<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>macrodatos archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
	<atom:link href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tag/macrodatos/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tag/macrodatos/</link>
	<description>C.E. para las Comunicaciones Sociales</description>
	<lastBuildDate>Wed, 24 Jan 2024 12:34:22 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/05/cropped-LOGOpng-1-1-32x32.png</url>
	<title>macrodatos archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
	<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tag/macrodatos/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana»</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Jan 2024 10:35:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[deepfakes]]></category>
		<category><![CDATA[inteligencia artificial]]></category>
		<category><![CDATA[jornada mundial]]></category>
		<category><![CDATA[macrodatos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=399539</guid>

					<description><![CDATA[<p>Con motivo de la festividad este 24 de enero de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas y escritores, el papa Francisco acaba de publicar su Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año 2024, con el título «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana». En [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana/">Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Con motivo de la festividad este 24 de enero de <strong>San Francisco de Sales, patrón de los periodistas y escritores</strong>, el papa <a href="https://twitter.com/Pontifex_es?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Eauthor" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Francisco</a> acaba de publicar su <strong>Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales </strong>de este año 2024, con el título <strong>«Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana»</strong>.</p>



<p>En esta ocasión Francisco recuerda como «estamos llamados a crecer juntos, en humanidad y como humanidad». Y señala que «el reto que tenemos ante nosotros es<strong> dar un salto cualitativo para estar a la altura </strong>de una sociedad compleja, multiétnica, pluralista, multirreligiosa y multicultural».</p>



<p>Para el Papa «l<strong>a información no puede separarse de la relación existencial</strong>: implica el cuerpo, el estar en la realidad; exige poner en relación no sólo datos, sino también las experiencias; exige el rostro, la mirada y la compasión más que el intercambio».</p>



<p>A la vez, refiriéndose a la «revolucionaria» Inteligencia Artificial, el Santo Padre resalta que «el uso de<strong> la inteligencia artificial podrá contribuir positivamente en el campo de la comunicación si no anula el papel del periodismo sobre el terreno</strong>, sino que, por el contrario, lo respalda; si aumenta la profesionalidad de la comunicación, responsabilizando a cada comunicador; si devuelve a cada ser humano el papel de sujeto, con capacidad crítica, respecto de la misma comunicación».</p>



<p>La<strong> 58ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales </strong>se celebrará, con motivo de la Ascensión del Señor, el <strong>domingo 12 de mayo</strong>.</p>



<p>A continuación, se reproduce<strong> íntegro el</strong> <strong>Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</strong>.</p>



<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-w7rl26v" id="inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana" data-block-id="w7rl26v"><h2 class="stk-block-heading__text">Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana</h2></div>



<p>Queridos hermanos y hermanas:</p>



<p><strong>La evolución de los sistemas de la así llamada «inteligencia artificial», sobre la que ya reflexioné en mi reciente <em>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz</em>, también está modificando radicalmente la información y la comunicación</strong> y, a través de ellas, algunos de los fundamentos de la convivencia civil. Es un cambio que afecta a todos, no sólo a los profesionales. La difusión acelerada de sorprendentes inventos, cuyo funcionamiento y potencial son indescifrables para la mayoría de nosotros, suscita un asombro que oscila entre el entusiasmo y la desorientación y nos coloca inevitablemente frente a preguntas fundamentales: ¿qué es pues el hombre? <strong>¿cuál es su especificidad y cuál será el futuro de esta especie nuestra llamada <em>homo sapiens</em>, en la era de las inteligencias artificiales?</strong> ¿Cómo podemos seguir siendo plenamente humanos y orientar hacia el bien el cambio cultural en curso?</p>



<p><strong><em>Comenzando desde el corazón</em></strong></p>



<p>Ante todo, <strong>conviene despejar el terreno de lecturas catastrofistas y de sus efectos paralizantes</strong>. Hace un siglo, Romano Guardini, reflexionando sobre la tecnología y el hombre, instaba a no ponerse rígidos ante lo “nuevo” intentando «conservar un mundo de infinita belleza que está a punto de desaparecer». Sin embargo, al mismo tiempo de manera encarecida advertía proféticamente: «Nuestro puesto está en el porvenir. Todos han de buscar posiciones allí donde corresponde a cada uno […], podremos realizar este objetivo si cooperamos noblemente en esta empresa; y a la vez, permaneciendo, en el fondo de nuestro corazón incorruptible, sensibles al dolor que produce la destrucción y el proceder inhumano que se contiene en este mundo nuevo». Y concluía: «Es cierto que se trata, de problemas técnicos, científicos y políticos; pero es preciso resolverlos planteándolos desde el punto de vista humano. <strong>Es preciso que brote una nueva humanidad de profunda espiritualidad, de una libertad y una vida interior nuevas</strong>».[1]</p>



