<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Dios archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
	<atom:link href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tag/dios/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tag/dios/</link>
	<description>C.E. para las Comunicaciones Sociales</description>
	<lastBuildDate>Fri, 27 Feb 2026 08:19:24 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.1</generator>

<image>
	<url>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/05/cropped-LOGOpng-1-1-32x32.png</url>
	<title>Dios archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
	<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tag/dios/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>¡Atreverse a la paz!, la portada con León XIV de Selecciones</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/atreverse-a-la-paz-la-portada-con-leon-xiv-de-selecciones/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=atreverse-a-la-paz-la-portada-con-leon-xiv-de-selecciones</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 29 Jan 2026 11:32:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Selecciones]]></category>
		<category><![CDATA[desesperación]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[epidemia]]></category>
		<category><![CDATA[fiolosofía]]></category>
		<category><![CDATA[León XIV]]></category>
		<category><![CDATA[liberal]]></category>
		<category><![CDATA[multilateralismo]]></category>
		<category><![CDATA[Papa]]></category>
		<category><![CDATA[religión]]></category>
		<category><![CDATA[sobreprotección]]></category>
		<category><![CDATA[tendencias]]></category>
		<category><![CDATA[Trump]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=401533</guid>

					<description><![CDATA[<p>«La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante” ha sido el reclamo del papa León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, con la que la Iglesia recibe el primer día del año. En este mes de enero la revista digital Selecciones lleva al pontífice a su [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/atreverse-a-la-paz-la-portada-con-leon-xiv-de-selecciones/">¡Atreverse a la paz!, la portada con León XIV de Selecciones</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>«<em><strong>La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”</strong></em> ha sido el reclamo del <a href="https://x.com/Pontifex_es" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>papa León XIV</strong></a> en su mensaje para la <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-papa-jornada-mundial-paz-2026/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Jornada Mundial de la Paz,</a> con la que la Iglesia recibe el primer día del año. En este mes de enero la revista digital <strong><em>Selecciones </em></strong>lleva al pontífice a su portada, a quien nuestro país espera en visita apostólica en 2026.</p>



<p>Para acceder conocer todos los artículos que recopila <em><strong>Selecciones</strong></em> se puede clicar estos enlaces de&nbsp;<a href="http://t.me/+sWnu59iBtm40ODA0" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Telegram</strong></a>&nbsp;y de&nbsp;<a href="https://chat.whatsapp.com/Bh8CpqbQdOQGBvGQQICbyH" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Whatsapp</strong></a>. En esta publicación de periodicidad mensual, que puede también leerse en <strong><a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/2601-Selecciones-Enero.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">versión .pdf</a></strong> y descargar en <a href="https://conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/2601-selecciones-enero.epub"><strong>formato epub</strong></a>, la <strong>Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</strong> (CECS) reúne asuntos diversos que pueden ser de interés para tomar el pulso de la actualidad en este tiempo.</p>



<div class="wp-block-stackable-columns stk-block-columns stk-block stk-4aabdd3" data-block-id="4aabdd3"><div class="stk-row stk-inner-blocks stk-block-content stk-content-align stk-4aabdd3-column">
<div class="wp-block-stackable-column stk-block-column stk-column stk-block stk-f3a7a38" data-v="4" data-block-id="f3a7a38"><div class="stk-column-wrapper stk-block-column__content stk-container stk-f3a7a38-container stk--no-background stk--no-padding"><div class="stk-block-content stk-inner-blocks stk-f3a7a38-inner-blocks">
<div class="wp-block-buttons is-layout-flex wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/2601-selecciones-enero.epub" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Descargar Selecciones en EPUB</strong></a></div>
</div>
</div></div></div>



<div class="wp-block-stackable-column stk-block-column stk-column stk-block stk-4bcb0fa" data-v="4" data-block-id="4bcb0fa"><div class="stk-column-wrapper stk-block-column__content stk-container stk-4bcb0fa-container stk--no-background stk--no-padding"><div class="stk-block-content stk-inner-blocks stk-4bcb0fa-inner-blocks">
<div class="wp-block-buttons is-layout-flex wp-block-buttons-is-layout-flex">
<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link wp-element-button" href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/2601-Selecciones-Enero.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Descargar Selecciones en PDF</strong></a></div>
</div>
</div></div></div>
</div></div>



<h2 class="wp-block-heading">Selecciones refleja un cambio de época</h2>



<p>El <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">papa Francisco</a> ya alertó que no asistíamos en nuestros días a una época de cambios, sino a un cambio de época. A la vista de las circunstancias, sin duda el mundo anda revuelto y el orden global conocido hasta ahora se desestabiliza. El artículo titulado <strong><em>El multilateralismo fracasó antes de la itnervención de Trump en Venezuela</em></strong> viene a señalarlo. Y hasta hay quienes apuntan que se ha recuperado la diplomacia del cañonazo, y que la coerción se ha impuesto a la confianza. Está dicho en <strong>Arranca la era del poder duro</strong>, que señala la llegada de una política económica basada en la seguridad material.</p>



<p>La realidad es que ésta se venía desmantelando desde hace casi dos décadas. Una convicción que se encuentra en la lectura de <strong><em>No es el fin del orden liberal: es el regreso brutal de la realpolitik.</em></strong> Con la advertencia añadida de que, en una diatriba con Estados Unidos, sean los propios europeos quienes se garanticen su seguridad, que se concluye al finalizar el texto <strong><em>Descolonizar Europa: romper el tabú atlantista.</em></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Desesperación y sobreprotección, entornos humanos</h2>



<p>Los suicidios, las enfermedades relacionadas con el alcoholismo y las sobredosis no dejan de ser síntomas de una profunda infelicidad. Realidades que se vinculan a destrucción del empleo entre la clase trabajadora a consecuencia de la globalización en el artículo <strong><em>Epidemia de desesperación</em></strong>, donde se menciona las consecuencias para la autoestima y el orgullo de las personas que no encuentran trabajo.</p>



<p>De ahí que una formación que facilite insertarse en la sociedad siempre es conveniente. Pero resultará difícil impartirla sin tener antes una visión coherente del hombre. Lo denuncia <strong>Gregorio Luri </strong>al afirmar como titular de su entrevista : <strong><em>«Sobreproteger es una forma de maltrato»</em></strong>. Para el filósofo y escritor un error de nuestros días es en la formación de la persona es partir de una pedagogía sin antropología.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Sed de Dios y un llamamiento a la paz</h2>



<p>En la revista <strong><em>Selecciones</em></strong> se propone echar un vistazo a <strong><em>Las tendencias que atravesarán 2026</em></strong> y se sugieren <em><strong>1</strong></em><strong><em>5 lecturas rescatas</em></strong>. A la vez, en <strong><em>Sed de Dios</em></strong> se habla de una invitación a todos los políticos que quieran tomarse en serio la construcción de una sociedad en paz y sostenible a tener presente esa búsqueda tan humana de un Dios que es Amor. También se habla de la forma de ver el mundo y el sentido que damos a nuestra vida en <strong><em>«Los domingos» y la filosofía: ¿cómo afrontar la religión creamos o no en ella?</em></strong></p>



<p>Se recoge en el índice de <em style="font-weight: bold;">Selecciones </em>el artículo <strong><em>León XIV y el momento agustiniano</em></strong>, trabajo que repasa el encuentro del pontífice con el cuerpo diplomático donde expuso su visión del papel de la Iglesia frente a los nuevos imperios depredadores. Luego, con motivo del primer consistorio extraordinario del nuevo papa, para saber de su habilidad para manejar los tiempos, sin prisa pero sin pausa, se invita conocer el artículo <strong><em>Escuchar, conversar y luego programar</em></strong>.</p>



<p>La revista digital&nbsp;<strong><em>Selecciones</em></strong>&nbsp;de la Comisión episcopal para las Comunicaciones sociales, en<strong>&nbsp;formato epub</strong>&nbsp;para su&nbsp;<strong>lectura en tablets, móviles y libros electrónicos</strong>, recoge en su último número otros asuntos de la actualidad que previamente se ha publicado en otros medios de comunicación especializados y de prestigio.</p>



<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-s1gf46h" id="selecciones-en-pdf" data-block-id="s1gf46h"><h2 class="stk-block-heading__text">Selecciones en pdf</h2></div>



