<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Mensajes del Santo Padre archivos -</title>
	<atom:link href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tema/documentos/mensajes-del-santo-padre/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tema/documentos/mensajes-del-santo-padre/</link>
	<description>C.E. para las Comunicaciones Sociales</description>
	<lastBuildDate>Sat, 24 Jan 2026 11:48:54 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.1</generator>

<image>
	<url>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2023/05/cropped-LOGOpng-1-1-32x32.png</url>
	<title>Mensajes del Santo Padre archivos -</title>
	<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/tema/documentos/mensajes-del-santo-padre/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>«Preservar las voces y rostros humanos», Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/preservar-las-voces-y-rostros-humanos-mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=preservar-las-voces-y-rostros-humanos-mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Jan 2026 11:39:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[desinformación]]></category>
		<category><![CDATA[IA]]></category>
		<category><![CDATA[inteligencia artificial]]></category>
		<category><![CDATA[León XIV]]></category>
		<category><![CDATA[Papa]]></category>
		<category><![CDATA[polarización]]></category>
		<category><![CDATA[Pontífice]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=401519</guid>

					<description><![CDATA[<p>En la festividad de san Francisco de Sales, patrono de los comunicadores, la Santa Sede ha hecho público el Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra el próximo 17 de mayo. Con el lema «Preservar las voces y rostros humanos», el Papa insiste en que la [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/preservar-las-voces-y-rostros-humanos-mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales/">«Preservar las voces y rostros humanos», Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>En la festividad de<strong> san Francisco de Sales</strong>, patrono de los comunicadores, la <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Santa Sede</a> ha hecho público el Mensaje del papa <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>León XIV</strong></a> para la <strong>Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</strong>, que se celebra el próximo <strong>17 de mayo.</strong> Con el lema<strong> «Preservar las voces y rostros humanos»,</strong> el <a href="https://x.com/Pontifex_es" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Papa</a> insiste en que la eficiencia y alcance de los avances en la comunicación no pueden reemplazar las capacidades exclusivamente humanas de empatía, ética y responsabilidad moral. </p>



<p>«Si bien la IA puede brindar apoyo y asistencia en la gestión de tareas de comunicación,<strong> eludir el esfuerzo de nuestro propio pensamiento y conformarnos con una compilación estadística artificial corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y de comunicación a largo plazo</strong>«, señala León XIV en su primer mensaje como pontífice para Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.</p>



<p>Al tiempo que el Papa señala las grandes oportunidades que se presentan gracias a los avances en el ámbito de la comunicación, no deja a su vez de advertir de los riesgos reales que también conlleva el uso de la inteligencia artificial: » <strong>El poder de la simulación es tal que la IA puede incluso engañarnos fabricando «realidades» paralelas, apropiándose de nuestros rostros y voces</strong>. Estamos inmersos en una multidimensionalidad donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.»</p>



<p>«Eludir el esfuerzo de nuestro propio pensamiento y conformarnos con una compilación estadística artificial corre el <strong>riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y de comunicación</strong> a largo plazo», advierte León XIV en su mensaje.</p>



<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-01z6xeg" id="mensaje-del-santo-padre-leon-xiv-para-la-60-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales" data-block-id="01z6xeg"><h2 class="stk-block-heading__text">Mensaje del Santo Padre León XIV para la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</h2></div>



<p><strong>Preservando voces y rostros humanos</strong></p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p><strong>El rostro y la voz son rasgos únicos y distintivos de cada persona</strong>; manifiestan su identidad irrepetible y son el elemento constitutivo de cada encuentro. Los antiguos lo sabían bien. Así, para definir a la persona humana, los antiguos griegos usaban la palabra «rostro» (<em>prósōpon</em>), que etimológicamente indica aquello que está ante la mirada, el lugar de presencia y relación. El término latino «persona» (de&nbsp;<em>per-sonare</em>&nbsp;) incluye, en cambio, el sonido: no cualquier sonido, sino la voz inconfundible de alguien.</p>



<p><strong>El rostro y la voz son sagrado</strong>s. Nos los dio Dios, quien nos creó a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que él mismo nos dirigió; una Palabra que resonó primero a lo largo de los siglos en las voces de los profetas, y luego se hizo carne en la plenitud de los tiempos. Esta Palabra —esta comunicación que Dios hace de sí mismo— también la hemos podido escuchar y ver directamente (cf.&nbsp;<em>1 Jn</em>&nbsp;1,1-3), porque se manifestó en la voz y el rostro de Jesús, el Hijo de Dios.</p>



<p>Desde el momento de su creación, <strong>Dios quiso al hombre como su interlocutor </strong>y, como dice san Gregorio de Nisa,&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/it/messages/communications/documents/20260124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn1">[1]</a>&nbsp;<strong>imprimió en su rostro un reflejo del amor divino</strong>, para que pudiera vivir plenamente su humanidad a través del amor. Preservar los rostros y las voces humanas significa, por tanto, preservar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios. No somos una especie compuesta de algoritmos bioquímicos, definidos de antemano. <strong>Cada uno de nosotros tiene una vocación irremplazable e inimitable que surge de la vida </strong>y se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás.</p>



<p>Si no nos protegemos,<strong> la tecnología digital corre el riesgo de alterar</strong> radicalmente algunos de <strong>los pilares fundamentales de la civilización humana</strong>, que a veces damos por sentados. Al simular voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas de información, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación: las relaciones entre personas.</p>



<p>El desafío, por lo tanto, no es tecnológico, sino antropológico. <strong>Proteger rostros y voces significa, en última instancia, protegernos a nosotros mismos</strong>. Aprovechar las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial con valentía, determinación y discernimiento no significa ocultarnos problemas críticos, opacidades y riesgos.&nbsp;&nbsp;</p>



<p><em><strong>No renuncies a tu propio pensamiento</strong></em></p>



<p>Desde hace tiempo existe abundante evidencia de que los algoritmos diseñados para maximizar la interacción en redes sociales —rentables para las plataformas— recompensan las emociones espontáneas y penalizan las expresiones humanas que requieren más tiempo, como el esfuerzo de comprensión y reflexión.<strong> Al confinar a grupos de personas en burbujas de consenso e indignación</strong> fáciles, estos algoritmos<strong> debilitan la capacidad de escuchar y pensar críticamente, y aumentan la polarización </strong>social.</p>



<p>A esto <strong>se suma una confianza ingenua y acrítica en la inteligencia artificial como un «amigo</strong>» omnisciente, el dispensador de toda la información, el depositario de todos los recuerdos, el «oráculo» de todos los consejos. Todo esto puede erosionar aún más nuestra capacidad de pensar analítica y creativamente, comprender el significado y distinguir entre sintaxis y semántica.</p>



<p>Si bien la IA puede brindar apoyo y asistencia en la gestión de tareas de comunicación, <strong>eludir el esfuerzo de nuestro propio pensamiento y conformarnos con una compilación estadística artificial corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y de comunicación a largo plazo.</strong></p>



<p>En los últimos años, los sistemas de inteligencia artificial han tomado cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. <strong>Gran parte de la industria creativa humana corre el riesgo de ser desmantelada y reemplazada por la etiqueta «<em>Impulsada por IA</em>«</strong>, transformando a las personas en meros consumidores pasivos de ideas irreflexivas, productos anónimos, no autorizados y despreciados. Mientras tanto, las obras maestras del genio humano en la música, el arte y la literatura se reducen a meros campos de entrenamiento para las máquinas.</p>



<p>La pregunta que nos preocupa, sin embargo, no es qué puede o podrá hacer la máquina, sino <strong>qué podemos y podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con el uso sabio de estas poderosas herramientas</strong> a nuestro servicio. Los humanos siempre hemos tenido la tentación de apropiarnos de los frutos del conocimiento sin el esfuerzo de involucrarnos, investigar y asumir nuestra responsabilidad personal. Renunciar al proceso creativo y entregar nuestras funciones mentales e imaginación a las máquinas, sin embargo, significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y los demás. Significa ocultarnos y silenciar nuestras voces.</p>



<p><em><strong>Ser o fingir: simular relaciones y la realidad</strong></em></p>



<p><strong>A medida que navegamos por nuestro feed de información&nbsp;<em>,</em>&nbsp;se vuelve cada vez más difícil determinar si interactuamos con otros humanos</strong>, con »&nbsp;<em>bots</em>&nbsp;» o&nbsp;<em>«influencers virtuales».</em>&nbsp;&nbsp;Las intervenciones opacas de estos agentes automatizados influyen en los debates públicos y las decisiones de las personas.&nbsp;<em>Los chatbots</em>&nbsp;basados ​​en grandes modelos lingüísticos (LLM), en particular, están demostrando ser sorprendentemente eficaces en la persuasión encubierta, mediante la optimización continua de interacciones personalizadas. <strong>La estructura dialógica, adaptativa y mimética de estos modelos lingüísticos es capaz de imitar los sentimientos humanos y, por lo tanto, simular una relación</strong>. Esta antropomorfización, que incluso puede resultar divertida, también es engañosa, especialmente para los más vulnerables. Porque los chatbots&nbsp;<em>excesivamente</em>&nbsp;«afectuosos», además de estar siempre presentes y disponibles, pueden convertirse en arquitectos ocultos de nuestros estados emocionales y, por lo tanto, invadir y ocupar la esfera privada de las personas.</p>



<p><strong>La tecnología que explota nuestra necesidad de conexión no solo puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas, sino también dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades. </strong>Esto ocurre cuando reemplazamos las relaciones con otros por otras con IA entrenadas para catalogar nuestros pensamientos y, así, construimos un mundo de espejos a nuestro alrededor, donde todo está hecho «a nuestra imagen y semejanza». De esta manera, nos privamos de la oportunidad de encontrarnos con el otro, que siempre es diferente a nosotros, y con quien podemos y debemos aprender a conectar. Sin aceptar la alteridad, no puede haber relación ni amistad.</p>



<p>Otro desafío importante que plantean estos sistemas emergentes es<strong> el sesgo&nbsp;<em>,</em>&nbsp;que conduce a la adquisición y transmisión de una percepción alterada de la realidad.</strong> Los modelos de IA se moldean según la cosmovisión de quienes los construyen y pueden, a su vez, imponer formas de pensar al replicar los estereotipos y sesgos presentes en los datos que utilizan. La falta de transparencia en el diseño de algoritmos, sumada a una representación social inadecuada de los datos, tiende a atraparnos en redes que manipulan nuestros pensamientos y perpetúan y profundizan las desigualdades e injusticias sociales existentes.</p>



<p>El riesgo es grande. <strong>El poder de la simulación es tal que la IA puede incluso engañarnos fabricando «realidades» paralelas, apropiándose de nuestros rostros y voces. </strong>Estamos inmersos en una multidimensionalidad donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción.</p>



<p>A esto se suma el problema de la inexactitud. Los sistemas que hacen pasar la probabilidad estadística por conocimiento, en el mejor de los casos, nos ofrecen aproximaciones a la verdad, que a veces son puras «alucinaciones». <strong>La falta de verificación de las fuentes, sumada a la crisis del periodismo de campo</strong>, que exige la recopilación y verificación constante de información en el lugar de los hechos, <strong>puede crear un terreno aún más fértil para la desinformación</strong>, generando una creciente sensación de desconfianza, confusión e inseguridad.</p>