<p>En esta época que corre el riesgo de ser rica en tecnología y pobre en humanidad, nuestra reflexión sólo puede partir del corazón humano.[2] Sólo dotándonos de una mirada espiritual, sólo recuperando una sabiduría del corazón, podremos leer e interpretar la novedad de nuestro tiempo y redescubrir el camino de una comunicación plenamente humana. El corazón, bíblicamente entendido como la sede de la libertad y de las decisiones más importantes de la vida, es símbolo de integridad, de unidad, a la vez que evoca afectos, deseos, sueños, y es sobre todo el lugar interior del encuentro con Dios. <strong>La sabiduría del corazón es, pues, esa virtud que nos permite entrelazar el todo y las partes, las decisiones y sus consecuencias</strong>, las capacidades y las fragilidades, el pasado y el futuro, el yo y el nosotros.</p>



<p><strong>Esta sabiduría del corazón se deja encontrar por quien la busca y se deja ver por quien la ama; se anticipa a quien la desea y va en busca de quien es digno de ella</strong> (cf. <em>Sab</em> 6,12-16). Está con los que se dejan aconsejar (cf. <em>Prov</em> 13,10), con los que tienen el corazón dócil y escuchan (cf. 1 <em>Re</em> 3,9). Es un don del Espíritu Santo, que permite ver las cosas con los ojos de Dios, comprender los vínculos, las situaciones, los acontecimientos y descubrir su sentido. Sin esta sabiduría, la existencia se vuelve insípida, porque es precisamente la sabiduría —cuya raíz latina <em>sapere</em> se relaciona con el <em>sabor</em>— la que da gusto a la vida.</p>



<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-anj9d3k" data-block-id="anj9d3k"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle"><strong><em>Oportunidad y peligro</em></strong></p></div>



<p><strong>No podemos esperar esta sabiduría de las máquinas.</strong> Aunque el término <em>inteligencia artificial </em>ha suplantado al más correcto utilizado en la literatura científica, <em>machine learning</em>, el uso mismo de la palabra “inteligencia” es engañoso. Sin duda, las máquinas poseen una capacidad inconmensurablemente mayor que los humanos para almacenar datos y correlacionarlos entre sí, pero corresponde al hombre, y sólo a él, descifrar su significado. No se trata, pues, de exigir que las máquinas parezcan humanas; sino más bien de despertar al hombre de la hipnosis en la que ha caído debido a su delirio de omnipotencia, creyéndose un sujeto totalmente autónomo y autorreferencial, separado de todo vínculo social y ajeno a su creaturalidad.</p>



<p>En efecto, <strong>el hombre siempre ha experimentado que no puede bastarse a sí mismo e intenta superar su vulnerabilidad utilizando cualquier medio.</strong> Empezando por los primeros artefactos prehistóricos, utilizados como prolongación de los brazos, pasando por los medios de comunicación empleados como prolongación de la palabra, hemos llegado hoy a las máquinas más sofisticadas que actúan como ayuda del pensamiento.<strong> Sin embargo, cada una de estas realidades puede estar contaminada por la tentación original de llegar a ser <em>como</em> Dios <em>sin</em> Dios (</strong>cf. Gn 3), es decir, de querer conquistar por las propias fuerzas lo que, en cambio, debería acogerse como un don de Dios y vivirse en la relación con los demás.</p>