<div data-wp-interactive="core/file" class="wp-block-file"><object data-wp-bind--hidden="!state.hasPdfPreview" hidden class="wp-block-file__embed" data="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/2601-Selecciones-Enero.pdf" type="application/pdf" style="width:100%;height:600px" aria-label="Incrustado de 2601 Selecciones Enero."></object><a id="wp-block-file--media-8a0e76ff-7516-47c5-b330-30eef7537762" href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/2601-Selecciones-Enero.pdf">2601 Selecciones Enero</a><a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2026/01/2601-Selecciones-Enero.pdf" class="wp-block-file__button wp-element-button" download aria-describedby="wp-block-file--media-8a0e76ff-7516-47c5-b330-30eef7537762">Descarga</a></div>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/atreverse-a-la-paz-la-portada-con-leon-xiv-de-selecciones/">¡Atreverse a la paz!, la portada con León XIV de Selecciones</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Documentos de interés</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/documentos-medios-comunicacion/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=documentos-medios-comunicacion</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Mar 2022 12:17:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Otros documentos de interés]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[desarrollo]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[ética]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[internet]]></category>
		<category><![CDATA[Jubileo]]></category>
		<category><![CDATA[Periodistas]]></category>
		<category><![CDATA[publicidad]]></category>
		<category><![CDATA[San Pedro]]></category>
		<category><![CDATA[Vaticano]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398344</guid>

					<description><![CDATA[<p>Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales Ética en InternetCiudad del Vaticano, 22 de febrero de 2002, fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol La Iglesia e internetCiudad del Vaticano, 22 de febrero de 2002, fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol Ética en las comunicaciones socialesCiudad del Vaticano, 4 de junio de 2000, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/documentos-medios-comunicacion/">Documentos de interés</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><strong>Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales</strong></h2>



<p><a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_20020228_ethics-internet_sp.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ética en Internet<br></a>Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 2002, fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol</p>



<p><a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_20020228_church-internet_sp.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">La Iglesia e internet<br></a>Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 2002, fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol</p>



<p><a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_20000530_ethics-communications_sp.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ética en las comunicaciones sociales<br></a>Ciudad del Vaticano, 4 de junio de 2000, Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales – Jubileo de los Periodistas</p>



<p><a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_22021997_ethics-in-ad_sp.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ética en la publicidad<br></a>Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 1997, fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol.</p>



<p><a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_22021992_aetatis_sp.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Aetatis Novae<br></a>Instrucción Pastoral sobre las Comunicaciones Sociales en el Vigésimo Aniversario de Commnio et Progressio<a href="http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/pccs/documents/rc_pc_pccs_doc_22021992_aetatis_sp.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><br></a>Ciudad del Vaticano, 22 de febrero de 1992, fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong> Santo Padre</strong></h2>



<p><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio_20150627_segreteria-comunicazione.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Institución de la Secretaría para la Comunicación<br></a>Carta Apostólica en forma de «Motu Proprio» del Sumo Pontífice Francisco, 27 de junio de 2015</p>



<p><a href="https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/2005/documents/hf_jp-ii_apl_20050124_il-rapido-sviluppo.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">El rápido desarrollo<br></a>Carta Apostólica del Santo Padre Juan Pablo II a los responsables de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero de 2005</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/documentos-medios-comunicacion/">Documentos de interés</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«Escuchar con los oídos del corazón»</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/escuchar-con-los-oidos-del-corazon-2/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=escuchar-con-los-oidos-del-corazon-2</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 11:27:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[Biblia]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[chat]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[escuchar]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[obispos]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[personas]]></category>
		<category><![CDATA[podcast]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398314</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA 56 JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES Queridos hermanos y hermanas: El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/escuchar-con-los-oidos-del-corazon-2/">«Escuchar con los oídos del corazón»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA 56 JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<p></p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo ahora centrar la atención sobre otro verbo, “escuchar”, decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.</p>



<p>En efecto, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil. Al mismo tiempo, la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de&nbsp;<em>podcast</em>&nbsp;y&nbsp;<em>chat</em>&nbsp;<em>audio</em>, lo que confirma que escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana.</p>



<p>A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma, le preguntaron cuál era la mayor necesidad de los seres humanos. Respondió: “El deseo ilimitado de ser escuchados”. Es un deseo que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político.</p>



<p><em>Escuchar con los oídos del corazón</em></p>



<p>En las páginas bíblicas aprendemos que la escucha no sólo posee el significado de una percepción acústica, sino que está esencialmente ligada a la relación dialógica entre Dios y la humanidad. «<em>Shema’ Israel &#8211;&nbsp;</em>Escucha, Israel» (<em>Dt</em>&nbsp;6,4), el íncipit del primer mandamiento de la Torah se propone continuamente en la Biblia, hasta tal punto que san Pablo afirma que «la fe proviene de la escucha» (<em>Rm</em>&nbsp;10,17). Efectivamente, la iniciativa es de Dios que nos habla, y nosotros respondemos escuchándolo; pero también esta escucha, en el fondo, proviene de su gracia, como sucede al recién nacido que responde a la mirada y a la voz de la mamá y del papá. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre.</p>



<p>La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. Es aquella acción que permite a Dios revelarse como Aquel que, hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor. Dios ama al hombre: por eso le dirige la Palabra, por eso “inclina el oído” para escucharlo.</p>



<p>El hombre, por el contrario, tiende a huir de la relación, a volver la espalda y “cerrar los oídos” para no tener que escuchar. El negarse a escuchar termina a menudo por convertirse en agresividad hacia el otro, como les sucedió a los oyentes del diácono Esteban, quienes, tapándose los oídos, se lanzaron todos juntos contra él (cf.&nbsp;<em>Hch</em>&nbsp;7,57).</p>



<p>Así, por una parte está Dios, que siempre se revela comunicándose gratuitamente; y por la otra, el hombre, a quien se le pide que se ponga a la escucha. El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que pueda llegar a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor.</p>



<p>Por eso Jesús pide a sus discípulos que verifiquen la calidad de su escucha: «Presten atención a&nbsp;<em>la forma</em>&nbsp;en que escuchan» (<em>Lc</em>&nbsp;8,18); los exhorta de ese modo después de haberles contado la parábola del sembrador, dejando entender que no basta escuchar, sino que hay que hacerlo bien. Sólo da frutos de vida y de salvación quien acoge la Palabra con el corazón “bien dispuesto y bueno” y la custodia fielmente (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;8,15). Sólo prestando atención&nbsp;<em>a quién</em>&nbsp;escuchamos,&nbsp;<em>qué</em>&nbsp;escuchamos y&nbsp;<em>cómo</em>&nbsp;escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la «capacidad del corazón que hace posible la proximidad» (Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_acompa%C3%B1amiento_personal_de_los_procesos_de_crecimiento">Evangelii gaudium</a></em>, 171).</p>



<p>Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso quien tiene un oído perfecto no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón. El rey Salomón, a pesar de ser muy joven, demostró sabiduría porque pidió al Señor que le concediera «un corazón capaz de escuchar» (&nbsp;<em>1 Re</em>&nbsp;3,9). Y san Agustín invitaba a escuchar con el corazón (&nbsp;<em>corde audire</em>), a acoger las palabras no exteriormente en los oídos, sino espiritualmente en el corazón: «No tengan el corazón en los oídos, sino los oídos en el corazón»&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn1">[1]</a>.&nbsp;Y san Francisco de Asís exhortaba a sus hermanos a «inclinar el oído del corazón»&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn2">[2]</a>.</p>



<p>La primera escucha que hay que redescubrir cuando se busca una comunicación verdadera es la escucha de sí mismo, de las propias exigencias más verdaderas, aquellas que están inscritas en lo íntimo de toda persona. Y no podemos sino escuchar lo que nos hace únicos en la creación: el deseo de estar en relación con los otros y con el Otro. No estamos hechos para vivir como átomos, sino juntos.</p>



<p><em>La escucha como condición de la buena comunicación</em></p>



<p>Existe un uso del oído que no es verdadera escucha, sino lo contrario: el escuchar a escondidas. De hecho, una tentación siempre presente y que hoy, en el tiempo de las redes sociales, parece haberse agudizado, es la de escuchar a escondidas y espiar, instrumentalizando a los demás para nuestro interés. Por el contrario, lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante, cara a cara, la escucha del otro a quien nos acercamos con apertura leal, confiada y honesta.</p>



<p>Lamentablemente, la falta de escucha, que experimentamos muchas veces en la vida cotidiana, es evidente también en la vida pública, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos. Esto es síntoma de que, más que la verdad y el bien, se busca el consenso; más que a la escucha, se está atento a la audiencia. La buena comunicación, en cambio, no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad. Es triste cuando, también en la Iglesia, se forman bandos ideológicos, la escucha desaparece y su lugar lo ocupan contraposiciones estériles.</p>