<p><em><strong>Una posible alianza</strong></em></p>



<p>Detrás de esta enorme fuerza invisible que nos involucra a todos, solo hay un puñado de empresas, cuyos fundadores fueron presentados recientemente como los creadores de la «persona del año 2025», es decir, los arquitectos de la inteligencia artificial. Esto plantea importantes preocupaciones sobre el control oligopólico de sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial capaces de guiar sutilmente comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad —incluida la historia de la Iglesia—, a menudo sin que seamos plenamente conscientes de ello.</p>



<p><strong>El reto que tenemos ante nosotros no es frenar la innovación digital, sino guiarla</strong>, conscientes de su naturaleza ambivalente. Nos corresponde a cada uno alzar la voz en defensa de la humanidad, <strong>para que podamos integrar estas herramientas como aliados.</strong></p>



<p>Esta alianza es posible, pero debe basarse en tres pilares:<strong>&nbsp;<em>responsabilidad</em>&nbsp;,&nbsp;<em>cooperación</em>&nbsp;y&nbsp;<em>educación</em></strong>.</p>



<p>En primer lugar,&nbsp;<em>la responsabilidad</em>&nbsp;. Dependiendo del rol, puede definirse como honestidad, transparencia, valentía, visión, el deber de compartir el conocimiento o el derecho a estar informado. Pero, en general, nadie puede eludir su responsabilidad por el futuro que estamos construyendo.</p>



<p>Para quienes están al mando de plataformas en línea, esto significa garantizar que sus<strong> estrategias de negocio </strong>estén guiadas no solo por la maximización de las ganancias, sino también por una visión de futuro <strong>que tenga en cuenta el bien común</strong>, así como cada uno de ellos se preocupa por el bienestar de sus hijos.</p>



<p>Los creadores y desarrolladores de modelos de IA deben ser<strong> transparentes y socialmente responsables</strong> con respecto a los principios de diseño y los sistemas de moderación subyacentes a sus algoritmos y modelos desarrollados, a fin de fomentar el consentimiento informado entre los usuarios.</p>



<p>La misma responsabilidad recae también sobre los legisladores nacionales y los reguladores supranacionales, responsables de garantizar el respeto a la dignidad humana. <strong>Una regulación adecuada puede proteger a las personas de la vinculación emocional con los chatbots&nbsp;<em>y</em>&nbsp;contener la difusión de contenido falso, manipulador o engañoso</strong>, preservando la integridad de la información contra simulaciones engañosas.</p>



<p><em>Las empresas de medios</em>&nbsp;y comunicaciones ,&nbsp;por su parte, no pueden permitir que algoritmos empeñados en ganar a toda costa unos segundos extra de atención prevalezcan sobre sus valores profesionales, centrados en la búsqueda de la verdad. La confianza pública se gana con precisión y transparencia, no buscando ningún tipo de interacción. <strong>El contenido generado o manipulado por IA debe estar claramente identificado y diferenciado del contenido creado por humanos</strong>. La autoría y la propiedad soberana del trabajo de periodistas y otros creadores de contenido deben protegerse. La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes interesadas y un alto nivel de calidad.</p>



<p>Todos estamos llamados a&nbsp;<em>cooperar .</em><strong><em> Ningún sector puede abordar el desafío de impulsar la innovación digital y&nbsp;la gobernanza de</em>&nbsp;la IA por sí solo</strong>. Por lo tanto, es necesario crear mecanismos de salvaguardia. Todas las partes interesadas —desde la industria tecnológica hasta los reguladores, desde las empresas creativas hasta el mundo académico, desde los artistas hasta los periodistas y los educadores— deben participar en la construcción e implementación de una ciudadanía digital informada y responsable.</p>



<p>Esto es lo que pretende&nbsp;<strong><em>la educación</em>&nbsp;: aumentar nuestra capacidad personal de reflexión crítica, evaluar la fiabilidad de las fuentes y los posibles intereses</strong> que hay detrás de la selección de la información que nos llega, comprender los mecanismos psicológicos que las activan, permitir a nuestras familias, comunidades y asociaciones desarrollar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable.</p>



<p>Precisamente por esta razón, <strong>es cada vez más urgente introducir la alfabetización&nbsp;<em>mediática</em></strong>&nbsp;, informativa y de inteligencia artificial en los sistemas educativos a todos los niveles, una práctica que algunas instituciones civiles ya están promoviendo. Como católicos, podemos y debemos<strong> contribuir a que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensamiento crítico y crezcan en libertad espiritua</strong>l. Esta alfabetización también debería integrarse en iniciativas más amplias de educación permanente, llegando también a las personas mayores y a los miembros marginados de la sociedad, quienes a menudo se sienten excluidos e impotentes ante los rápidos cambios tecnológicos.</p>



<p>La alfabetización&nbsp;<em>en medios</em>&nbsp;, información e IA ayudará a todos a evitar adaptarse a la deriva antropomorfizante de estos sistemas, y a tratarlos como herramientas, a utilizar siempre la validación externa de las fuentes proporcionadas por los sistemas de IA (que puede ser inexacta o incorrecta) y a proteger su privacidad y sus datos mediante la comprensión de los parámetros de seguridad y las opciones de impugnación. <strong>Es importante educar y aprender sobre cómo usar la IA intencionalmente y, en este contexto, proteger la imagen (foto y audio), el rostro y la voz, para evitar que se utilicen para crear contenido y comportamientos dañinos como el fraude digital, el ciberacoso y&nbsp;<em>las falsificaciones profundas</em>&nbsp;que violan&nbsp;<em>la privacidad</em>&nbsp;e intimidad de las personas sin su consentimiento. </strong>Así como la revolución industrial requirió alfabetización básica para que las personas pudieran reaccionar ante las novedades, también la revolución digital requiere alfabetización digital (junto con educación humanística y cultural) para comprender cómo los algoritmos moldean nuestra percepción de la realidad, cómo funcionan los sesgos de la IA, qué mecanismos determinan la aparición de cierto contenido en nuestros flujos de información (&nbsp;<em>feeds</em>&nbsp;), y cuáles son los supuestos y modelos económicos de la economía de la IA y cómo pueden cambiar.</p>



<p><strong>Necesitamos el rostro y la voz para expresar de nuevo a la persona</strong>. Necesitamos valorar el don de la comunicación como la verdad más profunda de la humanidad, hacia la que también debemos orientar toda innovación tecnológica.</p>



<p>Al ofrecer estas reflexiones, agradezco a todos aquellos que trabajan por los objetivos aquí delineados y bendigo de corazón a todos aquellos que trabajan por el bien común a través de los medios de comunicación.</p>



<p><em>Vaticano, 24 de enero de 2026, memoria de san Francisco de Sales.</em></p>



<p>León PP. XIV</p>



<p>______________________________</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/it/messages/communications/documents/20260124-messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;“El hecho de haber sido creado a imagen de Dios significa que el hombre, desde el momento de su creación, ha sido dotado de un carácter real [&#8230;]. Dios es amor y fuente de amor: el divino Creador también ha puesto este rasgo en nuestro rostro, para que a través del amor —reflejo del amor divino— el ser humano pueda reconocer y manifestar la dignidad de su naturaleza y su semejanza con su Creador” (cf. San Gregorio de Nisa,&nbsp;<em>La creación del hombre</em>&nbsp;:&nbsp;<em>PG</em>&nbsp;44, 137).</p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/preservar-las-voces-y-rostros-humanos-mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales/">«Preservar las voces y rostros humanos», Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Materiales divulgativos para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2025</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/materiales-divulgativos-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-2025/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=materiales-divulgativos-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-2025</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 May 2025 08:01:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[año jubilar]]></category>
		<category><![CDATA[CEU]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[COPE]]></category>
		<category><![CDATA[El día del Señor]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[eucaristía]]></category>
		<category><![CDATA[jornada mundial]]></category>
		<category><![CDATA[La 2]]></category>
		<category><![CDATA[León XIV]]></category>
		<category><![CDATA[liturgia]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[RTVE]]></category>
		<category><![CDATA[TVE]]></category>
		<category><![CDATA[universidad]]></category>
		<category><![CDATA[UPSA]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=400699</guid>

					<description><![CDATA[<p>El domingo 1 de junio, Solemnidad de la Ascensión del Señor, se celebra la&#160;59º&#160;Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.&#160;«Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones» es el&#160;lema con el que se anuncia esta jornada pontificia en 2025. Ese mismo día, se celebrará una Eucaristía en la capilla del&#160;Colegio Mayor San Pablo- CEU&#160;presidida [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/materiales-divulgativos-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-2025/">Materiales divulgativos para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2025</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El domingo<strong> 1 de junio</strong>, Solemnidad de la <strong>Ascensión del Señor</strong>, se celebra la&nbsp;<strong>59º</strong>&nbsp;<strong>Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.</strong>&nbsp;<strong>«<em>Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones</em>»</strong> es el&nbsp;lema con el que se anuncia esta jornada pontificia en 2025.</p>



<p>Ese mismo día, se celebrará una Eucaristía en la capilla del&nbsp;<a href="https://cmsanpablo.es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Colegio Mayor San Pablo- CEU&nbsp;</strong></a>presidida por&nbsp;<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/obispos/jose-manuel-lorca-planes/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Mons. José Manuel Lorca Planes,</strong>&nbsp;</a>obispo de <a href="https://diocesisdecartagena.org/">Cartagena</a> y presidente de la <strong>Comisión episcopal para las Comunicaciones Sociales</strong> (CECS). Será ocasión de evocar a todos <strong>los comunicadores, periodistas y trabajadores de los medios</strong>, para que<strong> vivan su vocación con respeto, mansedumbre y amor a la verdad</strong>, <strong>ayudando a construir puentes y no muros</strong>, siendo verdaderos testigos en medio del mundo como <strong>comunicadores de paz y sembradores de esperanza</strong>. Esta celebración litúrgica se retransmite en <a href="https://www.rtve.es/play/videos/directo/destacadola2/"><strong>La 2</strong></a> de <a href="https://www.rtve.es/television/">TVE</a>, a las 10.30 horas de ese domingo en el programa<strong>&nbsp;<a href="https://www.rtve.es/play/videos/el-dia-del-senor/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">El día del Seño</a></strong><a href="https://www.rtve.es/play/videos/el-dia-del-senor/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>r</strong></a>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La esperanza, condición imprescindible</h2>



<p>Con motivo del&nbsp;<a href="https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/segni-del-giubileo.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>año jubilar</strong></a>&nbsp;al que estamos todos convocados este año 2025, el mensaje para esta Jornada mundial de las Comunicaciones que dejara escrito el recordado papa Francisco evoca como&nbsp;<strong>«la esperanza es siempre un proyecto comunitario»</strong>, y como para los cristianos «<strong>la esperanza no es una elección opcional, sino una condición imprescindible</strong>«.</p>



<figure class="wp-block-video"><video height="464" style="aspect-ratio: 848 / 464;" width="848" controls src="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/otro.mp4"></video></figure>



