir el mandato del Señor de «remar mar adentro»:&nbsp;<em>«Duc in altum»&nbsp;</em>(<em>Lc</em>&nbsp;5, 4).&nbsp;</p>



<p>3. La Iglesia&nbsp;afronta este nuevo medio con realismo y confianza. Como otros medios de comunicación, se trata de un medio, no de un fin en sí mismo. Internet puede ofrecer magníficas oportunidades para la evangelización si se usa con competencia y con una clara conciencia de sus fuerzas y sus debilidades. Sobre todo, al proporcionar información y suscitar interés, hace posible un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los jóvenes, que se dirigen cada vez más al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo. Por esta razón, es importante&nbsp;que las comunidades cristianas piensen en medios muy prácticos de ayudar a los que se ponen en contacto por primera vez a través de Internet, para pasar del mundo virtual del ciberespacio al mundo real de la comunidad cristiana.&nbsp;</p>



<p>En una etapa posterior, Internet también puede facilitar el tipo de seguimiento que requiere la evangelización. Especialmente en una cultura que carece de bases firmes, la vida cristiana requiere una instrucción y una catequesis continuas, y esta es tal vez el área en que Internet puede brindar una excelente ayuda. Ya existen en la red innumerables fuentes de información, documentación y educación sobre la Iglesia, su historia y su tradición, su doctrina y su compromiso en todos los campos en todas las partes del mundo. Por tanto,&nbsp;es evidente que aunque Internet no puede suplir nunca la profunda experiencia de Dios que sólo puede brindar la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia, sí puede proporcionar un suplemento y un apoyo únicos para preparar el encuentro con Cristo en la comunidad y sostener a los nuevos creyentes en el camino de fe que comienza entonces.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>4. Sin embargo, hay ciertas cuestiones necesarias, incluso obvias, que se plantean al usar Internet para la causa de la evangelización. De hecho, la esencia de Internet consiste en suministrar un flujo casi continuo de información, gran parte de la cual pasa en un momento. En una cultura que se alimenta de lo efímero puede existir fácilmente&nbsp;el riesgo de considerar&nbsp;que lo que importa son los datos, más que los valores. Internet ofrece amplios conocimientos, pero no enseña valores; y cuando se descuidan los valores, se degrada nuestra misma humanidad, y el hombre con facilidad pierde de vista su dignidad trascendente. A pesar de su enorme potencial benéfico, ya resultan evidentes para todos algunos modos degradantes y perjudiciales de usar Internet, y las autoridades públicas tienen seguramente la responsabilidad de garantizar que este maravilloso instrumento contribuya al bien común y no se convierta en una fuente de daño.&nbsp;</p>



<p>Además, Internet redefine radicalmente la relación psicológica de la persona con el tiempo y el espacio. La atención se concentra en lo que es tangible, útil e inmediatamente asequible;&nbsp;puede faltar el estímulo a profundizar más el pensamiento y la reflexión. Pero los seres humanos tienen necesidad&nbsp;vital de tiempo y serenidad interior para ponderar y examinar la vida y sus misterios, y para llegar gradualmente a un dominio&nbsp;maduro de sí mismos y del mundo que los rodea. El entendimiento y la sabiduría son&nbsp;fruto de una mirada contemplativa sobre el mundo, y no derivan de una mera acumulación de datos, por interesantes que sean. Son el resultado de una visión que penetra el significado más profundo de las cosas en su relación recíproca y con la totalidad de la realidad. Además, como foro en el que prácticamente&nbsp;todo se acepta y casi nada perdura, Internet favorece un medio relativista de pensar y a veces fomenta la evasión de la responsabilidad y del compromiso personales.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>En este contexto, ¿cómo hemos de cultivar la sabiduría que no viene precisamente de la información, sino de la visión profunda, la sabiduría que comprende la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, y sostiene la escala de valores que surge de esta diferencia?&nbsp;</p>



<p>5. El hecho de que a través de Internet la gente multiplique sus contactos de modos hasta ahora impensables abre maravillosas posibilidades de difundir el Evangelio. Pero también es verdad que las relaciones establecidas mediante la electrónica jamás pueden tomar el lugar de los contactos humanos directos, necesarios para una auténtica evangelización, pues la evangelización&nbsp;depende siempre del testimonio personal del que ha sido enviado a evangelizar (cf.&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;10, 14-15). ¿Cómo guía la Iglesia, desde el tipo de contacto que permite Internet, a la comunicación más profunda que exige el anuncio cristiano? ¿Cómo entablamos el primer contacto y el intercambio de información que permite Internet?&nbsp;</p>



<p>No cabe duda de que&nbsp;la revolución electrónica entraña la promesa de grandes y positivos avances con vistas al desarrollo mundial; pero existe también la posibilidad de que agrave efectivamente las desigualdades existentes al ensanchar la brecha de la información y las comunicaciones. ¿Cómo podemos asegurar que la revolución de la información y las comunicaciones, que tiene en Internet&nbsp;su primer motor, promueva la globalización del desarrollo y de la solidaridad del hombre, objetivos vinculados íntimamente con la misión evangelizadora de la Iglesia?&nbsp;</p>



<p>Por último, en estos tiempos tan agitados, permitidme preguntar: ¿cómo podemos garantizar que este magnífico instrumento, concebido primero en el ámbito de operaciones militares, contribuya ahora a la causa de la paz? ¿Puede fomentar la cultura del diálogo, de la participación, de la solidaridad y de la reconciliación, sin la cual la paz no puede florecer? La Iglesia cree que sí; y para lograr que esto suceda, está decidida a entrar en este nuevo foro, armada con el Evangelio de Cristo, el Príncipe de la paz.&nbsp;</p>



<p>6. Internet produce un número incalculable de imágenes que aparecen en millones de pantallas de ordenadores en todo el planeta. En esta galaxia de imágenes y sonidos, ¿aparecerá el rostro de Cristo y se oirá su voz? Porque sólo cuando se vea su rostro y se oiga su voz el mundo conocerá la buena nueva de nuestra redención. Esta es la finalidad de la evangelización.&nbsp;Y esto es lo que convertirá Internet en un espacio auténticamente humano, puesto que si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre. Por tanto, en esta Jornada mundial de las comunicaciones, quiero exhortar a toda la Iglesia a cruzar intrépidamente este nuevo umbral, para entrar en lo más profundo de la red, de modo que ahora, como en el pasado, el gran compromiso del Evangelio y la cultura muestre al mundo «la gloria de Dios que está en la faz de Cristo» (<em>2 Co</em>&nbsp;4, 6). Que el Señor bendiga a todos lo que trabajan con este propósito.&nbsp;</p>



<p><em>Vaticano, 24 de enero de 2002, fiesta de San Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>JOANNES PAULUS II</strong></p>
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