<p>En realidad, en muchos de nuestros diálogos no nos comunicamos en absoluto. Estamos simplemente esperando que el otro termine de hablar para imponer nuestro punto de vista. En estas situaciones, como señala el filósofo Abraham Kaplan&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn3">[3]</a>,&nbsp;el diálogo es un “duálogo”, un monólogo a dos voces. En la verdadera comunicación, en cambio, tanto el&nbsp;<em>tú</em>&nbsp;como el&nbsp;<em>yo</em>&nbsp;están “en salida”, tienden el uno hacia el otro.</p>



<p>Escuchar es, por tanto, el primer e indispensable ingrediente del diálogo y de la buena comunicación. No se comunica si antes no se ha escuchado, y no se hace buen periodismo sin la capacidad de escuchar. Para ofrecer una información sólida, equilibrada y completa es necesario haber escuchado durante largo tiempo. Para contar un evento o describir una realidad en un reportaje es esencial haber sabido escuchar, dispuestos también a cambiar de idea, a modificar las propias hipótesis de partida.</p>



<p>En efecto, solamente si se sale del monólogo se puede llegar a esa concordancia de voces que es garantía de una verdadera comunicación. Escuchar diversas fuentes, “no conformarnos con lo primero que encontramos” —como enseñan los profesionales expertos— asegura fiabilidad y seriedad a las informaciones que transmitimos. Escuchar más voces, escucharse mutuamente, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en medio de una sinfonía de voces.</p>



<p>Pero, ¿por qué afrontar el esfuerzo que requiere la escucha? Un gran diplomático de la Santa Sede, el cardenal Agostino Casaroli, hablaba del “martirio de la paciencia”, necesario para escuchar y hacerse escuchar en las negociaciones con los interlocutores más difíciles, con el fin de obtener el mayor bien posible en condiciones de limitación de la libertad. Pero también en situaciones menos difíciles, la escucha requiere siempre la virtud de la paciencia, junto con la capacidad de dejarse sorprender por la verdad — aunque sea tan sólo un fragmento de la verdad— de la persona que estamos escuchando. Sólo el asombro permite el conocimiento. Me refiero a la curiosidad infinita del niño que mira el mundo que lo rodea con los ojos muy abiertos. Escuchar con esta disposición de ánimo —el asombro del niño con la consciencia de un adulto— es un enriquecimiento, porque siempre habrá alguna cosa, aunque sea mínima, que puedo aprender del otro y aplicar a mi vida.</p>



<p>La capacidad de escuchar a la sociedad es sumamente preciosa en este tiempo herido por la larga pandemia. Mucha desconfianza acumulada precedentemente hacia la “información oficial” ha causado una “infodemia”, dentro de la cual es cada vez más difícil hacer creíble y transparente el mundo de la información. Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social acrecentado por la disminución o el cese de muchas actividades económicas.</p>



<p>También la realidad de las migraciones forzadas es un problema complejo, y nadie tiene la receta lista para resolverlo. Repito que, para vencer los prejuicios sobre los migrantes y ablandar la dureza de nuestros corazones, sería necesario tratar de escuchar sus historias, dar un nombre y una historia a cada uno de ellos. Muchos buenos periodistas ya lo hacen. Y muchos otros lo harían si pudieran. ¡Alentémoslos! ¡Escuchemos estas historias! Después, cada uno será libre de sostener las políticas migratorias que considere más adecuadas para su país. Pero, en cualquier caso, ante nuestros ojos ya no tendremos números o invasores peligrosos, sino rostros e historias de personas concretas, miradas, esperanzas, sufrimientos de hombres y mujeres que hay que escuchar.</p>



<p><em>Escucharse en la Iglesia</em></p>



<p>También en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros. Nosotros los cristianos olvidamos que el servicio de la escucha nos ha sido confiado por Aquel que es el oyente por excelencia, a cuya obra estamos llamados a participar. «Debemos escuchar con los oídos de Dios para poder hablar con la palabra de Dios»&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn4">[4]</a>.&nbsp;El teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer nos recuerda de este modo que el primer servicio que se debe prestar a los demás en la comunión consiste en escucharlos. Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn5">[5]</a>.</p>



<p>En la acción pastoral, la obra más importante es “el apostolado del oído”. Escuchar antes de hablar, como exhorta el apóstol Santiago: «Cada uno debe estar pronto a escuchar, pero ser lento para hablar» (1,19). Dar gratuitamente un poco del propio tiempo para escuchar a las personas es el primer gesto de caridad.</p>



<p>Hace poco ha comenzado un proceso sinodal. Oremos para que sea una gran ocasión de escucha recíproca. La comunión no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas. Como en un coro, la unidad no requiere uniformidad, monotonía, sino pluralidad y variedad de voces, polifonía. Al mismo tiempo, cada voz del coro canta escuchando las otras voces y en relación a la armonía del conjunto. Esta armonía ha sido ideada por el compositor, pero su realización depende de la sinfonía de todas y cada una de las voces.</p>



<p>Conscientes de participar en una comunión que nos precede y nos incluye, podemos redescubrir una Iglesia sinfónica, en la que cada uno puede cantar con su propia voz acogiendo las de los demás como un don, para manifestar la armonía del conjunto que el Espíritu Santo compone.</p>



<p><em>Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2022, Memoria de san Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>



<p>___________________________</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;«Nolite habere cor in auribus, sed aures in corde» (&nbsp;<em>Sermo</em>&nbsp;380, 1:&nbsp;<em>Nuova Biblioteca Agostiniana</em>&nbsp;34, 568).</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;<em>Carta a toda la Orden</em>:&nbsp;<em>Fuentes Franciscanas,&nbsp;</em>216.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>The life of dialogue,&nbsp;</em>en J. D. Roslansky&nbsp;ed.,&nbsp;<em>Communication. A discussion at the Nobel Conference</em>, North-Holland Publishing Company – Amsterdam 1969, 89-108.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;D. Bonhoeffer,&nbsp;<em>Vida en comunidad</em>, Sígueme, Salamanca 2003, 92.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20220124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ibíd.</em>, 90-91.</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/escuchar-con-los-oidos-del-corazon-2/">«Escuchar con los oídos del corazón»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«Ven y lo verás». Comunicar encontrando a las personas donde están y como son</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/ven-y-lo-veras/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=ven-y-lo-veras</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 11:24:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[Cáritas]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[discípulos]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[obispos]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[salvación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398311</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA 55 JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES Queridos hermanos y hermanas: La invitación a “ir y ver” que acompaña los primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el método de toda comunicación humana auténtica. Para poder relatar la verdad de la vida que se hace historia [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/ven-y-lo-veras/">«Ven y lo verás». Comunicar encontrando a las personas donde están y como son</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA 55 JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>La invitación a “ir y ver” que acompaña los primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el método de toda comunicación humana auténtica. Para poder relatar la verdad de la vida que se hace historia (cf.&nbsp;<em><a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20200124_messaggio-comunicazioni-sociali.html">Mensaje para la 54.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</a></em>, 24 enero 2020) es necesario salir de la cómoda presunción del “como es ya sabido” y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá en cualquier aspecto. «Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean», aconsejaba el beato Manuel Lozano Garrido&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn1">[1]</a>&nbsp;a sus compañeros periodistas. Deseo, por lo tanto, dedicar el Mensaje de este año a la llamada a “ir y ver”, como sugerencia para toda expresión comunicativa que quiera ser límpida y honesta: en la redacción de un periódico como en el mundo de la web, en la predicación ordinaria de la Iglesia como en la comunicación política o social. “Ven y lo verás” es el modo con el que se ha comunicado la fe cristiana, a partir de los primeros encuentros en las orillas del río Jordán y del lago de Galilea.</p>



<p><em>Desgastar las suelas de los zapatos</em></p>



<p>Pensemos en el gran tema de la información. Opiniones atentas se lamentan desde hace tiempo del riesgo de un aplanamiento en los “periódicos fotocopia” o en los noticieros de radio y televisión y páginas web que son sustancialmente iguales, donde el género de la investigación y del reportaje pierden espacio y calidad en beneficio de una información preconfeccionada, “de palacio”, autorreferencial, que es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no sabe recoger ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad. La crisis del sector editorial puede llevar a una información construida en las redacciones, frente al ordenador, en los terminales de las agencias, en las redes sociales, sin salir nunca a la calle, sin “desgastar las suelas de los zapatos”, sin encontrar a las personas para buscar historias o verificar&nbsp;<em>de visu</em>&nbsp;ciertas situaciones. Si no nos abrimos al encuentro, permaneceremos como espectadores externos, a pesar de las innovaciones tecnológicas que tienen la capacidad de ponernos frente a una realidad aumentada en la que nos parece estar inmersos. Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían.</p>