<p>En su mensaje escrito para esta<strong> Jornada mundial de las Comunicaciones</strong> por el papa <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html"><strong>Francisco</strong></a> se invita a comunicar con esperanza, en un mundo muchas veces herido por la polarización, la desinformación y la agresividad verbal. Con el tema&nbsp;<em><strong>«Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones»</strong></em>, se apunta que<strong> comunicar no es solo transmitir noticias, sino crear comunión</strong>, cuidar el corazón,<strong> promover la dignidad y sembrar esperanza</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="materiales">Enlaces a los materiales de la Jornada Mundial 2025</h2>



<p>Entre los<strong>&nbsp;materiales</strong>&nbsp;para esta jornada recopilados por la<strong><a href="https://x.com/CECS_CEE"> Comisión episcopal para las Comunicaciones sociales</a></strong>, junto con el <strong><a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/compartan-con-mansedumbre-la-esperanza-que-hay-en-sus-corazones-mensaje-del-papa-para-la-jornada-de-las-comunicaciones/">Mensaje Pontificio del Santo Padre Francisco</a></strong>, destacan el <strong>subsidio litúrgico</strong> con las indicaciones para la celebración del domingo 1 de junio; el <strong>discurso del Santo Padre <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html">Fra</a></strong><a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html"><strong>ncisco</strong></a> <strong>a </strong>los obispos presidentes de<strong> las Comisiones de Comunicación y </strong>Directores Nacionales de <strong>las Oficinas de Comunicación</strong>; y el <strong>Encuentro del Papa <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es.html">León XIV</a> con los representantes de los medios de comunicación</strong> acudidos a Roma para el cónclave. </p>



<p>Se complementa con la <strong>propuesta formativa</strong> del <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/nuevo-curso-superior-en-comunicacion-de-la-upsa/"><strong>Curso superior en Comunicación social</strong></a> impartida por la <a href="https://www.upsa.es/">Universidad Pontificia de Salamanca</a>. Además, se relaciona la <strong>programación socio-religiosa </strong>en los medios de comunicación. De la cadena de radio <a href="https://www.cope.es/"><strong>COPE</strong></a> y la televisión <a href="https://www.cope.es/trecetv"><strong>TRECE</strong></a>, pertenecientes al grupo <a href="https://es.linkedin.com/company/absidemedia"><strong>Ábside Media</strong></a>, y de <a href="https://www.rtve.es/play/la-2/"><strong>La 2</strong></a> de <a href="https://www.rtve.es/television/">Televisión Española</a>, junto con los espacios en <a href="https://www.rtve.es/radio/radioclasica/"><strong>Radio 5</strong></a>, <a href="https://www.rtve.es/radio/radio-exterior/"><strong>Radio Exterior</strong></a> y <strong><a href="https://www.rtve.es/play/radio/rne/">Radio Nacional</a>, </strong> cadena y emisoras que corresponden a la corporación pública <a href="https://www.rtve.es/"><strong>RTVE</strong></a>.</p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20250124-messaggio-comunicazioni-sociali.html"><strong>MENSAJE PONTIFICIO PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</strong></a></p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/2-jubileo-de-la-comunicacion/"><strong>DISCURSO DE FRANCISCO EN EL JUBILEO DE LA COMUNICACIÓN</strong></a></p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/DISCURSO-DEL-SANTO-PADRE-FRANCISCO-2.docx" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>DISCURSO DE FRANCISCO A LAS COMISIONES EPISCOPALES DE COMUNICACIÓN Y A LAS OFICINAS DE COMUNICACIÓN</strong></a></p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Leon-XIV-Encuentro-con-los-representantes-de-los-medios-de-comunicacion-acudidos-a-Roma-para-el-conclave.docx" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>DISCURSO DE LEÓN XIV A LOS REPRESENTANTES DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN</strong></a></p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/4-Subsidio-liturgico-Ascension-del-Senor-LIX-Jornada-de-las-Comunicaciones-Sociales.docx" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>SUBSIDIO LITÚRGICO</strong></a></p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Programacion-socio-religiosa-2025.docx" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>PROGRAMACIÓN SOCIO-RELIGIOSA</strong></a></p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.upsa.es/oferta-academica/curso-superior-en-comunicacion-social" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>CURSO SUPERIOR EN COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA UPSA</strong></a></p>



<h3 class="wp-block-heading" id="carteles">Carteles con el lema de la Jornada Mundial</h3>



<div class="wp-block-stackable-columns stk-block-columns stk-block stk-e361e97" data-block-id="e361e97"><div class="stk-row stk-inner-blocks stk-block-content stk-content-align stk-e361e97-column">
<div class="wp-block-stackable-column stk-block-column stk-column stk-block stk-de31e18" data-v="4" data-block-id="de31e18"><style>@media screen and (min-width: 768px){.stk-de31e18 {flex:var(--stk-flex-grow, 1) 1 25% !important;}}</style><div class="stk-column-wrapper stk-block-column__content stk-container stk-de31e18-container stk--no-background stk--no-padding"><div class="stk-block-content stk-inner-blocks stk-de31e18-inner-blocks">
<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="213" height="300" src="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Cartel-Comunicaciones-Sociales-Castellano-213x300-1.jpg" alt="" class="wp-image-400716"/></figure>



<p><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Cartel_castellano_comunicaciones_sociales.pdf">Descargar en castellano</a></p>
</div></div></div>



<div class="wp-block-stackable-column stk-block-column stk-column stk-block stk-b5fd661" data-v="4" data-block-id="b5fd661"><style>@media screen and (min-width: 768px){.stk-b5fd661 {flex:var(--stk-flex-grow, 1) 1 25% !important;}}</style><div class="stk-column-wrapper stk-block-column__content stk-container stk-b5fd661-container stk--no-background stk--no-padding"><div class="stk-block-content stk-inner-blocks stk-b5fd661-inner-blocks">
<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="214" height="300" src="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Catalan-Comunicaciones-Sociales-2025-214x300-1.jpg" alt="" class="wp-image-400717"/></figure>



<p><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Cartel-Catalan-Comunicaciones-Sociales.pdf">Descargar en catalán</a></p>
</div></div></div>



<div class="wp-block-stackable-column stk-block-column stk-column stk-block stk-50362f4" data-v="4" data-block-id="50362f4"><style>@media screen and (min-width: 768px){.stk-50362f4 {flex:var(--stk-flex-grow, 1) 1 25% !important;}}</style><div class="stk-column-wrapper stk-block-column__content stk-container stk-50362f4-container stk--no-background stk--no-padding"><div class="stk-block-content stk-inner-blocks stk-50362f4-inner-blocks">
<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="213" height="300" src="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Gallego-Cartel-Comunicaciones-Sociales-1-213x300-1.jpg" alt="" class="wp-image-400718"/></figure>



<p><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Cartel-gallego-comunicaciones-sociales.pdf">Descargar en gallego</a></p>
</div></div></div>



<div class="wp-block-stackable-column stk-block-column stk-column stk-block stk-cad00ec" data-v="4" data-block-id="cad00ec"><style>@media screen and (min-width: 768px){.stk-cad00ec {flex:var(--stk-flex-grow, 1) 1 25% !important;}}</style><div class="stk-column-wrapper stk-block-column__content stk-container stk-cad00ec-container stk--no-background stk--no-padding"><div class="stk-block-content stk-inner-blocks stk-cad00ec-inner-blocks">
<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="216" height="300" src="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Cartel-Euskera-Comunicaciones-Sociales-1-216x300-1.jpg" alt="" class="wp-image-400719"/></figure>



<p><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Cartel-Euskera-Comunicaciones-Sociales.pdf">Descargar en euskera</a></p>
</div></div></div>
</div></div>



<h2 class="wp-block-heading">La esperanza, un ingrediente imprescindible en comunicación</h2>



<p>Con motivo del&nbsp;<a href="https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/segni-del-giubileo.html"><strong>año jubilar</strong></a> al que estamos todos convocados este año 2025, el mensaje para esta <strong>Jornada mundial de las Comunicaciones</strong>, que dejara escrito el recordado papa <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html"><strong>Francisco</strong></a>, evoca como <strong>«la esperanza es siempre un proyecto comunitario»</strong>, y como para los cristianos «<strong>la esperanza no es una elección opcional, sino una condición imprescindible</strong>«.</p>



<p>Al mismo tiempo, invita a «<strong>poner en el centro de la comunicación la responsabilidad personal y colectiva hacia el prójimo</strong>«. En su mensaje pontificio a<strong>&nbsp;</strong>los periodistas y comunicadores <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html"><strong>Francisco</strong></a>&nbsp;<strong>anima</strong> «<strong>a descubrir y a contar las numerosas historias de bien escondidas entre los pliegues de la crónica</strong>; a imitar a los buscadores de oro, que tamizan incansablemente la arena en busca de la minúscula pepita.&nbsp;<strong>Es hermoso encontrar estas semillas de esperanza y darlas a conocer</strong>«. En su mensaje para la Jornada mundial de las Comunicaciones el papa <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html"><strong>Francisco</strong></a>&nbsp;resalta también «<strong>la exigencia de una comunicación atenta, tranquila, reflexiva, capaz de indicar caminos de diálogo</strong>«.</p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20250124-messaggio-comunicazioni-sociali.html"><strong>MENSAJE PONTIFICIO PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</strong></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">Jubileo de la Comunicación</h2>



<p>Con motivo del <a href="https://www.iubilaeum2025.va/es/pellegrinaggio/calendario-giubileo/GrandiEventi/Giubileo-del-Mondo-della-Comunicazione.html"><strong>Jubileo del Mundo de la Comunicación</strong></a>, celebrado en <strong>Roma del 24 al 26 de enero</strong>, el papa Francisco tuvo un encuentro con los periodistas y comunicadores en el Aula Pablo VI. Con este motivo, Francisco entregó un mensaje que no llegó a leer decidiendo mejor saludar a los participantes. «<strong>La del periodista es más que una profesión. Es una vocación y una misión</strong>. Ustedes, los comunicadores, <strong>tienen un papel fundamental en la sociedad </strong>actual», reconocía el pontífice en su texto. </p>



<p>A lo que añadió la responsabilidad que acompaña a ese reconocimiento: <strong>«Cuenten también historias de esperanza, historias que alimenten la vida</strong>. Contar la esperanza significa ver las migajas escondidas del bien incluso cuando todo parece perdido. Contar la esperanza <strong>significa tener una mirada que transforma las cosas, que las hace convertirse en lo que podrían ser, en lo que deberían ser»</strong>.</p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/2-jubileo-de-la-comunicacion/"><strong>DISCURSO DE FRANCISCO EN EL JUBILEO DE LA COMUNICACIÓN</strong></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">La comunicación católica, un espacio de relaciones auténticas</h2>



<p>Al día siguiente, el lunes 27 de enero <strong><a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html">Francisco</a> </strong>se reunió con los obispos <strong>presidentes de Comisiones de Comunicación </strong>y los <strong>Directores Nacionales de las Oficinas de Comunicación</strong>, en un encuentro promovido por el <a href="https://www.comunicazione.va/it.html"><strong>Dicasterio para la Comunicación</strong></a>. En esta ocasión dos palabras resonaron con fuerza:&nbsp;<strong><em>juntos</em>&nbsp;y&nbsp;<em>red</em></strong>.</p>