<p>Según la orientación del corazón,<strong> todo lo que está en manos del hombre se convierte en una oportunidad o en un peligro. Su propio cuerpo, creado para ser un lugar de comunicación y comunión, puede convertirse en un medio de agresión</strong>. Del mismo modo, toda extensión técnica del hombre puede ser un instrumento de servicio amoroso o de dominación hostil. Los sistemas de inteligencia artificial pueden contribuir al proceso de liberación de la ignorancia y facilitar el intercambio de información entre pueblos y generaciones diferentes. Pueden, por ejemplo, hacer accesible y comprensible una enorme riqueza de conocimientos escritos en épocas pasadas o hacer que las personas se comuniquen en lenguas que no conocen. Pero al mismo tiempo pueden ser instrumentos de “contaminación cognitiva”, de alteración de la realidad a través de narrativas parcial o totalmente falsas que se creen —y se comparten— como si fueran verdaderas. <strong>Baste pensar en el problema de la desinformación al que nos enfrentamos desde hace años</strong> en forma de <em>fake news</em> [3] y que hoy se sirve de <em>deepfakes</em>, es decir, de la creación y difusión de imágenes que parecen perfectamente verosímiles pero que son falsas (también yo he sido objeto de ello), o de mensajes de audio que utilizan la voz de una persona para decir cosas que nunca ha dicho. <strong>La simulación, que está a la base de estos programas, puede ser útil en algunos campos específicos, pero se vuelve perversa cuando distorsiona la relación con los demás y la realidad</strong>.</p>



<p>Ya desde la primera ola de la inteligencia artificial, la de los medios sociales, hemos comprendido su ambivalencia, dándonos cuenta tanto de sus potencialidades como de sus riesgos y patologías. El segundo nivel de inteligencia artificial generativa marca un salto cualitativo indiscutible. Por lo tanto, es importante tener la capacidad de entender, comprender y regular herramientas que en manos equivocadas podrían abrir escenarios adversos. Como todo lo que ha salido de la mente y de las manos del hombre, los algoritmos. Por ello, <strong>es necesario actuar preventivamente, proponiendo modelos de regulación ética para frenar las implicaciones nocivas y discriminatorias, socialmente injustas, de los sistemas de inteligencia artificial y contrarrestar su uso en la reducción del pluralismo, la polarización de la opinión pública o la construcción de un pensamiento único</strong>. Así pues, renuevo mi llamamiento exhortando a «la comunidad de las naciones a trabajar unida para adoptar un tratado internacional vinculante, que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas».[4] Sin embargo, como en cualquier ámbito humano, la sola reglamentación no es suficiente</p>



<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-8ujz5v2" data-block-id="8ujz5v2"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle"><strong><em>Crecer en humanidad</em></strong></p></div>



<p>Estamos llamados a crecer juntos, en humanidad y como humanidad. <strong>El reto que tenemos ante nosotros es dar un salto cualitativo para estar a la altura de una sociedad compleja, multiétnica, pluralista, multirreligiosa y multicultural. </strong>Nos corresponde cuestionarnos sobre el desarrollo teórico y el uso práctico de estos nuevos instrumentos de comunicación y conocimiento. Grandes posibilidades de bien acompañan al riesgo de que todo se transforme en un cálculo abstracto, que reduzca las personas a meros datos, el pensamiento a un esquema, la experiencia a un caso, el bien a un beneficio, y sobre todo que acabemos negando la unicidad de cada persona y de su historia, disolviendo la concreción de la realidad en una serie de estadísticas.</p>



<p><strong>La revolución digital puede hacernos más libres, pero no ciertamente si nos dejamos atrapar por los fenómenos mediáticos hoy conocidos como <em>cámara de eco</em>.</strong> En tales casos, en lugar de aumentar el pluralismo de la información, corremos el riesgo de perdernos en un pantano desconocido, al servicio de los intereses del mercado o del poder. Es inaceptable que el uso de la inteligencia artificial conduzca a un pensamiento anónimo, a un ensamblaje de datos no certificados, a una negligencia colectiva de responsabilidad editorial. La representación de la realidad en <em>macrodatos</em>, por muy funcional que sea para la gestión de las máquinas, implica de hecho una pérdida sustancial de la verdad de las cosas, que dificulta la comunicación interpersonal y amenaza con dañar nuestra propia humanidad.<strong> La información no puede separarse de la relación existencial: implica el cuerpo, el estar en la realidad; exige poner en relación no sólo datos, sino también las experiencias; exige el rostro, la mirada y la compasión más que el intercambio</strong>.</p>



<p>Pienso en los reportajes de las guerras y en la “guerra paralela” que se hace mediante campañas de desinformación. Y pienso en cuántos reporteros resultan heridos o mueren sobre el terreno para permitirnos ver lo que han visto sus ojos. Porque sólo tocando el sufrimiento de niños, mujeres y hombres podemos comprender lo absurdo de las guerras.</p>