<p><em>Esos detalles de crónica en el Evangelio</em></p>



<p>A los primeros discípulos que quieren conocerlo, después del bautismo en el río Jordán, Jesús les responde: «Vengan y lo verán» (<em>Jn</em>&nbsp;1,39), invitándolos a vivir su relación con Él. Más de medio siglo después, cuando Juan, muy anciano, escribe su Evangelio, recuerda algunos detalles “de crónica” que revelan su presencia en el lugar y el impacto que aquella experiencia tuvo en su vida: «Era como la hora décima», anota, es decir, las cuatro de la tarde (cf. v. 39). El día después —relata de nuevo Juan— Felipe comunica a Natanael el encuentro con el Mesías. Su amigo es escéptico: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe no trata de convencerlo con razonamientos: «Ven y lo verás», le dice (cf. vv. 45-46). Natanael va y ve, y desde aquel momento su vida cambia. La fe cristiana inicia así. Y se comunica así: como un conocimiento directo, nacido de la experiencia, no de oídas. «Ya no creemos por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído», dice la gente a la Samaritana, después de que Jesús se detuvo en su pueblo (cf.<em>&nbsp;Jn</em>&nbsp;4,39-42). El “ven y lo verás” es el método más sencillo para conocer una realidad. Es la verificación más honesta de todo anuncio, porque para conocer es necesario encontrar, permitir que aquel que tengo de frente me hable, dejar que su testimonio me alcance.</p>



<p><em>Gracias a la valentía de tantos periodistas</em></p>



<p>También el periodismo, como relato de la realidad, requiere la capacidad de ir allá donde nadie va: un movimiento y un deseo de ver. Una curiosidad, una apertura, una pasión. Gracias a la valentía y al compromiso de tantos profesionales —periodistas, camarógrafos, montadores, directores que a menudo trabajan corriendo grandes riesgos— hoy conocemos, por ejemplo, las difíciles condiciones de las minorías perseguidas en varias partes del mundo; los innumerables abusos e injusticias contra los pobres y contra la creación que se han denunciado; las muchas guerras olvidadas que se han contado. Sería una pérdida no sólo para la información, sino para toda la sociedad y para la democracia si estas voces desaparecieran: un empobrecimiento para nuestra humanidad.</p>



<p>Numerosas realidades del planeta, más aún en este tiempo de pandemia, dirigen al mundo de la comunicación la invitación a “ir y ver”. Existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, sólo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”. Pensemos en la cuestión de las vacunas, como en los cuidados médicos en general, en el riesgo de exclusión de las poblaciones más indigentes. ¿Quién nos hablará de la espera de curación en los pueblos más pobres de Asia, de América Latina y de África? Así, las diferencias sociales y económicas a nivel planetario corren el riesgo de marcar el orden de la distribución de las vacunas contra el COVID. Con los pobres siempre como los últimos y el derecho a la salud para todos, afirmado como un principio, vaciado de su valor real. Pero también en el mundo de los más afortunados el drama social de las familias que han caído rápidamente en la pobreza queda en gran parte escondido: hieren y no son noticia las personas que, venciendo a la vergüenza, hacen cola delante de los centros de Cáritas para recibir un paquete de alimentos.</p>



<p><em>Oportunidades e insidias en la web</em></p>



<p>La red, con sus innumerables expresiones sociales, puede multiplicar la capacidad de contar y de compartir: tantos ojos más abiertos sobre el mundo, un flujo continuo de imágenes y testimonios. La tecnología digital nos da la posibilidad de una información de primera mano y oportuna, a veces muy útil: pensemos en ciertas emergencias con ocasión de las cuales las primeras noticias y también las primeras comunicaciones de servicio a las poblaciones viajan precisamente en la web. Es un instrumento formidable, que nos responsabiliza a todos como usuarios y como consumidores. Potencialmente todos podemos convertirnos en testigos de eventos que de otra forma los medios tradicionales pasarían por alto, dar nuestra contribución civil, hacer que emerjan más historias, también positivas. Gracias a la red tenemos la posibilidad de relatar lo que vemos, lo que sucede frente a nuestros ojos, de compartir testimonios.</p>



<p>Pero ya se han vuelto evidentes para todos también los riesgos de una comunicación social carente de controles. Hemos descubierto, ya desde hace tiempo, cómo las noticias y las imágenes son fáciles de manipular, por miles de motivos, a veces sólo por un banal narcisismo. Esta conciencia crítica empuja no a demonizar el instrumento, sino a una mayor capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad más maduro, tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos, del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas, desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir, ver y compartir.</p>



<p><em>Nada reemplaza el hecho de ver en persona</em></p>



<p>En la comunicación, nada puede sustituir completamente el hecho de ver en persona. Algunas cosas se pueden aprender sólo con la experiencia. No se comunica, de hecho, solamente con las palabras, sino con los ojos, con el tono de la voz, con los gestos. La fuerte atracción que ejercía Jesús en quienes lo encontraban dependía de la verdad de su predicación, pero la eficacia de lo que decía era inseparable de su mirada, de sus actitudes y también de sus silencios. Los discípulos no escuchaban sólo sus palabras, lo miraban hablar. De hecho, en Él —el&nbsp;<em>Logos</em>&nbsp;encarnado— la Palabra se hizo Rostro, el Dios invisible se dejó ver, oír y tocar, como escribe el propio Juan (cf.&nbsp;<em>1 Jn</em>&nbsp;1,1-3). La palabra es eficaz solamente si se “ve”, sólo si te involucra en una experiencia, en un diálogo. Por este motivo el “ven y lo verás” era y es esencial.</p>



<p>Pensemos en cuánta elocuencia vacía abunda también en nuestro tiempo, en cualquier ámbito de la vida pública, tanto en el comercio como en la política. «Sabe hablar sin cesar y no decir nada. Sus razones son dos granos de trigo en dos fanegas de paja. Se debe buscar todo el día para encontrarlos y cuando se encuentran, no valen la pena de la búsqueda»&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn2">[2]</a>.&nbsp;Las palabras mordaces del dramaturgo inglés también valen para nuestros comunicadores cristianos. La buena nueva del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Hombres y mujeres que aceptaron la misma invitación: “Ven y lo verás”, y quedaron impresionados por el “plus” de humanidad que se transparentaba en su mirada, en la palabra y en los gestos de personas que daban testimonio de Jesucristo. Todos los instrumentos son importantes y aquel gran comunicador que se llamaba Pablo de Tarso hubiera utilizado el correo electrónico y los mensajes de las redes sociales; pero fue su fe, su esperanza y su caridad lo que impresionó a los contemporáneos que lo escucharon predicar y tuvieron la fortuna de pasar tiempo con él, de verlo durante una asamblea o en una charla individual. Verificaban, viéndolo en acción en los lugares en los que se encontraba, lo verdadero y fructuoso que era para la vida el anuncio de salvación del que era portador por la gracia de Dios. Y también allá donde este colaborador de Dios no podía ser encontrado en persona, su modo de vivir en Cristo fue atestiguado por los discípulos que enviaba (cf.&nbsp;<em>1 Co</em>&nbsp;4,17).</p>



<p>«En nuestras manos hay libros, en nuestros ojos hechos», afirmaba san Agustín&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn3">[3]</a>&nbsp;exhortando a encontrar en la realidad el cumplimiento de las profecías presentes en las Sagradas Escrituras. Así, el Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la aventura cristiana. El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar encontrando a las personas donde están y como son.</p>



<p><em>Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos,<br>y a encaminarnos hacia la búsqueda de la verdad.</em></p>



<p><em>Enséñanos a ir y ver,<br>enséñanos a escuchar,<br>a no cultivar prejuicios,<br>a no sacar conclusiones apresuradas.</em></p>



<p><em>Enséñanos a ir allá donde nadie quiere ir,<br>a tomarnos el tiempo para entender,<br>a prestar atención a lo esencial,<br>a no dejarnos distraer por lo superfluo,<br>a distinguir la apariencia engañosa de la verdad.</em></p>



<p><em>Danos la gracia de reconocer tus moradas en el mundo<br>y la honestidad de contar lo que hemos visto.</em></p>



<p><em>Roma, San Juan de Letrán, 23 de enero de 2021, Vigilia de la Memoria de San Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp; Periodista español, que nació en 1920 y falleció en 1971; fue beatificado en 2010.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;W. Shakespeare,&nbsp;<em>El Mercader de Venecia</em>, Acto I, Escena I.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;<em>Sermón</em>&nbsp;360/B, 20.</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/ven-y-lo-veras/">«Ven y lo verás». Comunicar encontrando a las personas donde están y como son</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2) La vida se hace historia</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/la-vida-se-hace-historia/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=la-vida-se-hace-historia</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 11:20:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[Dio]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[narrador]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[San Francisco de Sales]]></category>
		<category><![CDATA[storytelling]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398309</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA 54 JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES Quiero dedicar el&#160;Mensaje&#160;de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/la-vida-se-hace-historia/">Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2) La vida se hace historia</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA 54 JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<p>Quiero dedicar el&nbsp;<em>Mensaje&nbsp;</em>de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.</p>