<p>«<strong>Solamente juntos podemos comunicar la belleza que hemos encontrado</strong>; no porque somos hábiles, ni porque tenemos más recursos, sino porque nos amamos los unos a los otros», les decía el papa <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html"><strong>Francisco</strong></a> a los participantes en este encuentro. <strong>«No olviden esto: sembrar esperanza; que no es lo mismo que sembrar optimismo»</strong>, evocaba con motivo de la celebración esta años 2025 del <strong><a href="https://www.iubilaeum2025.va/es.html">Jubileo de la Esperanza</a></strong>. E insistía en una idea: «<strong>Comunicar, para nosotros, no es una táctica, ni una técnica</strong>. No es repetir frases prefabricadas o eslóganes, ni tampoco limitarse a escribir comunicados de prensa. <strong>Comunicar es un acto de amor</strong>«.</p>



<p>Y es a partir de esa premisa cuando<strong> <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html">Francisco</a></strong> mencionó a continuación la palabra red. «Construir redes es <strong>poner en red capacidades, conocimientos y aportes, para poder informar de manera adecuada</strong> y así, poder ser todos <strong>salvados del mar de la desesperación y de la desinformación</strong>. Esto ya es un mensaje, ya es en sí un primer testimonio».</p>



<p>A la vez, el papa <strong><a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html">Francisco</a></strong> se dirigió a los obispos y directores responsables de la comunicación en la Iglesia para advirterles que <strong>«la comunicación católica es el espacio abierto de un testimonio que sabe escuchar e interceptar los signos del Reino. Es el lugar acogedor de relaciones auténticas».</strong></p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/DISCURSO-DEL-SANTO-PADRE-FRANCISCO-2.docx" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>DISCURSO DE FRANCISCO A LAS COMISIONES EPISCOPALES DE COMUNICACIÓN Y A LAS OFICINAS DE COMUNICACIÓN</strong></a></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>León XIV por una comunicación desarmada y desarmante</strong></h2>



<p>Por su parte, el recién proclamado pontífice <strong><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es.html">León XIV</a> </strong>tuvo uno de sus <strong>primeros encuentros</strong> públicos, precisamente, con los r<strong>epresentantes de los medios de comunicación</strong> acudidos a Roma para el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3nclave">cónclave</a>. Fue una ocasión en el que el nuevo Papa <strong>reconocía ante los periodistas y comunicadores que «vivimos tiempos difíciles</strong> <strong>que representan un desafío para todos nosotros</strong>, de los que no debemos escapar. Por el contrario, <strong>nos piden a cada uno que, en nuestras distintas responsabilidades y servicios, no cedamos nunca a la mediocridad»</strong>.</p>



<p>Luego, evocando la invitación de su antecesor el papa Francisco en su último mensaje para la&nbsp;<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20250124-messaggio-comunicazioni-sociali.html">Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</a>, <strong><a href="https://x.com/pontifex_es?lang=es">León XIV</a> alentaba a que «desarmemos la comunicación de cualquier prejuicio, rencor, fanatismo y odio</strong>; purifiquémosla de la agresividad. No sirve una comunicación estridente, de fuerza, sino más bien <strong>una comunicación capaz de escucha, de recoger la voz de los débiles que no tienen voz</strong>. <strong>Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra. Una comunicación desarmada y desarmante</strong> nos permite compartir una mirada distinta sobre el mundo y actuar de modo coherente con nuestra dignidad humana».</p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/Leon-XIV-Encuentro-con-los-representantes-de-los-medios-de-comunicacion-acudidos-a-Roma-para-el-conclave.docx" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>DISCURSO DE LEÓN XIV A LOS REPRESENTANTES DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN</strong></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">Una comunicación que cree cultura</h2>



<p>En este encuentro con comunicadores el mismo papa<strong> <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es.html">León XIV</a> </strong>manifestaba que <strong>«la comunicación no es sólo trasmisión de informaciones, sino creación de una cultura</strong>, de ambientes humanos y digitales que sean<strong> espacios de diálogo y de contraste»</strong>.</p>



<p>Este cometido precisamente es uno de los objetivos del&nbsp;<strong><a href="https://www.upsa.es/oferta-academica/curso-superior-en-comunicacion-social">Curso Superior en Comunicación Social</a></strong> de la&nbsp;<strong><a href="https://www.upsa.es/">Universidad Pontificia de Salamanca</a></strong>&nbsp;(<a href="mailto:@upsa" target="_blank" rel="noreferrer noopener">UPSA</a>). Esta&nbsp;nueva oferta académica <strong>facilita el conocimiento y el uso de las herramientas tecnológicas</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>procedimientos comunicativos imprescindibles hoy</strong>, con el fin de formar expertos de comunicación&nbsp;<strong>con capacidad de reflexión y conciencia ética</strong>&nbsp;en su desempeño profesional.&nbsp;Porque como el papa<a href="https://x.com/pontifex_es?lang=es"> <strong>León XIV</strong></a> ha reseñado<strong> «no pueden existir una comunicación y un periodismo fuera del tiempo y de la historia»</strong>.</p>



<p>Esta nueva formación de la&nbsp;<strong><a href="https://x.com/fcomsalamanca">Facultad de Comunicación</a>&nbsp;</strong>se imparte, en español, entre el&nbsp;<strong>30 de junio y el 11 de julio</strong>, en el transcurso de&nbsp;<strong>dos semanas</strong>&nbsp;en formato<strong>&nbsp;presencial la primera</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>semipresencial y online la segunda</strong>. Con la<strong>&nbsp;dirección&nbsp;</strong>del profesor de la UPSA&nbsp;<strong>Pablo Rey</strong>, el curso cuenta también con la colaboración de la&nbsp;<a href="https://fundacionamparodelmoral.org/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Fundación Amparo del Mora</strong>l</a>, además del&nbsp;<strong>apoyo</strong>&nbsp;de la&nbsp;<a href="https://confer.es/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>CONFER</strong></a>&nbsp;(Conferencia Española de Religiosos).</p>



<p class="has-text-align-center"><a href="https://www.upsa.es/oferta-academica/curso-superior-en-comunicacion-social" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>CURSO SUPERIOR EN COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA UPSA</strong></a></p>



<p></p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/materiales-divulgativos-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-2025/">Materiales divulgativos para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2025</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		<enclosure url="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2025/05/otro.mp4" length="53220572" type="video/mp4" />

			</item>
		<item>
		<title>«Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones». Mensaje del Papa para la Jornada de las Comunicaciones</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/compartan-con-mansedumbre-la-esperanza-que-hay-en-sus-corazones-mensaje-del-papa-para-la-jornada-de-las-comunicaciones/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=compartan-con-mansedumbre-la-esperanza-que-hay-en-sus-corazones-mensaje-del-papa-para-la-jornada-de-las-comunicaciones</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jan 2025 10:57:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[cultura del cuidado]]></category>
		<category><![CDATA[diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[jornada mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Jubileo]]></category>
		<category><![CDATA[mensaje]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=400341</guid>

					<description><![CDATA[<p>«Intentar practicar una comunicación que sepa sanar las heridas de nuestra humanidad». Es el reclamo del papa Francisco en su Mensaje para la 59º Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales. Una jornada que se celebra el próximo 1 de junio, solemnidad de la Ascensión del Señor, con el lema «Compartan con mansedumbre la esperanza que hay [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/compartan-con-mansedumbre-la-esperanza-que-hay-en-sus-corazones-mensaje-del-papa-para-la-jornada-de-las-comunicaciones/">«Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones». Mensaje del Papa para la Jornada de las Comunicaciones</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>«Intentar practicar una comunicación que sepa sanar las heridas de nuestra humanidad»</strong>. Es el reclamo del <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">papa <strong>Francisco</strong></a> en su <strong><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/20250124-messaggio-comunicazioni-sociali.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Mensaje para la 59º Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales</a></strong>. Una jornada que se celebra el próximo<strong> 1 de junio</strong>, solemnidad de la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ascensi%C3%B3n_de_Jes%C3%BAs"><strong>Ascensión del Señor</strong></a>, con el lema «<strong><em>Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones </em>(cf.<em> 1 </em>P 3,15-16)</strong>». Con motivo del <a href="https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/segni-del-giubileo.html"><strong>año jubilar</strong></a> al que estamos todos convocados este año 2025, el <a href="http://@Pontifex">Papa</a> recuerda esta vez que «<strong>la esperanza es siempre un proyecto comunitario</strong>«, y como para los cristianos «<strong>la esperanza no es una elección opcional, sino una condición imprescindible</strong>«.</p>



<p>Al mismo tiempo, al «<strong>poner en el centro de la comunicación la responsabilidad personal y colectiva hacia el prójimo</strong>«, <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Francisco</a> <strong>anima </strong>a<strong> </strong>los periodistas y comunicadores «<strong>a descubrir y a contar las numerosas historias de bien escondidas entre los pliegues de la crónica</strong>; a imitar a los buscadores de oro, que tamizan incansablemente la arena en busca de la minúscula pepita. <strong>Es hermoso encontrar estas semillas de esperanza y darlas a conocer</strong>«. En su mensaje el <a href="https://x.com/Pontifex_es?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Eauthor">Papa</a> resalta también «<strong>la exigencia de una comunicación atenta, tranquila, reflexiva, capaz de indicar caminos de diálogo</strong>«.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong><em>Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones</em></strong><br><strong>(cf.<em> 1 </em>P 3,15-16)</strong></h3>



<p>(texto íntegro)</p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>En <strong>nuestro tiempo, marcado por la desinformación y la polarización</strong>, donde pocos centros de poder controlan un volumen de datos e informaciones sin precedentes, me dirijo a ustedes convencido de cuán necesario —hoy más que nunca— sea su trabajo como periodistas y comunicadores. Su valiente compromiso es indispensable para <strong>poner en el centro de la comunicación la responsabilidad personal y colectiva hacia el prójimo</strong>.</p>



<p>Pensando en el <a href="https://www.iubilaeum2025.va/es.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Jubileo </a>que celebramos este año como un período de gracia en un tiempo tan turbulento, <strong>quisiera con este Mensaje invitarlos a ser comunicadores de esperanza</strong>, comenzando por una renovación de su trabajo y misión según el espíritu del Evangelio.</p>



<p><em><strong>Desarmar la comunicación</strong></em></p>



<p>Hoy en día, <strong>con mucha frecuencia la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación</strong>, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio. Muchas veces se simplifica la realidad para suscitar reacciones instintivas; se usa la palabra como un puñal; se utiliza incluso informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir. <strong>Ya he afirmado en varias ocasiones la necesidad de “desarmar” la comunicación, de purificarla de la agresividad</strong>. Reducir la realidad a un <em>slogan</em> nunca produce buenos frutos. Todos vemos cómo —desde los programas de entrevistas hasta las guerras verbales en las redes sociales— amenaza con prevalecer el paradigma de la competencia, de la contraposición, de la voluntad de dominio y posesión, de manipulación de la opinión pública.</p>