<p><strong>El uso de la inteligencia artificial podrá contribuir positivamente en el campo de la comunicación si no anula el papel del periodismo sobre el terreno</strong>, sino que, por el contrario, lo respalda; si aumenta la profesionalidad de la comunicación, responsabilizando a cada comunicador; si devuelve a cada ser humano el papel de sujeto, con capacidad crítica, respecto de la misma comunicación.</p>



<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-v5n8lof" data-block-id="v5n8lof"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle"><strong><em>Interrogantes para el hoy y para el mañana</em></strong></p></div>



<p>Así pues, surgen espontáneamente algunas preguntas: ¿cómo proteger la profesionalidad y la dignidad de los trabajadores del ámbito de la comunicación y la información, junto con la de los usuarios de todo el mundo? <strong>¿Cómo garantizar la interoperabilidad de las plataformas?</strong> ¿Cómo garantizar que las empresas que desarrollan plataformas digitales asuman la responsabilidad de lo que difunden y de lo cual obtienen beneficios, del mismo modo que los editores de los medios de comunicación tradicionales? ¿Cómo hacer más transparentes los criterios en los que se basan los algoritmos de indexación y desindexación y los motores de búsqueda, capaces de exaltar o cancelar personas y opiniones, historias y culturas? ¿Cómo garantizar la transparencia de los procesos de información? ¿Cómo hacer evidente la autoría de los escritos y rastreables las fuentes, evitando el manto del anonimato? ¿Cómo poner de manifiesto si una imagen o un vídeo retratan un acontecimiento o lo simulan? ¿Cómo evitar que las fuentes se reduzcan a un pensamiento único, elaborado algorítmicamente? ¿Y cómo fomentar, en cambio, un entorno que preserve el pluralismo y represente la complejidad de la realidad? ¿Cómo hacer sostenible esta herramienta potente, costosa y de alto consumo energético? ¿Cómo hacerla accesible también a los países en desarrollo?</p>



<p><strong>A partir de las respuestas a estas y otras preguntas, comprenderemos si la inteligencia artificial acabará construyendo nuevas castas basadas en el dominio de la información, generando nuevas formas de explotación y desigualdad</strong>; o si, por el contrario, traerá más igualdad, promoviendo una información correcta y una mayor conciencia del cambio de época que estamos viviendo, favoreciendo la escucha de las múltiples necesidades de las personas y de los pueblos, en un sistema de información articulado y pluralista. Por una parte, se cierne el espectro de una nueva esclavitud, por la otra, una conquista de la libertad; por un lado, la posibilidad de que unos pocos condicionen el pensamiento de todos, por otro, la posibilidad de que todos participen en la elaboración del pensamiento.</p>



<p><strong>La respuesta no está escrita, depende de nosotros</strong>. Corresponde al hombre decidir si se convierte en alimento de algoritmos o en cambio sí alimenta su corazón con la libertad, ese corazón sin el cual no creceríamos en sabiduría. Esta sabiduría madura sacando provecho del tiempo y comprendiendo las debilidades. Crece en la alianza entre generaciones, entre quienes tienen memoria del pasado y quienes tienen visión de futuro. <strong>Sólo juntos crece la capacidad de discernir, de vigilar, de ver las cosas a partir de su cumplimiento. Para no perder nuestra humanidad, busquemos la Sabiduría que es anterior a todas las cosas</strong> (cf. <em>Si </em>1,4), la que pasando por los corazones puros hace amigos de Dios profetas (cf. <em>Sab</em> 7,27). Ella nos ayudará también a orientar los sistemas de inteligencia artificial a una comunicación plenamente humana.</p>



<p><em>Roma, en San Juan de Letrán, 24 de enero de 2024</em></p>



<p>FRANCISCO</p>



<p></p>



<p>[1] Cartas del Lago de Como, Pamplona 2013, 101-104.</p>



<p>[2] En continuidad con los Mensajes de las anteriores Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales, dedicadas a encontrar <em>a las personas donde están y como son</em> (2021), <em>escuchar con los oídos del corazón</em> (2022) y <em>hablar con el corazón</em> (2023).</p>



<p>[3] “<em>La verdad os hará libres</em>” (<em>Jn</em> 8, 32). Fake news y periodismo de paz. <em>Mensaje de la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</em>, 2018.</p>



<p>[4] Mensaje para la Celebración de la 57 Jornada Mundial de la Paz (1 enero 2024), 8</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana/">Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