<p><strong>1.</strong>&nbsp;<strong>Tejer historias</strong></p>



<p>El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos.</p>



<p>El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los&nbsp;<em>tejidos&nbsp;</em>como a los&nbsp;<em>textos</em>. Las historias de cada época tienen un “telar” común: la estructura prevé “héroes”, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor. Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida.</p>



<p>El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.</p>



<p><strong>2.</strong>&nbsp;<strong>No todas las historias son buenas</strong></p>



<p>«El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. “Si posees, te convertirás, alcanzarás&#8230;”, susurra todavía hoy quien se sirve del llamado&nbsp;<em>storytelling</em>&nbsp;con fines instrumentales. Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.</p>



<p>Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el&nbsp;<em>deepfake</em>), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.</p>



<p><strong>3. La&nbsp;<em>Historia</em>&nbsp;<em>de las historias</em></strong></p>



<p>La Sagrada Escritura es una&nbsp;<em>Historia de historias</em>. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él. En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has&nbsp;<em>tejido</em>&nbsp;en el seno materno. Te doy gracias porque son&nbsp;<em>admirables tus obras</em>&nbsp;[…], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y&nbsp;<em>entretejiendo</em>&nbsp;en lo profundo de la tierra» (139,13-15). No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos.</p>



<p>En este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. El hombre será llamado así, de generación en generación, a&nbsp;<em>contar y a grabar en su memoria</em>&nbsp;los episodios más significativos de esta&nbsp;<em>Historia de historias</em>, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido.</p>



<p>El título de este&nbsp;<em>Mensaje</em>&nbsp;está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios&nbsp;<em>se acordó</em>&nbsp;de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (<em>Ex&nbsp;</em>2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: «<em>Para que puedas contar [y grabar en la memoria]&nbsp;</em>de tus hijosy nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (<em>Ex</em>&nbsp;10,2). La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida.</p>



<p>El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.</p>



<p>No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “<em>performan</em>”<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20200124_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn1">[1]</a>&nbsp;a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha&nbsp;<em>contado</em>» (cf.&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;1,18). He usado el término “contado” porque el original&nbsp;<em>exeghésato</em>&nbsp;puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias.</p>



<p><strong>4.</strong>&nbsp;<strong>Una historia que se renueva</strong></p>



<p>La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina. En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó.</p>



<p>Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (<em>2</em>&nbsp;<em>Co</em>&nbsp;3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda.&nbsp;<em>Re-cordar</em>&nbsp;significa efectivamente&nbsp;<em>llevar al corazón</em>, “escribir” en el corazón. Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las&nbsp;<em>Confesiones</em>&nbsp;de Agustín. Como&nbsp;<em>El</em>&nbsp;<em>Relato del Peregrino</em>&nbsp;de Ignacio. Como la&nbsp;<em>Historia de un alma</em>&nbsp;de Teresita del Niño Jesús. Como&nbsp;<em>Los Novios,</em>&nbsp;como&nbsp;<em>Los Hermanos Karamazov</em>. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.</p>



<p><strong>5. Una historia que nos renueva</strong></p>



<p>En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!</p>



<p>Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.</p>



<p>No se trata, pues, de seguir la lógica del&nbsp;<em>storytelling</em>, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor:</p>



<p><em>Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.</em></p>



<p>Roma, junto a San Juan de Letrán, 24 de enero de 2020, fiesta de san Francisco de Sales.</p>



<p><strong>Franciscus</strong></p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20200124_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Cf. Benedicto XVI, Carta enc.&nbsp;<em><a href="http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html">Spe salvi</a>,</em>&nbsp;2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/la-vida-se-hace-historia/">Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2) La vida se hace historia</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5)</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-papa-francisco-2/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-papa-francisco-2</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 10:47:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Espíritu Santo]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[fe]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[obispos]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[tecnología]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398303</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA 51 JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES «No temas, que yo estoy contigo»(Is&#160;43,5) Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos Gracias al desarrollo tecnológico, el acceso a los medios de comunicación es tal que muchísimos individuos tienen la posibilidad de compartir inmediatamente noticias y de difundirlas de manera capilar. Estas [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-papa-francisco-2/">«No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5)</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA 51 JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></h2>



<p></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>«</em>No temas, que yo estoy contigo»(<em>Is&nbsp;</em>43,5) </strong></h2>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos</strong></h2>



<p></p>



<p></p>



<p>Gracias al desarrollo tecnológico, el acceso a los medios de comunicación es tal que muchísimos individuos tienen la posibilidad de compartir inmediatamente noticias y de difundirlas de manera capilar. Estas noticias pueden ser bonitas o feas, verdaderas o falsas. Nuestros padres en la fe ya hablaban de la mente humana como de una piedra de molino que, movida por el agua, no se puede detener. Sin embargo, quien se encarga del molino tiene la posibilidad de decidir si moler trigo o cizaña. La mente del hombre está siempre en acción y no puede dejar de «moler» lo que recibe, pero está en nosotros decidir qué material le ofrecemos. (cf. Casiano el Romano,&nbsp;<em>Carta a Leoncio Igumeno</em>).</p>



<p>Me gustaría con este mensaje llegar y animar a todos los que, tanto en el ámbito profesional como en el de las relaciones personales, «muelen» cada día mucha información para ofrecer un pan tierno y bueno a todos los que se alimentan de los frutos de su comunicación. Quisiera exhortar a todos a una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza.</p>



<p>Creo que es necesario romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano). Ciertamente, no se trata de favorecer una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal. Quisiera, por el contrario, que todos tratemos de superar ese sentimiento de disgusto y de resignación que con frecuencia se apodera de nosotros, arrojándonos en la apatía, generando miedos o dándonos la impresión de que no se puede frenar el mal. Además, en un sistema comunicativo donde reina la lógica según la cual para que una noticia sea buena ha de causar un impacto, y donde fácilmente se hace espectáculo del drama del dolor y del misterio del mal, se puede caer en la tentación de adormecer la propia conciencia o de caer en la desesperación.</p>



<p>Por lo tanto, quisiera contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia. Invito a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la «buena noticia».</p>



<p><strong>La buena noticia</strong></p>



<p>La vida del hombre no es sólo una crónica aséptica de acontecimientos, sino que es historia, una historia que espera ser narrada mediante la elección de una clave interpretativa que sepa seleccionar y recoger los datos más importantes. La realidad, en sí misma, no tiene un significado unívoco. Todo depende de la mirada con la cual es percibida, del «cristal» con el que decidimos mirarla: cambiando las lentes, también la realidad se nos presenta distinta. &nbsp;Entonces, ¿qué hacer para leer la realidad con «las lentes» adecuadas?</p>



<p>Para los cristianos, las lentes que nos permiten descifrar la realidad no pueden ser otras que las de la buena noticia, partiendo de la «Buena Nueva» por excelencia: el «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (<em>Mc</em>&nbsp;1,1). Con estas palabras comienza el evangelista Marcos su narración, anunciando la «buena noticia» que se refiere a Jesús, pero más que una información sobre Jesús, se trata de&nbsp;<em>la buena noticia que es Jesús mismo</em>. En efecto, leyendo las páginas del Evangelio se descubre que el título de la obra corresponde a su contenido y, sobre todo, que ese contenido es la persona misma de Jesús.</p>



<p>Esta buena noticia, que es Jesús mismo, no es buena porque esté exenta de sufrimiento, sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad. En Cristo, Dios se ha hecho solidario con cualquier situación humana, revelándonos que no estamos solos, porque tenemos un Padre que nunca olvida a sus hijos.&nbsp;«No temas, que yo estoy contigo» (<em>Is</em>&nbsp;43,5): es la palabra consoladora de un Dios que se implica desde siempre en la historia de su pueblo. Con esta promesa: «estoy contigo», Dios asume, en su Hijo amado, toda nuestra debilidad hasta morir como nosotros. En Él también las tinieblas y la muerte se hacen lugar de comunión con la Luz y la Vida. Precisamente aquí, en el lugar donde la vida experimenta la amargura del fracaso, nace una esperanza al alcance de todos. Se trata de una esperanza que no defrauda ―porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (cf.&nbsp;<em>Rm</em>&nbsp;5,5)―&nbsp;y que hace que la vida nueva brote como la planta que crece de la semilla enterrada. Bajo esta luz, cada nuevo drama que sucede en la historia del mundo se convierte también en el escenario para una posible buena noticia, desde el momento en que el amor logra encontrar siempre el camino de la proximidad y suscita corazones capaces de conmoverse, rostros capaces de no desmoronarse, manos listas para construir.</p>