<p><strong>Existe también otro fenómeno preocupante, que podríamos definir como la “dispersión programada de la atención”</strong> a través de los sistemas digitales, que, <strong>al perfilarnos según las lógicas del mercado, modifican nuestra percepción de la realidad</strong>. De esa manera asistimos, a menudo impotentes, a una especie de atomización de los intereses, y esto termina minando las bases de nuestro ser comunidad, la capacidad de trabajar juntos por el bien común, de escucharnos, de comprender las razones del otro. Parece entonces que identificar un “enemigo” contra el cual lanzarse verbalmente sea indispensable para autoafirmarse. Y <strong>cuando el otro se convierte en “enemigo”, cuando su rostro y su dignidad se oscurecen para humillarlo y burlarse de él, también se pierde la posibilidad de generar esperanza</strong>. Como nos ha enseñado don Tonino Bello, todos los conflictos “encuentran su raíz en la disolución de los rostros” [<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-comunicaciones-sociales-2025/#1">1</a>]. No podemos rendirnos ante esta lógica.</p>



<p>Esperar, en realidad, no es fácil en absoluto. Decía Georges Bernanos que «sólo esperan los que han tenido el valor de desesperar de las ilusiones y de las mentiras en las que encontraban una seguridad que tomaban falsamente por esperanza. […] <strong>La esperanza es un riesgo que corre</strong>r. Incluso es el riesgo de los riesgos» [<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-comunicaciones-sociales-2025/#2">2</a>]. La esperanza es una virtud escondida, constante y paciente. Sin embargo, para los cristianos la esperanza no es una elección opcional, sino una condición imprescindible. Como recordaba <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-comunicaciones-sociales-2025/">Benedicto XVI </a>en la <a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Encíclica <em>Spe salvi</em></a>, la esperanza no es optimismo pasivo sino, por el contrario, una virtud “performativa”, es decir, capaz de cambiar la vida: «Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva» (n. 2).</p>



<p><em><strong>Dar razón con mansedumbre de la esperanza que hay en nosotros</strong></em></p>



<p>En la Primera carta de Pedro (cf. 3,15-16) <strong>encontramos una síntesis admirable donde la esperanza se pone en relación con el testimonio y con la comunicación cristiana: «Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen</strong>. Pero háganlo con delicadeza y respeto». Quisiera detenerme en tres mensajes que podemos deducir de estas palabras.</p>



<p>«Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor»: la esperanza de los cristianos tiene un rostro, el rostro del Señor resucitado. Su promesa de estar siempre con nosotros a través del don del Espíritu Santo nos permite esperar contra toda esperanza y ver los rastros del bien escondidos, incluso cuando todo parece perdido.</p>



<p>El segundo mensaje nos pide que <strong>estemos preparados para dar razón de la esperanza que hay en nosotros</strong>. Es interesante observar que el Apóstol invita a dar cuenta de la esperanza a «cualquiera que les pida razón».<strong> Los cristianos</strong>, ante todo,<strong> no son aquellos que “hablan” de Dios, sino aquellos que reflejan la belleza de su amor</strong>, una forma nueva de vivir todas las cosas. Es el amor vivido el que suscita la pregunta y exige la respuesta: ¿por qué viven así?, ¿por qué son así?</p>



<p>En la expresión de san Pedro encontramos, finalmente, un tercer mensaje: que la respuesta a esta pregunta sea dada «con delicadeza y respeto». <strong>La comunicación de los cristianos</strong> —pero también diría que la comunicación en general— <strong>debería estar entretejida de mansedumbre, de proximidad, al estilo de los compañeros de camino, siguiendo al mayor Comunicador de todos los tiempos, Jesús de Nazaret</strong>, que a lo largo del trayecto dialogaba con los dos discípulos de Emaús haciendo arder sus corazones por el modo en el que interpretaba los acontecimientos a la luz de las Escrituras.</p>



<p>Por eso, sueño con una comunicación que sepa hacernos compañeros de camino de tantos hermanos y hermanas nuestros, para reavivar en ellos la esperanza en un tiempo tan atribulado. <strong>Una comunicación que sea capaz de hablar al corazón</strong>, no de suscitar reacciones pasionales de aislamiento y de rabia, sino<strong> actitudes de apertura y amistad; capaz de apostar por la belleza y la esperanza</strong> aun en las situaciones aparentemente más desesperadas; <strong>capaz de generar compromiso, empatía, interés por los demás</strong>. Una comunicación <strong>que nos ayude a «reconocer la dignidad de cada ser humano y [a] cuidar juntos nuestra casa común»</strong> (<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/20241024-enciclica-dilexit-nos.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Carta enc. <em>Dilexit nos</em></a>, 217).</p>



<p>Sueño con una comunicación que no venda ilusiones o temores, sino que sea<strong> capaz de dar razones para esperar</strong>. Martin Luther King dijo: «Si puedo ayudar a alguien al pasar, si puedo alegrar a alguien con una palabra o una canción, […] entonces mi vida no habrá sido en vano» [<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-comunicaciones-sociales-2025/#3">3</a>]. Para hacer esto debemos sanar de las “enfermedades” del protagonismo y de la autorreferencialidad, evitar el riesgo de discursos inútiles. <strong>Lo que logra el buen comunicador es que quien escucha, lee o mira pueda participar, pueda sentirse incluido, pueda encontrar la mejor parte de sí mismo y entrar con estas actitudes en las historias narradas</strong>. Comunicar de esa manera ayuda a convertirse en “peregrinos de esperanza”, como dice el lema del Jubileo.</p>



<p><em><strong>Esperar juntos</strong></em></p>



<p><strong>La esperanza es siempre un proyecto comunitario.</strong> Pensemos por un momento en la grandeza del mensaje de este año de gracia: todos estamos invitados —¡realmente todos!— a recomenzar, a permitirle a Dios que nos levante, a dejar que nos abrace y nos inunde de misericordia. En todo esto <strong>se entrelazan la dimensión personal y la comunitaria</strong>: emprendemos un viaje juntos, peregrinamos junto con muchos hermanos y hermanas, cruzamos juntos la Puerta Santa.</p>



<p><strong>El Jubileo tiene muchas implicaciones sociales</strong>. Pensemos, por ejemplo, en el <strong>mensaje de misericordia y esperanza</strong> para los que viven en las cárceles, o en la <strong>llamada a la cercanía y a la ternura</strong> hacia los que sufren y están marginados. El Jubileo nos recuerda que cuantos trabajan por la paz «serán llamados hijos de Dios» (<em>Mt</em> 5,9). Así nos abre a <strong>la esperanza, nos indica la exigencia de una comunicación atenta, tranquila, reflexiva, capaz de indicar caminos de diálogo</strong>. Los animo, por tanto, a descubrir y a contar las numerosas historias de bien escondidas entre los pliegues de la crónica; a imitar a los buscadores de oro, que tamizan incansablemente la arena en busca de la minúscula pepita. Es hermoso encontrar estas semillas de esperanza y darlas a conocer. Ayuda al mundo a ser un poco menos sordo al grito de los últimos, un poco menos indiferente, un poco menos cerrado. <strong>Sepan encontrar siempre los destellos de bien que nos permiten esperar</strong>. Esta comunicación puede contribuir a entretejer la comunión, a hacernos sentir menos solos, a descubrir la importancia de caminar juntos.</p>



<p><em><strong>No olvidar el corazón</strong></em></p>



<p>Queridos hermanos y hermanas, ante las vertiginosas conquistas de la técnica,<strong> los invito a cuidar sus corazones, es decir, la vida interior</strong>.  ¿Qué significa esto? Les dejo algunas pistas.</p>



<p>Ser mansos y no olvidar nunca el rostro del otro; hablar al corazón de las mujeres y los hombres a cuyo servicio está dirigido su trabajo.</p>



<p><strong>No permitir que las reacciones instintivas guíen la comunicación</strong>. Sembrar esperanza siempre, aun cuando sea difícil, aun cuando cueste, aun cuando parezca no dar fruto.</p>



<p>Intentar practicar<strong> una comunicación que sepa sanar las heridas de nuestra humanidad</strong>.</p>



<p><strong>Dar espacio a la confianza del corazón</strong> que, como una flor frágil pero resistente, no sucumbe ante las inclemencias de la vida sino <strong>que florece y crece en los lugares más impensados</strong>: en la esperanza de las madres que rezan cada día para ver a sus hijos regresar de las trincheras de un conflicto; en la esperanza de los padres que migran entre mil riesgos y peripecias en busca de un futuro mejor; en la esperanza de los niños que logran jugar, sonreír y creer en la vida incluso entre los escombros de las guerras y en las calles pobres de las favelas.</p>



<p><strong>Ser testigos y promotores de una comunicación</strong> no hostil, <strong>que difunda una cultura del cuidado</strong>, que <strong>construya puentes</strong> <strong>y atraviese los muros visibles e invisibles de nuestro tiempo</strong>.</p>



<p><strong>Contar historias llenas de esperanza</strong>,<strong> teniendo en cuenta nuestro destino común</strong> y escribiendo juntos la historia de nuestro futuro.</p>



<p>T<strong>odo esto pueden y podemos hacerlo con la gracia de Dios, que el Jubileo nos ayuda a recibir en abundancia</strong>. Rezo por esto y los bendigo a cada uno de ustedes y a su trabajo.</p>



<p><em>Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2025, memoria de san Francisco de Sales.<br>&nbsp;</em></p>



<p>FRANCISCO</p>



<p>________________</p>



<p id="1">[1]&nbsp;Cf. «&nbsp;<em>La pace come ricerca del volto</em>», en&nbsp;<em>Omelie e scritti quaresimali</em>, Molfetta 1994, 317.</p>



<p id="2">[2]&nbsp;Georges Bernanos,&nbsp;<em>La libertad, ¿para qué&nbsp;?</em>, Madrid 1989, 91-92.</p>



<p id="3">[3]&nbsp;Sermón “&nbsp;<em>The Drum Major Instinct</em>” (4 febrero 1968).</p>



<p>24/01/2025</p>



<h1 class="wp-block-heading"></h1>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/compartan-con-mansedumbre-la-esperanza-que-hay-en-sus-corazones-mensaje-del-papa-para-la-jornada-de-las-comunicaciones/">«Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones». Mensaje del Papa para la Jornada de las Comunicaciones</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana»</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Jan 2024 10:35:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[deepfakes]]></category>
		<category><![CDATA[inteligencia artificial]]></category>
		<category><![CDATA[jornada mundial]]></category>
		<category><![CDATA[macrodatos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=399539</guid>

					<description><![CDATA[<p>Con motivo de la festividad este 24 de enero de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas y escritores, el papa Francisco acaba de publicar su Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año 2024, con el título «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana». En [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana/">Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Con motivo de la festividad este 24 de enero de <strong>San Francisco de Sales, patrón de los periodistas y escritores</strong>, el papa <a href="https://twitter.com/Pontifex_es?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Eauthor" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Francisco</a> acaba de publicar su <strong>Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales </strong>de este año 2024, con el título <strong>«Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana»</strong>.</p>



<p>En esta ocasión Francisco recuerda como «estamos llamados a crecer juntos, en humanidad y como humanidad». Y señala que «el reto que tenemos ante nosotros es<strong> dar un salto cualitativo para estar a la altura </strong>de una sociedad compleja, multiétnica, pluralista, multirreligiosa y multicultural».</p>



<p>Para el Papa «l<strong>a información no puede separarse de la relación existencial</strong>: implica el cuerpo, el estar en la realidad; exige poner en relación no sólo datos, sino también las experiencias; exige el rostro, la mirada y la compasión más que el intercambio».</p>