<p><strong>La confianza en la semilla del Reino</strong></p>



<p>Para iniciar a sus discípulos y a la multitud en esta mentalidad evangélica, y entregarles «las gafas» adecuadas con las que acercarse a la lógica del amor que muere y resucita, Jesús recurría a las parábolas, en las que el Reino de Dios se compara, a menudo, con la semilla que desata su fuerza vital justo cuando muere en la tierra (cf.&nbsp;<em>Mc</em>&nbsp;4,1-34). Recurrir a imágenes y metáforas para comunicar la humilde potencia del Reino, no es un manera de restarle importancia y urgencia, sino una forma misericordiosa para dejar a quien escucha el «espacio» de libertad para acogerla y referirla incluso a sí mismo. Además, es el camino privilegiado para expresar la inmensa dignidad del misterio pascual, dejando que sean las imágenes ―más que los conceptos― las que comuniquen la paradójica belleza de la vida nueva en Cristo, donde las hostilidades y la cruz no impiden, sino que cumplen la salvación de Dios, donde la debilidad es más fuerte que toda potencia humana, donde el fracaso puede ser el preludio del cumplimiento más grande de todas las cosas en el amor. En efecto, así es como madura y se profundiza la esperanza del Reino de Dios: «Como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece» (<em>Mc</em>&nbsp;4,26-27).</p>



<p>El Reino de Dios está ya entre nosotros, como una semilla oculta a una mirada superficial y cuyo crecimiento tiene lugar en el silencio. Quien tiene los ojos límpidos por la gracia del Espíritu Santo lo ve brotar y no deja que la cizaña, que siempre está presente, le robe la alegría del Reino.</p>



<p><strong>Los horizontes del Espíritu&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p>La esperanza fundada sobre la buena noticia que es Jesús nos hace elevar la mirada y nos impulsa a contemplarlo en el marco litúrgico de la fiesta de la Ascensión. Aunque parece que el Señor se aleja de nosotros, en realidad, se ensanchan los horizontes de la esperanza. En efecto, en Cristo, que eleva nuestra humanidad hasta el Cielo, cada hombre y cada mujer puede tener la plena libertad de «entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través del velo, es decir, de su propia carne» (<em>Hb</em>&nbsp;10,19-20). Por medio de «la fuerza del Espíritu Santo» podemos ser «testigos» y comunicadores de una humanidad nueva, redimida, «hasta los confines de la tierra» (cf.&nbsp;<em>Hb&nbsp;</em>1,7-8).</p>



<p>La confianza en la semilla del Reino de Dios y en la lógica de la Pascua configura también nuestra manera de comunicar. Esa confianza nos hace capaces de trabajar ―en las múltiples formas en que se lleva a cabo hoy la comunicación― con la convicción de que es posible descubrir e iluminar la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona.</p>



<p>Quien se deja guiar con fe por el Espíritu Santo es capaz de discernir en cada acontecimiento lo que ocurre entre Dios y la humanidad, reconociendo cómo él mismo, en el escenario dramático de este mundo, está tejiendo la trama de una historia de salvación. El hilo con el que se teje esta historia sacra es la esperanza y su tejedor no es otro que el Espíritu Consolador. La esperanza es la más humilde de las virtudes, porque permanece escondida en los pliegues de la vida, pero es similar a la levadura que hace fermentar toda la masa. Nosotros la alimentamos leyendo de nuevo la Buena Nueva, ese Evangelio que ha sido muchas veces «reeditado» en las vidas de los santos, hombres y mujeres convertidos en iconos del amor de Dios. También hoy el Espíritu siembra en nosotros el deseo del Reino, a través de muchos «canales» vivientes, a través de las personas que se dejan conducir por la Buena Nueva en medio del drama de la historia, y son como faros en la oscuridad de este mundo, que iluminan el camino y abren nuevos senderos de confianza y esperanza.</p>



<p><em>Vaticano, 24 de enero de 2017</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-papa-francisco-2/">«No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5)</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo»</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-papa-francisco/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-papa-francisco</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 10:43:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[misericordia]]></category>
		<category><![CDATA[obispos]]></category>
		<category><![CDATA[papaFrancisci]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398301</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA 50 JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES&#160; Queridos hermanos y hermanas: El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-papa-francisco/">«Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong>&nbsp;</p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios.</p>



<p>Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos.</p>



<p>La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver&nbsp; personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, sin embargo, se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación.</p>



<p>Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades. Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos. En todos estos casos la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: «La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe» (<em>El mercader de Venecia</em>, Acto IV, Escena I).</p>



<p>Es deseable que también el lenguaje de la política y de la diplomacia se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido. Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores. Es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación. Y es precisamente esa audacia positiva y creativa la que ofrece verdaderas soluciones a antiguos conflictos así como la oportunidad de realizar una paz duradera. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. […] Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (<em>Mt&nbsp;</em>5,7.9).</p>



<p>Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho. La misericordia puede ayudar a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio. Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones. Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (<em>Jn</em>&nbsp;8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf.&nbsp;<em>Ef&nbsp;</em>4,15). Sólo palabras pronunciadas con amor y&nbsp; acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.</p>



<p>Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia. Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf.&nbsp;<em>Lc&nbsp;</em>15,11-32). Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente.</p>



<p>Para esto es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.</p>



<p>Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos. Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro. En la escucha se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el «terreno sagrado» del encuentro con el otro que me habla (cf.&nbsp;<em>Ex&nbsp;</em>3,5). Saber escuchar es una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder después ejercitarse practicándolo.</p>



<p>También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (<em><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html">Misericordiae vultus</a></em>, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.</p>



<p>La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.</p>



<p><em>Vaticano, 24 de enero de 2016</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-papa-francisco/">«Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro»</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/comunicacion-al-servicio-de-una-autentica-cultura-del-encuentro/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=comunicacion-al-servicio-de-una-autentica-cultura-del-encuentro</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 10:37:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[Diócesis]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[económicos]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[obispos]]></category>
		<category><![CDATA[políticos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398297</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA XLVIII JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES ueridos hermanos y hermanas: Hoy vivimos en un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; por lo tanto, parece que debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. El desarrollo de los transportes y de las tecnologías de [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/comunicacion-al-servicio-de-una-autentica-cultura-del-encuentro/">«Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA XLVIII JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<p><em>ueridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>Hoy vivimos en un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; por lo tanto, parece que debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. El desarrollo de los transportes y de las tecnologías de la comunicación nos acerca, conectándonos mejor, y la globalización nos hace interdependientes. Sin embargo, en la humanidad aún quedan divisiones, a veces muy marcadas. A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres. A menudo basta caminar por una ciudad para ver el contraste entre la gente que vive en las aceras y la luz resplandeciente de las tiendas. Nos hemos acostumbrado tanto a ello que ya no nos llama la atención. El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas.</p>



<p>En este mundo, los medios de comunicación pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos. Comunicar bien nos ayuda a conocernos mejor entre nosotros, a estar más unidos. Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto. La cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. Los medios de comunicación pueden ayudarnos en esta tarea, especialmente hoy, cuando las redes de la comunicación humana han alcanzado niveles de desarrollo inauditos. En particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios.</p>



<p>Sin embargo, también existen aspectos problemáticos: la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo. La variedad de las opiniones expresadas puede ser percibida como una riqueza, pero también es posible encerrarse en una esfera hecha de informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados intereses políticos y económicos. El mundo de la comunicación puede ayudarnos a crecer o, por el contrario, a desorientarnos. El deseo de conexión digital puede terminar por aislarnos de nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado. Sin olvidar que quienes no acceden a estos medios de comunicación social –por tantos motivos–, corren el riesgo de quedar excluidos.</p>



<p>Estos límites son reales, pero no justifican un rechazo de los medios de comunicación social; más bien nos recuerdan que la comunicación es, en definitiva, una conquista más humana que tecnológica. Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar. Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad, entre otros.</p>



<p>Entonces, ¿cómo se puede poner la comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro? Para nosotros, discípulos del Señor, ¿qué significa encontrar una persona según el Evangelio? ¿Es posible, aun a pesar de nuestros límites y pecados, estar verdaderamente cerca los unos de los otros? Estas preguntas se resumen en la que un escriba, es decir un comunicador, le dirigió un día a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» (<em>Lc</em>&nbsp;10,29). La pregunta nos ayuda a entender la comunicación en términos de proximidad. Podríamos traducirla así: ¿cómo se manifiesta la «proximidad» en el uso de los medios de comunicación y en el nuevo ambiente creado por la tecnología digital? Descubro una respuesta en la parábola del buen samaritano, que es también una parábola del comunicador. En efecto, quien comunica se hace prójimo, cercano. El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad».</p>



<p>Cuando la comunicación tiene como objetivo preponderante inducir al consumo o a la manipulación de las personas, nos encontramos ante una agresión violenta como la que sufrió el hombre apaleado por los bandidos y abandonado al borde del camino, como leemos en la parábola. El levita y el sacerdote no ven en él a su prójimo, sino a un extraño de quien es mejor alejarse. En aquel tiempo, lo que les condicionaba eran las leyes de la purificación ritual. Hoy corremos el riesgo de que algunos medios nos condicionen hasta el punto de hacernos ignorar a nuestro prójimo real.</p>



<p>No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura. Las estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación. El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo quien comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un comunicador. Precisamente por eso el testimonio cristiano, gracias a la red, puede alcanzar las periferias existenciales.</p>



<p>Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera. Y las calles del mundo son el lugar donde la gente vive, donde es accesible efectiva y afectivamente. Entre estas calles también se encuentran las digitales, pobladas de humanidad, a menudo herida: hombres y mujeres que buscan una salvación o una esperanza. Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar «hasta los confines de la tierra» (<em>Hch</em>. 1,8). Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asimismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos.</p>



<p>Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de comunicar este rostro de la Iglesia? La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.</p>



<p>No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana» (Benedicto XVI,&nbsp;<em><a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/communications/documents/hf_ben-xvi_mes_20130124_47th-world-communications-day_sp.html">Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</a></em>, 2013).</p>



<p>Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.</p>



<p>Que la imagen del buen samaritano que venda las heridas del hombre apaleado, vertiendo sobre ellas aceite y vino, nos sirva como guía. Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien encontramos herido en el camino. No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital. El interés y la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación son importantes para dialogar con el hombre de hoy y llevarlo al encuentro con Cristo: una Iglesia que acompaña en el camino sabe ponerse en camino con todos. En este contexto, la revolución de los medios de comunicación y de la información constituye un desafío grande y apasionante que requiere energías renovadas y una imaginación nueva para transmitir a los demás la belleza de Dios.</p>



<p><em>Vaticano, 24 de enero de 2014, fiesta de san Francisco de Sales</em></p>



<p><strong>FRANCISCO</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/comunicacion-al-servicio-de-una-autentica-cultura-del-encuentro/">«Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>“Silencio y Palabra: camino de evangelización”</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/silencio-y-palabra-camino-de-evangelizacion/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=silencio-y-palabra-camino-de-evangelizacion</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 10:32:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Concilio Vaticano II]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[familia]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[obispos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398293</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVIPARA LA XLVI JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES [Domingo 20 de mayo de 2012] Queridos hermanos y hermanas: Al acercarse la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de 2012, deseo compartir con vosotros algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/silencio-y-palabra-camino-de-evangelizacion/">“Silencio y Palabra: camino de evangelización”</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<br>PARA LA XLVI JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<p>[Domingo 20 de mayo de 2012]</p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>Al acercarse la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de 2012, deseo compartir con vosotros algunas reflexiones sobre un aspecto del proceso humano de la comunicación que, siendo muy importante, a veces se olvida y hoy es particularmente necesario recordar. Se trata de la relación entre el silencio y la palabra: dos momentos de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener un auténtico diálogo y una profunda cercanía entre las personas. Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente, la comunicación se deteriora, ya sea porque provoca un cierto aturdimiento o porque, por el contrario, crea un clima de frialdad; sin embargo, cuando se integran recíprocamente, la comunicación adquiere valor y significado.</p>



<p>El silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos. Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas, sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena. En el silencio, por ejemplo, se acogen los momentos más auténticos de la comunicación entre los que se aman: la gestualidad, la expresión del rostro, el cuerpo como signos que manifiestan la persona. En el silencio hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa. Del silencio, por tanto, brota una comunicación más exigente todavía, que evoca la sensibilidad y la capacidad de escucha que a menudo desvela la medida y la naturaleza de las relaciones. Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial. Una profunda reflexión nos ayuda a descubrir la relación existente entre situaciones que a primera vista parecen desconectadas entre sí, a valorar y analizar los mensajes; esto hace que se puedan compartir opiniones sopesadas y pertinentes, originando un auténtico conocimiento compartido. Por esto, es necesario crear un ambiente propicio, casi una especie de “ecosistema” que sepa equilibrar silencio, palabra, imágenes y sonidos.</p>



<p>Gran parte de la dinámica actual de la comunicación está orientada por preguntas en busca de respuestas. Los motores de búsqueda y las redes sociales son elpunto de partida en la comunicación para muchas personas que buscan consejos, sugerencias, informaciones y respuestas. En nuestros días, la Red se está transformando cada vez más en el lugar de las preguntas y de las respuestas; más aún, a menudo el hombre contemporáneo es bombardeado por respuestas a interrogantes que nunca se ha planteado, y a necesidades que no siente. El silencio es precioso para favorecer el necesario discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos, para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes. Sin embargo, en el complejo y variado mundo de la comunicación emerge la preocupación de muchos hacia las preguntas últimas de la existencia humana: ¿quién soy yo?, ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué puedo esperar? Es importante acoger a las personas que se formulan estas preguntas, abriendo la posibilidad de un diálogo profundo, hecho de palabras, de intercambio, pero también de una invitación a la reflexión y al silencio que, a veces, puede ser más elocuente que una respuesta apresurada y que permite a quien se interroga entrar en lo más recóndito de sí mismo y abrirse al camino derespuesta que Dios ha escrito en el corazón humano.</p>



<p>En realidad, este incesante flujo de preguntas manifiesta la inquietud del ser humano siempre en búsqueda de verdades, pequeñas o grandes, que den sentido y esperanza a la existencia. El hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida: todos buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo, sobre todo en nuestro tiempo en el que “cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales”&nbsp;<em>(<a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/messages/communications/documents/hf_ben-xvi_mes_20110124_45th-world-communications-day.html">Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de2011</a>)</em></p>



<p>Hay que considerar con interés los diversos sitios, aplicaciones y redes sociales que pueden ayudar al hombre de hoy a vivir momentos de reflexión y de auténtica interrogación, pero también a encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración, meditación y de compartir la Palabra de Dios. En la esencialidad de breves mensajes, a menudo no más extensos que un versículo bíblico, se pueden formular pensamientos profundos, si cada uno no descuida el cultivo de su propia interioridad. No sorprende que en las distintas tradiciones religiosas, la soledad y el silencio sean espacios privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y con la Verdad que da sentido a todas las cosas. El Dios de la revelación bíblica habla también sin palabras: “Como pone de manifiesto la cruz de Cristo, Dios habla por medio de su silencio. El silencio de Dios, la experiencia de la lejanía del Omnipotente y Padre, es una etapa decisiva en el camino terreno del Hijo de Dios, Palabra encarnada… El silencio de Dios prolonga sus palabras precedentes. En esos momentos de oscuridad, habla en el misterio de su silencio” (Exhort. ap.&nbsp;<em><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html">Verbum Domini</a>,&nbsp;</em>21). En el silencio de la cruz habla la elocuencia del amor de Dios vivido hasta el don supremo. Después de la muerte de Cristo, la tierra permanece en silencio y en el Sábado Santo, cuando “el Rey está durmiendo y el Dios hecho hombre despierta a los que dormían desde hace siglos<strong>”</strong>&nbsp;(cf.&nbsp;<em>Oficio de Lecturas del Sábado Santo),</em>&nbsp;resuena la voz de Dios colmada de amor por la humanidad.</p>



<p>Si Dios habla al hombre tambiénen el silencio, el hombre igualmente descubre en el silencio la posibilidad de hablar con Dios y de Dios. “Necesitamos el silencio que se transforma en contemplación, que nos hace entrar en el silencio de Dios y así nos permite llegar al punto donde nace la Palabra, la Palabra redentora” (<em><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2006/documents/hf_ben-xvi_hom_20061006_commissione-teologica.html">Homilía durante la misa con los miembros de la Comisión Teológica Internacional</a>,</em>&nbsp;6 de octubre 2006). Al hablar de la grandeza de Dios, nuestro lenguaje resulta siempre inadecuado y así se abre el espacio para la contemplación silenciosa. De esta contemplación nace con toda su fuerza interior la urgencia de la misión, la necesidad imperiosa de “comunicar aquello que hemos visto y oído”, para que todos estemos en comunión con Dios (cf.&nbsp;<em>1 Jn 1,3).</em>&nbsp;La contemplación silenciosa nos sumerge en la fuente del Amor, que nos conduce hacia nuestro prójimo, para sentir su dolor y ofrecer la luz de Cristo, su Mensaje de vida, su don de amor total que salva.</p>