<p>A la vez, refiriéndose a la «revolucionaria» Inteligencia Artificial, el Santo Padre resalta que «el uso de<strong> la inteligencia artificial podrá contribuir positivamente en el campo de la comunicación si no anula el papel del periodismo sobre el terreno</strong>, sino que, por el contrario, lo respalda; si aumenta la profesionalidad de la comunicación, responsabilizando a cada comunicador; si devuelve a cada ser humano el papel de sujeto, con capacidad crítica, respecto de la misma comunicación».</p>



<p>La<strong> 58ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales </strong>se celebrará, con motivo de la Ascensión del Señor, el <strong>domingo 12 de mayo</strong>.</p>



<p>A continuación, se reproduce<strong> íntegro el</strong> <strong>Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</strong>.</p>



<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-piu4kwa" id="inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana" data-block-id="piu4kwa"><h2 class="stk-block-heading__text">Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana</h2></div>



<p>Queridos hermanos y hermanas:</p>



<p><strong>La evolución de los sistemas de la así llamada «inteligencia artificial», sobre la que ya reflexioné en mi reciente <em>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz</em>, también está modificando radicalmente la información y la comunicación</strong> y, a través de ellas, algunos de los fundamentos de la convivencia civil. Es un cambio que afecta a todos, no sólo a los profesionales. La difusión acelerada de sorprendentes inventos, cuyo funcionamiento y potencial son indescifrables para la mayoría de nosotros, suscita un asombro que oscila entre el entusiasmo y la desorientación y nos coloca inevitablemente frente a preguntas fundamentales: ¿qué es pues el hombre? <strong>¿cuál es su especificidad y cuál será el futuro de esta especie nuestra llamada <em>homo sapiens</em>, en la era de las inteligencias artificiales?</strong> ¿Cómo podemos seguir siendo plenamente humanos y orientar hacia el bien el cambio cultural en curso?</p>



<p><strong><em>Comenzando desde el corazón</em></strong></p>



<p>Ante todo, <strong>conviene despejar el terreno de lecturas catastrofistas y de sus efectos paralizantes</strong>. Hace un siglo, Romano Guardini, reflexionando sobre la tecnología y el hombre, instaba a no ponerse rígidos ante lo “nuevo” intentando «conservar un mundo de infinita belleza que está a punto de desaparecer». Sin embargo, al mismo tiempo de manera encarecida advertía proféticamente: «Nuestro puesto está en el porvenir. Todos han de buscar posiciones allí donde corresponde a cada uno […], podremos realizar este objetivo si cooperamos noblemente en esta empresa; y a la vez, permaneciendo, en el fondo de nuestro corazón incorruptible, sensibles al dolor que produce la destrucción y el proceder inhumano que se contiene en este mundo nuevo». Y concluía: «Es cierto que se trata, de problemas técnicos, científicos y políticos; pero es preciso resolverlos planteándolos desde el punto de vista humano. <strong>Es preciso que brote una nueva humanidad de profunda espiritualidad, de una libertad y una vida interior nuevas</strong>».[1]</p>



<p>En esta época que corre el riesgo de ser rica en tecnología y pobre en humanidad, nuestra reflexión sólo puede partir del corazón humano.[2] Sólo dotándonos de una mirada espiritual, sólo recuperando una sabiduría del corazón, podremos leer e interpretar la novedad de nuestro tiempo y redescubrir el camino de una comunicación plenamente humana. El corazón, bíblicamente entendido como la sede de la libertad y de las decisiones más importantes de la vida, es símbolo de integridad, de unidad, a la vez que evoca afectos, deseos, sueños, y es sobre todo el lugar interior del encuentro con Dios. <strong>La sabiduría del corazón es, pues, esa virtud que nos permite entrelazar el todo y las partes, las decisiones y sus consecuencias</strong>, las capacidades y las fragilidades, el pasado y el futuro, el yo y el nosotros.</p>



<p><strong>Esta sabiduría del corazón se deja encontrar por quien la busca y se deja ver por quien la ama; se anticipa a quien la desea y va en busca de quien es digno de ella</strong> (cf. <em>Sab</em> 6,12-16). Está con los que se dejan aconsejar (cf. <em>Prov</em> 13,10), con los que tienen el corazón dócil y escuchan (cf. 1 <em>Re</em> 3,9). Es un don del Espíritu Santo, que permite ver las cosas con los ojos de Dios, comprender los vínculos, las situaciones, los acontecimientos y descubrir su sentido. Sin esta sabiduría, la existencia se vuelve insípida, porque es precisamente la sabiduría —cuya raíz latina <em>sapere</em> se relaciona con el <em>sabor</em>— la que da gusto a la vida.</p>



<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-w3hfzb5" data-block-id="w3hfzb5"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle"><strong><em>Oportunidad y peligro</em></strong></p></div>



<p><strong>No podemos esperar esta sabiduría de las máquinas.</strong> Aunque el término <em>inteligencia artificial </em>ha suplantado al más correcto utilizado en la literatura científica, <em>machine learning</em>, el uso mismo de la palabra “inteligencia” es engañoso. Sin duda, las máquinas poseen una capacidad inconmensurablemente mayor que los humanos para almacenar datos y correlacionarlos entre sí, pero corresponde al hombre, y sólo a él, descifrar su significado. No se trata, pues, de exigir que las máquinas parezcan humanas; sino más bien de despertar al hombre de la hipnosis en la que ha caído debido a su delirio de omnipotencia, creyéndose un sujeto totalmente autónomo y autorreferencial, separado de todo vínculo social y ajeno a su creaturalidad.</p>



<p>En efecto, <strong>el hombre siempre ha experimentado que no puede bastarse a sí mismo e intenta superar su vulnerabilidad utilizando cualquier medio.</strong> Empezando por los primeros artefactos prehistóricos, utilizados como prolongación de los brazos, pasando por los medios de comunicación empleados como prolongación de la palabra, hemos llegado hoy a las máquinas más sofisticadas que actúan como ayuda del pensamiento.<strong> Sin embargo, cada una de estas realidades puede estar contaminada por la tentación original de llegar a ser <em>como</em> Dios <em>sin</em> Dios (</strong>cf. Gn 3), es decir, de querer conquistar por las propias fuerzas lo que, en cambio, debería acogerse como un don de Dios y vivirse en la relación con los demás.</p>



<p>Según la orientación del corazón,<strong> todo lo que está en manos del hombre se convierte en una oportunidad o en un peligro. Su propio cuerpo, creado para ser un lugar de comunicación y comunión, puede convertirse en un medio de agresión</strong>. Del mismo modo, toda extensión técnica del hombre puede ser un instrumento de servicio amoroso o de dominación hostil. Los sistemas de inteligencia artificial pueden contribuir al proceso de liberación de la ignorancia y facilitar el intercambio de información entre pueblos y generaciones diferentes. Pueden, por ejemplo, hacer accesible y comprensible una enorme riqueza de conocimientos escritos en épocas pasadas o hacer que las personas se comuniquen en lenguas que no conocen. Pero al mismo tiempo pueden ser instrumentos de “contaminación cognitiva”, de alteración de la realidad a través de narrativas parcial o totalmente falsas que se creen —y se comparten— como si fueran verdaderas. <strong>Baste pensar en el problema de la desinformación al que nos enfrentamos desde hace años</strong> en forma de <em>fake news</em> [3] y que hoy se sirve de <em>deepfakes</em>, es decir, de la creación y difusión de imágenes que parecen perfectamente verosímiles pero que son falsas (también yo he sido objeto de ello), o de mensajes de audio que utilizan la voz de una persona para decir cosas que nunca ha dicho. <strong>La simulación, que está a la base de estos programas, puede ser útil en algunos campos específicos, pero se vuelve perversa cuando distorsiona la relación con los demás y la realidad</strong>.</p>



<p>Ya desde la primera ola de la inteligencia artificial, la de los medios sociales, hemos comprendido su ambivalencia, dándonos cuenta tanto de sus potencialidades como de sus riesgos y patologías. El segundo nivel de inteligencia artificial generativa marca un salto cualitativo indiscutible. Por lo tanto, es importante tener la capacidad de entender, comprender y regular herramientas que en manos equivocadas podrían abrir escenarios adversos. Como todo lo que ha salido de la mente y de las manos del hombre, los algoritmos. Por ello, <strong>es necesario actuar preventivamente, proponiendo modelos de regulación ética para frenar las implicaciones nocivas y discriminatorias, socialmente injustas, de los sistemas de inteligencia artificial y contrarrestar su uso en la reducción del pluralismo, la polarización de la opinión pública o la construcción de un pensamiento único</strong>. Así pues, renuevo mi llamamiento exhortando a «la comunidad de las naciones a trabajar unida para adoptar un tratado internacional vinculante, que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas».[4] Sin embargo, como en cualquier ámbito humano, la sola reglamentación no es suficiente</p>



<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-6z5k7g8" data-block-id="6z5k7g8"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle"><strong><em>Crecer en humanidad</em></strong></p></div>



<p>Estamos llamados a crecer juntos, en humanidad y como humanidad. <strong>El reto que tenemos ante nosotros es dar un salto cualitativo para estar a la altura de una sociedad compleja, multiétnica, pluralista, multirreligiosa y multicultural. </strong>Nos corresponde cuestionarnos sobre el desarrollo teórico y el uso práctico de estos nuevos instrumentos de comunicación y conocimiento. Grandes posibilidades de bien acompañan al riesgo de que todo se transforme en un cálculo abstracto, que reduzca las personas a meros datos, el pensamiento a un esquema, la experiencia a un caso, el bien a un beneficio, y sobre todo que acabemos negando la unicidad de cada persona y de su historia, disolviendo la concreción de la realidad en una serie de estadísticas.</p>



<p><strong>La revolución digital puede hacernos más libres, pero no ciertamente si nos dejamos atrapar por los fenómenos mediáticos hoy conocidos como <em>cámara de eco</em>.</strong> En tales casos, en lugar de aumentar el pluralismo de la información, corremos el riesgo de perdernos en un pantano desconocido, al servicio de los intereses del mercado o del poder. Es inaceptable que el uso de la inteligencia artificial conduzca a un pensamiento anónimo, a un ensamblaje de datos no certificados, a una negligencia colectiva de responsabilidad editorial. La representación de la realidad en <em>macrodatos</em>, por muy funcional que sea para la gestión de las máquinas, implica de hecho una pérdida sustancial de la verdad de las cosas, que dificulta la comunicación interpersonal y amenaza con dañar nuestra propia humanidad.<strong> La información no puede separarse de la relación existencial: implica el cuerpo, el estar en la realidad; exige poner en relación no sólo datos, sino también las experiencias; exige el rostro, la mirada y la compasión más que el intercambio</strong>.</p>



<p>Pienso en los reportajes de las guerras y en la “guerra paralela” que se hace mediante campañas de desinformación. Y pienso en cuántos reporteros resultan heridos o mueren sobre el terreno para permitirnos ver lo que han visto sus ojos. Porque sólo tocando el sufrimiento de niños, mujeres y hombres podemos comprender lo absurdo de las guerras.</p>



<p><strong>El uso de la inteligencia artificial podrá contribuir positivamente en el campo de la comunicación si no anula el papel del periodismo sobre el terreno</strong>, sino que, por el contrario, lo respalda; si aumenta la profesionalidad de la comunicación, responsabilizando a cada comunicador; si devuelve a cada ser humano el papel de sujeto, con capacidad crítica, respecto de la misma comunicación.</p>