<p>En la contemplación silenciosa emerge asimismo, todavía más fuerte, aquella Palabra eterna por medio de la cual se hizo el mundo, y se percibe aquel designio de salvación que Dios realiza a través de palabras y gestos en toda la historia de la humanidad. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la Revelación divina se lleva a cabo con “hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas”&nbsp;<em>(<a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html">Dei Verbum</a>,&nbsp;</em>2<em>).</em>&nbsp;Y este plan de salvación culmina en la persona de Jesús de Nazaret, mediador y plenitud de toda la Revelación. Él nos hizo conocer el verdadero Rostro de Dios Padre y con su Cruz y Resurrección nos hizo pasar de la esclavitud del pecado y de la muerte a la libertad de los hijos de Dios. La pregunta fundamental sobre el sentido del hombre encuentra en el Misterio de Cristo la respuesta capaz de dar paz a la inquietud del corazón humano. Es de este Misterio de donde nace la misión de la Iglesia, y es este Misterio el que impulsa a los cristianos a ser mensajeros de esperanza y de salvación, testigos de aquel amor que promueve la dignidad del hombre y que construye la justicia y la paz.</p>



<p>Palabra y silencio. Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo. A María, cuyo silencio “escucha y hace florecer la Palabra” (<em><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2007/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20070901_preghiera-loreto.html">Oración para el ágora de los jóvenes italianos en Loreto</a>,</em>&nbsp;1-2 de septiembre 2007), confío toda la obra de evangelización que la Iglesia realiza a través de los medios de comunicación social.</p>



<p><em>Vaticano, 24 de enero 2012, fiesta de San Francisco de Sales</em></p>



<p><strong>BENEDICTUS PP. XVI</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/silencio-y-palabra-camino-de-evangelizacion/">“Silencio y Palabra: camino de evangelización”</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/el-sacerdote-y-la-pastoral-en-el-mundo-digitallos-nuevos-medios-al-servicio-de-la-palabra/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=el-sacerdote-y-la-pastoral-en-el-mundo-digitallos-nuevos-medios-al-servicio-de-la-palabra</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Mar 2022 10:09:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[obispos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398286</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVIPARA LA XLIV JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES [Domingo 16 de mayo de 2010] Queridos hermanos y hermanas: El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales —«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»— se inserta muy apropiadamente [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/el-sacerdote-y-la-pastoral-en-el-mundo-digitallos-nuevos-medios-al-servicio-de-la-palabra/">«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-a2uznqp" data-block-id="a2uznqp"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle"><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<br>PARA LA XLIV JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p></div>



<p>[Domingo 16 de mayo de 2010]</p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales —«<em>El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»</em>— se inserta muy apropiadamente en el camino del&nbsp;<a href="http://www.vatican.va/special/anno_sac/index_sp.html">Año Sacerdotal</a>, y pone en primer plano la reflexión sobre un ámbito pastoral vasto y delicado como es el de la comunicación y el mundo digital, ofreciendo al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su particular servicio&nbsp;<em>a</em>&nbsp;la Palabra y&nbsp;<em>de</em>&nbsp;la Palabra. Las comunidades eclesiales, han incorporado desde hace tiempo los nuevos medios de comunicación como instrumentos ordinarios de expresión y de contacto con el propio territorio, instaurado en muchos casos formas de diálogo aún de mayor alcance. Su reciente y amplia difusión, así como su notable influencia, hacen cada vez más importante y útil su uso en el ministerio sacerdotal.</p>



<p>La tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos. La Iglesia, convocada por la Palabra, es signo e instrumento de la comunión que Dios establece con el hombre y que cada sacerdote está llamado a edificar en Él y con Él. En esto reside la altísima dignidad y belleza de la misión sacerdotal, en la que se opera de manera privilegiada lo que afirma el apóstol Pablo: «Dice la Escritura: “Nadie que cree en Él quedará defraudado”… Pues “todo el que invoca el nombre del Señor se salvará”. Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo si no creen en Él? ¿Cómo van a creer si no oyen hablar de Él? ¿Y cómo van a oír sin alguien que les predique? ¿Y cómo van a predicar si no los envían?» (<em>Rm</em>&nbsp;10,11.13-15).</p>



<p>Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas se han convertido en un instrumento indispensable para responder adecuadamente a estas preguntas, que surgen en un contexto de grandes cambios culturales, que se notan especialmente en el mundo juvenil. En verdad el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (<em>1 Co</em>&nbsp;9,16). Así pues, con la difusión de esos medios, la responsabilidad del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso más intenso y eficaz. A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una «nueva historia», porque en la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra.</p>



<p>Sin embargo, la creciente multimedialidad y la gran variedad de funciones que hay en la comunicación, pueden comportar el riesgo de un uso dictado sobre todo por la mera exigencia de hacerse presentes, considerando internet solamente, y de manera errónea, como un espacio que debe ocuparse. Por el contrario, se pide a los presbíteros la capacidad de participar en el mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio, para ejercer su papel de animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas «voces» surgidas en el mundo digital. Deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis.</p>



<p>El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante&nbsp;estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios —adquirido también en el período de formación— con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la «red».</p>



<p>También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la&nbsp;solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual. En efecto, la pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que «Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente» (<em><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2009/december/documents/hf_ben-xvi_spe_20091221_curia-auguri.html">Discurso a la Curia romana para el intercambio de felicitaciones navideñas</a></em>, 21 diciembre 2009).</p>



<p>¿Quién mejor que un hombre de Dios puede desarrollar y poner en práctica, a través de la propia competencia en el campo de los nuevos medios digitales, una pastoral que haga vivo y actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién mejor que él para presentar la sabiduría religiosa del pasado como una riqueza a la que recurrir para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja como consagrado en los medios, tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo «digital» los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral. La Palabra podrá así navegar&nbsp;<em>mar adentro</em>&nbsp;hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: «Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos» (<em>Ap</em>&nbsp;3, 20).</p>



<p>En el&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/messages/communications/documents/hf_ben-xvi_mes_20090124_43rd-world-communications-day.html">Mensaje del año pasado</a>&nbsp;animé a los responsables de los procesos comunicativos a promover una cultura de respeto por la dignidad y el valor de la persona humana. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una «diaconía de la cultura» en el «continente digital». Con el Evangelio en las manos y en el corazón, es necesario reafirmar que hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. Más aún, procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. Así, una pastoral en el mundo digital está llamada a tener en cuenta también a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes, pues esos medios permiten entrar en contacto con creyentes de cualquier religión, con no creyentes y con personas de todas las culturas. Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos (cf.&nbsp;<em>Is</em>&nbsp;56,7), quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio —como el «patio de los gentiles» del Templo de Jerusalén— también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido.</p>



<p>El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su dimensión más amplia, todo el mundo digital, representan un gran recurso para la humanidad en su conjunto y para cada persona en la singularidad de su ser, y un estímulo para el debate y el diálogo. Pero constituyen también una gran oportunidad para los creyentes. Ningún camino puede ni debe estar cerrado a quien, en el nombre de Cristo resucitado, se compromete a hacerse cada vez más prójimo del ser humano. Los nuevos medios, por tanto, ofrecen sobre todo a los presbíteros perspectivas pastorales siempre nuevas y sin fronteras, que lo invitan a valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta; a ser testigos en el mundo actual de la vida renovada que surge de la escucha del Evangelio de Jesús, el Hijo eterno que ha habitado entre nosotros para salvarnos. No hay que olvidar, sin embargo, que la fecundidad del ministerio sacerdotal deriva sobre todo de Cristo, al que encontramos y escuchamos en la oración; al que anunciamos con la predicación y el testimonio de la vida; al que conocemos, amamos y celebramos en los sacramentos, sobre todo en el de la Santa Eucaristía y la Reconciliación.</p>



<p>Queridos sacerdotes, os renuevo la invitación a asumir con sabiduría las oportunidades específicas que ofrece la moderna comunicación. Que el Señor os convierta en apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva «ágora» que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.</p>



<p>Con estos deseos, invoco sobre vosotros la protección de la Madre de Dios y del Santo Cura de Ars, y con afecto imparto a cada uno la Bendición Apostólica.</p>



<p><em>Vaticano, 24 de enero 2010, Fiesta de San Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>BENEDICTUS PP. XVI</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/el-sacerdote-y-la-pastoral-en-el-mundo-digitallos-nuevos-medios-al-servicio-de-la-palabra/">«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