<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-5bmiglp" data-block-id="5bmiglp"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle"><strong><em>Interrogantes para el hoy y para el mañana</em></strong></p></div>



<p>Así pues, surgen espontáneamente algunas preguntas: ¿cómo proteger la profesionalidad y la dignidad de los trabajadores del ámbito de la comunicación y la información, junto con la de los usuarios de todo el mundo? <strong>¿Cómo garantizar la interoperabilidad de las plataformas?</strong> ¿Cómo garantizar que las empresas que desarrollan plataformas digitales asuman la responsabilidad de lo que difunden y de lo cual obtienen beneficios, del mismo modo que los editores de los medios de comunicación tradicionales? ¿Cómo hacer más transparentes los criterios en los que se basan los algoritmos de indexación y desindexación y los motores de búsqueda, capaces de exaltar o cancelar personas y opiniones, historias y culturas? ¿Cómo garantizar la transparencia de los procesos de información? ¿Cómo hacer evidente la autoría de los escritos y rastreables las fuentes, evitando el manto del anonimato? ¿Cómo poner de manifiesto si una imagen o un vídeo retratan un acontecimiento o lo simulan? ¿Cómo evitar que las fuentes se reduzcan a un pensamiento único, elaborado algorítmicamente? ¿Y cómo fomentar, en cambio, un entorno que preserve el pluralismo y represente la complejidad de la realidad? ¿Cómo hacer sostenible esta herramienta potente, costosa y de alto consumo energético? ¿Cómo hacerla accesible también a los países en desarrollo?</p>



<p><strong>A partir de las respuestas a estas y otras preguntas, comprenderemos si la inteligencia artificial acabará construyendo nuevas castas basadas en el dominio de la información, generando nuevas formas de explotación y desigualdad</strong>; o si, por el contrario, traerá más igualdad, promoviendo una información correcta y una mayor conciencia del cambio de época que estamos viviendo, favoreciendo la escucha de las múltiples necesidades de las personas y de los pueblos, en un sistema de información articulado y pluralista. Por una parte, se cierne el espectro de una nueva esclavitud, por la otra, una conquista de la libertad; por un lado, la posibilidad de que unos pocos condicionen el pensamiento de todos, por otro, la posibilidad de que todos participen en la elaboración del pensamiento.</p>



<p><strong>La respuesta no está escrita, depende de nosotros</strong>. Corresponde al hombre decidir si se convierte en alimento de algoritmos o en cambio sí alimenta su corazón con la libertad, ese corazón sin el cual no creceríamos en sabiduría. Esta sabiduría madura sacando provecho del tiempo y comprendiendo las debilidades. Crece en la alianza entre generaciones, entre quienes tienen memoria del pasado y quienes tienen visión de futuro. <strong>Sólo juntos crece la capacidad de discernir, de vigilar, de ver las cosas a partir de su cumplimiento. Para no perder nuestra humanidad, busquemos la Sabiduría que es anterior a todas las cosas</strong> (cf. <em>Si </em>1,4), la que pasando por los corazones puros hace amigos de Dios profetas (cf. <em>Sab</em> 7,27). Ella nos ayudará también a orientar los sistemas de inteligencia artificial a una comunicación plenamente humana.</p>



<p><em>Roma, en San Juan de Letrán, 24 de enero de 2024</em></p>



<p>FRANCISCO</p>



<p></p>



<p>[1] Cartas del Lago de Como, Pamplona 2013, 101-104.</p>



<p>[2] En continuidad con los Mensajes de las anteriores Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales, dedicadas a encontrar <em>a las personas donde están y como son</em> (2021), <em>escuchar con los oídos del corazón</em> (2022) y <em>hablar con el corazón</em> (2023).</p>



<p>[3] “<em>La verdad os hará libres</em>” (<em>Jn</em> 8, 32). Fake news y periodismo de paz. <em>Mensaje de la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</em>, 2018.</p>



<p>[4] Mensaje para la Celebración de la 57 Jornada Mundial de la Paz (1 enero 2024), 8</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-para-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-inteligencia-artificial-y-sabiduria-del-corazon-para-una-comunicacion-plenamente-humana/">Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: «Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Mensaje del papa Francisco para la 57ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-francisco-para-la-57a-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=mensaje-del-papa-francisco-para-la-57a-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales</link>
					<comments>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-francisco-para-la-57a-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Jan 2023 11:40:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[jornada mundial]]></category>
		<category><![CDATA[mensaje]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[sínodo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398851</guid>

					<description><![CDATA[<p>La Santa Sede hace público hoy, 24 de enero, en la festividad de San Francisco de Sales, el Mensaje del papa Francisco para la 57º Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales. «Hablar con el corazón, «en la verdad y en el amor» (Ef 4,15)» es el lema que propone el Santo Padre para la Jornada de este año, que se celebra el 21 de mayo, solemnidad [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-francisco-para-la-57a-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales/">Mensaje del papa Francisco para la 57ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La Santa Sede hace público hoy, <strong>24 de enero</strong>, en la <strong>festividad de San Francisco de Sales</strong>, el <strong>Mensaje del <a href="http://@Pontifex_es" target="_blank" rel="noreferrer noopener">papa Francisco</a> para la 57º Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales</strong>. <strong>«Hablar con el corazón, «en la verdad y en el amor» (Ef 4,15)» </strong>es el <strong>lema </strong>que propone el Santo Padre <strong>para la Jornada de este año</strong>, que se celebra el <strong>21 de mayo, </strong>solemnidad de la <strong>Ascensión del Señor</strong>.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>«Hablar con el corazón,</strong> <strong>«en la verdad y en el amor» (Ef 4,15)»</strong><br></h3>



<h3 class="wp-block-heading">(Texto íntegro)</h3>



<p>Queridos hermanos y hermanas:</p>



<p>Después de haber reflexionado, en años anteriores, sobre los verbos “ir, ver” y “escuchar” como condiciones para una buena comunicación, <strong>en este Mensaje para la LVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales quisiera centrarme en “hablar con el corazón”.</strong> Es <strong>el corazón el que nos ha movido a ir, ver y escuchar; y es el corazón el que nos mueve a una comunicación abierta y acogedora. </strong>Tras habernos ejercitado en la escucha —que requiere espera y paciencia, así como la renuncia a afirmar de modo prejuicioso nuestro punto de vista—, podemos<strong> entrar en la dinámica del diálogo y el intercambio</strong>, que es precisamente la de <strong>comunicar cordialmente</strong>. Una vez que hayamos escuchado al otro con corazón puro, lograremos <strong>hablar «en la verdad y en el amor»</strong> (cf. Ef 4,15). No debemos tener miedo a proclamar la verdad, aunque a veces sea incómoda, sino a hacerlo sin caridad, sin corazón. Porque «el programa del cristiano —como escribió <strong>Benedicto XVI</strong>— es un “corazón que ve”».[1] Un corazón que, con su latido, revela la verdad de nuestro ser, y que por eso hay que escucharlo. Esto lleva a quien escucha a sintonizarse en la misma longitud de onda, hasta el punto de que se llega a sentir en el propio corazón el latido del otro. Entonces se hace posible el milagro del encuentro, que nos permite mirarnos los unos a los otros con compasión, acogiendo con respeto las fragilidades de cada uno, en lugar de juzgar de oídas y sembrar discordia y divisiones.</p>



<p>Jesús nos recuerda que cada árbol se reconoce por su fruto (cf. Lc 6,44), y advierte que «el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, de su mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca» (v. 45). Por eso, <strong>para poder comunicar «en la verdad y en el amor» es necesario purificar el corazón</strong>. Sólo escuchando y hablando con un corazón puro podemos ver más allá de las apariencias y superar los ruidos confusos que, también en el campo de la información, no nos ayudan a discernir en la complejidad del mundo en que vivimos. La llamada a<strong> hablar con el corazón interpela radicalmente nuestro tiempo, tan propenso a la indiferencia y a la indignación</strong>, a veces sobre la base de la desinformación, que falsifica e instrumentaliza la verdad.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Comunicar cordialmente</strong></h3>



<p>Comunicar cordialmente quiere decir que quien nos lee o nos escucha capta nuestra participación en las alegrías y los miedos, en las esperanzas y en los sufrimientos de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo. Quien habla así quiere bien al otro, porque se preocupa por él y custodia su libertad sin violarla. Podemos ver este estilo en el misterioso Peregrino que dialoga con los discípulos que van hacia Emaús después de la tragedia consumada en el Gólgota. Jesús resucitado les habla con el corazón, acompañando con respeto el camino de su dolor, proponiéndose y no imponiéndose, abriéndoles la mente con amor a la comprensión del sentido profundo de lo sucedido.</p>



<p>De hecho, ellos pueden exclamar con alegría que el corazón les ardía en el pecho mientras Él conversaba con ellos a lo largo del camino y les explicaba las Escrituras (cf. Lc 24,32).</p>



<p><strong>En un periodo histórico marcado por polarizaciones y contraposiciones</strong> —de las que, lamentablemente, la comunidad eclesial no es inmune—, el compromiso por <strong>una comunicación “con el corazón y con los brazos abiertos” </strong>no concierne exclusivamente a los profesionales de la información, sino que <strong>es responsabilidad de cada uno</strong>. Todos estamos llamados a buscar y a decir la verdad, y a hacerlo con caridad. A los cristianos, en especial, se nos exhorta continuamente a guardar la lengua del mal (cf. Sal 34,14), ya que, como enseña la Escritura, con la lengua podemos bendecir al Señor y maldecir a los hombres creados a semejanza de Dios (cf. St 3,9). <strong>De nuestra boca</strong> no <strong>deberían salir palabras</strong> malas, sino más bien palabras buenas «que resulten <strong>edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan</strong>» (Ef 4,29).</p>



<p>A veces, el hablar amablemente abre una brecha incluso en los corazones más endurecidos. Tenemos prueba de esto en la literatura. Pienso en aquella página memorable del capítulo XXI de Los novios, en el que Lucía habla con el corazón al Innominado hasta que éste, desarmado y atormentado por una benéfica crisis interior, cede a la fuerza gentil del amor. Lo experimentamos en la convivencia cívica, en la que<strong> la amabilidad no es solamente cuestión de buenas maneras, sino un verdadero antídoto contra la crueldad </strong>que, lamentablemente, puede envenenar los corazones e intoxicar las relaciones. La necesitamos en el ámbito de los medios para que la comunicación no fomente el rencor que exaspera, genera rabia y lleva al enfrentamiento, sino que ayude a las personas a reflexionar con calma, a descifrar, con espíritu crítico y siempre respetuoso, la realidad en la que viven.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La comunicación de corazón a corazón: “Basta amar bien para decir bien”</strong></h3>



<p>Uno de los ejemplos más luminosos y, aún hoy, fascinantes de “hablar con el corazón” está representado en <strong>san Francisco de Sales</strong>, doctor de la Iglesia, a quien he dedicado recientemente la <strong>Carta apostólica Totum amoris est</strong>, con motivo de los 400 años de su muerte. Junto a este importante aniversario, me gusta recordar, en esta circunstancia, otro que se celebra en este año 2023: el centenario de su proclamación como patrono de los periodistas católicos por parte de <strong>Pío XI</strong> con la <strong>Encíclica Rerum</strong> <strong>omnium perturbationem</strong>. Intelecto brillante, escritor fecundo, teólogo de gran profundidad, Francisco de Sales fue obispo de Ginebra al inicio del s. XVII, en años difíciles, marcados por encendidas disputas con los calvinistas. S<strong>u actitud apacible, su humanidad, su disposición a dialogar pacientemente con todos, especialmente con quien lo contradecía, lo convirtieron en un testigo extraordinario del amor misericordioso de Dios</strong>. De él se podía decir que «las palabras dulces multiplican los amigos y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones» (Si6,5). Por lo demás, una de sus afirmaciones más célebres, «el corazón habla al corazón», ha inspirado a generaciones de fieles, entre ellos san<strong> John Henry Newman</strong>, que la eligió como lema,<strong> Cor ad corloquitur</strong>. <strong>«Basta amar bien para decir bien»</strong> era una de sus convicciones. Ello demuestra que para él la comunicación nunca debía reducirse a un artificio —a una estrategia de marketing, diríamos hoy—, sino que tenía que ser el reflejo del ánimo, la superficie visible de un núcleo de amor invisible a los ojos. Para san Francisco de Sales, es precisamente «en el corazón y por medio del corazón donde se realiza ese sutil e intenso proceso unitario en virtud del cual el hombre reconoce a Dios».[2] <strong>“Amando bien”, san Francisco logró comunicarse</strong> con el sordomudo Martino, haciéndose su amigo; por eso es recordado como el protector de las personas con discapacidades comunicativas.</p>



<p>A partir de este “criterio del amor”, y a través de sus escritos y del testimonio de su vida,<strong> el santo obispo de Ginebra nos recuerda que “somos lo que comunicamos”</strong>. <strong>Una lección que va contracorriente hoy</strong>, en un tiempo en el que, como experimentamos <strong>sobre todo en las redes sociales, la comunicación frecuentemente se instrumentaliza, para que el mundo nos vea como querríamos ser y no como somos</strong>. San Francisco de Sales repartió numerosas copias de sus escritos en la comunidad ginebrina. Esta intuición “periodística” le valió una fama que superó rápidamente el perímetro de su diócesis y que perdura aún en nuestros días. Sus escritos, observó san <strong>Pablo VI</strong>, suscitan una lectura «sumamente agradable, instructiva, estimulante».[3] Si vemos el panorama de la comunicación actual, ¿no son precisamente estas características las que debería tener un artículo, un reportaje, un servicio radiotelevisivo o un post en las redes sociales? Que los profesionales de la comunicación se sientan inspirados por este santo de la ternura, buscando y contando la verdad con valor y libertad, pero rechazando la tentación de usar expresiones llamativas y agresivas.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Hablar con el corazón en el proceso sinodal</strong></h3>



<p>Como he podido subrayar, <strong>«también en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos</strong>. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros».[4]De una escucha sin prejuicios, atenta y disponible, nace un hablar conforme al estilo de Dios, que se nutre de cercanía, compasión y ternura. En la Iglesia necesitamos urgentemente una comunicación que encienda los corazones, que sea bálsamo sobre las heridas e ilumine el camino de los hermanos y de las hermanas. <strong>Sueño una comunicación eclesial que sepa dejarse guiar por el Espíritu Santo, amable y, al mismo tiempo, profética</strong>; que sepa encontrar nuevas formas y modalidades para el maravilloso anuncio que está llamada a dar en el tercer milenio. Una comunicación que ponga en el centro la relación con Dios y con el prójimo, especialmente con el más necesitado, y que sepa encender el fuego de la fe en vez de preservar las cenizas de una identidad autorreferencial. Una comunicación cuyas bases sean la humildad en el escuchar y la parresia en el hablar; que no separe nunca la verdad de la caridad.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Desarmar los ánimos promoviendo un lenguaje de paz</strong></h3>



<p>«Una lengua suave quiebra hasta un hueso», dice el libro de los Proverbios (25,15). Hablar con el corazón es hoy muy necesario para promover una cultura de paz allí donde hay guerra; para abrir senderos que permitan el diálogo y la reconciliación allí donde el odio y la enemistad causan estragos. <strong>En el dramático contexto del conflicto global que estamos viviendo, es urgente afirmar una comunicación no hostil</strong>. Es necesario vencer «la costumbre de desacreditar rápidamente al adversario aplicándole epítetos humillantes, en lugar de enfrentar un diálogo abierto y respetuoso». [5]<strong> Necesitamos comunicadores dispuestos a dialogar, comprometidos a favorecer un desarme integral y que se esfuercen por desmantelar la psicosis bélica que se anida en nuestros corazones</strong>; como exhortaba proféticamente san <strong>Juan XXIII</strong> en la <strong>Encíclica Pacem in terris</strong>, la paz «verdadera puede apoyarse únicamente en la confianza recíproca» (n. 113). Una confianza que necesita comunicadores no ensimismados, sino audaces y creativos, dispuestos a arriesgarse para hallar un terreno común donde encontrarse. Como hace sesenta años,<strong> vivimos una hora oscura en la que la humanidad teme una escalada bélica que se ha de frenar cuanto antes, también a nivel comunicativo.</strong> Uno se queda horrorizado al escuchar con qué facilidad se pronuncian palabras que claman por la destrucción de pueblos y territorios. Palabras que, desgraciadamente, se convierten a menudo en acciones bélicas de cruel violencia. He aquí por qué <strong>se ha de rechazar toda retórica belicista, así como cualquier forma de propaganda que manipule la verdad</strong>, desfigurándola por razones ideológicas. Se debe promover, en cambio, en todos los niveles, una comunicación que ayude a crear las condiciones para resolver las controversias entre los pueblos.</p>



<p>En cuanto cristianos, sabemos que<strong> es precisamente la conversión del corazón la que decide el destino de la paz</strong>, ya que el virus de la guerra procede del interior del corazón humano.[6] Del corazón brotan las palabras capaces de disipar las sombras de un mundo cerrado y dividido, para edificar una civilización mejor que la que hemos recibido.<strong> Es un esfuerzo que se nos pide a cada uno de nosotros, pero que apela especialmente al sentido de responsabilidad de los operadores de la comunicación</strong>, a fin de que desarrollen su profesión como una misión.</p>



<p>Que el Señor Jesús, Palabra pura que surge del corazón del Padre, nos ayude a hacer nuestra comunicación libre, limpia y cordial.</p>



<p>Que el Señor Jesús, Palabra que se hizo carne, nos ayude a escuchar el latido de los corazones, para redescubrirnos hermanos y hermanas, y desarmar la hostilidad que nos divide.</p>



<p>Que el Señor Jesús, Palabra de verdad y de amor, nos ayude a decir la verdad en la caridad, para sentirnos custodios los unos de los otros.</p>



<p>Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2023, memoria de san Francisco de Sales.</p>



<p>FRANCISCO</p>



<p>________________________</p>



<p>[1] Carta enc. Deus caritas est, 31.</p>



<p>[2] Carta ap. Totum amoris est (28 diciembre 2022).</p>



<p>[3] Epístola ap. Sabaudiae gemma, con motivo del IV Centenario del nacimiento de san Francisco de Sales, doctor de la</p>



<p>Iglesia (29 enero 1967).</p>



<p>[4] Mensaje para la LVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (24 enero 2022).</p>



<p>[5] Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 201.</p>



<p>[6] Cf. Mensaje para la 56 Jornada Mundial de la Paz (1 enero 2023).</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-francisco-para-la-57a-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales/">Mensaje del papa Francisco para la 57ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/mensaje-del-papa-francisco-para-la-57a-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Escuchar con los oídos del corazón</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/escuchar-con-los-oidos-del-corazon-3/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=escuchar-con-los-oidos-del-corazon-3</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Jul 2022 09:43:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398528</guid>

					<description><![CDATA[<p>Mensaje del papa Francisco para la 56º Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales Solemnidad de la Ascensión del Señor, 29 de mayo de 2022 El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/escuchar-con-los-oidos-del-corazon-3/">Escuchar con los oídos del corazón</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Mensaje del <a href="https://twitter.com/Pontifex">papa Francisco</a> para la <strong>56º Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales</strong></p>



<p>Solemnidad de la <strong>Ascensión del Señor, 29 de mayo de 2022</strong></p>



<p>El año pasado reflexionamos sobre<strong> la necesidad de “ir y ver” </strong>para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, deseo<strong> ahora centrar la atención sobre otro verbo, “escuchar”</strong>, decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.</p>



<p>En efecto, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil. Al mismo tiempo, la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de <em>podcast</em> y <em>chat</em> <em>audio</em>, lo que confirma que <strong>escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana</strong>.</p>



<p>A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma, le preguntaron <strong>cuál era la mayor necesidad de los seres humanos</strong>. Respondió: <strong>“El deseo ilimitado de ser escuchados</strong>”. Es un deseo que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político.</p>



<p><em><strong>Escuchar con los oídos del corazón</strong></em></p>



<p>En las páginas bíblicas aprendemos que<strong> la escucha no sólo posee el significado de una percepción acústica, sino que está esencialmente ligada a la relación dialógica entre Dios y la humanidad. </strong>«<em>Shema’ Israel – </em>Escucha, Israel» (<em>Dt</em> 6,4), el íncipit del primer mandamiento de la Torah se propone continuamente en la Biblia, hasta tal punto que san Pablo afirma que «la fe proviene de la escucha» (<em>Rm</em> 10,17). Efectivamente,<strong> la iniciativa es de Dios que nos habla, y nosotros respondemos escuchándolo</strong>; pero también esta escucha, en el fondo, proviene de su gracia, como sucede al recién nacido que responde a la mirada y a la voz de la mamá y del papá. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre.</p>



<p><strong>La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. </strong>Es aquella acción que permite a Dios revelarse como Aquel que, hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor. Dios ama al hombre: por eso le dirige la Palabra, por eso “inclina el oído” para escucharlo.</p>



<p>El hombre, por el contrario, tiende a huir de la relación, a volver la espalda y “cerrar los oídos” para no tener que escuchar. El negarse a escuchar termina a menudo por convertirse en agresividad hacia el otro, como les sucedió a los oyentes del diácono Esteban, quienes, tapándose los oídos, se lanzaron todos juntos contra él (cf.&nbsp;<em>Hch</em>&nbsp;7,57).</p>



<p>Así, <strong>por una parte está Dios, que siempre se revela comunicándose gratuitamente; y por la otra, el hombre, a quien se le pide que se ponga a la escucha. </strong>El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que pueda llegar a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. <strong>La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor</strong>.</p>



<p>Por eso Jesús pide a sus discípulos que verifiquen la calidad de su escucha: «Presten atención a <em>la forma</em> en que escuchan» (<em>Lc</em> 8,18); los exhorta de ese modo después de haberles contado la parábola del sembrador, dejando entender que no basta escuchar, sino que hay que hacerlo bien.<strong> Sólo da frutos de vida y de salvación quien acoge la Palabra con el corazón “bien dispuesto y bueno” y la custodia fielmente</strong> (cf. <em>Lc</em> 8,15). Sólo prestando atención <em>a quién</em> escuchamos, <em>qué</em> escuchamos y <em>cómo</em> escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la «capacidad del corazón que hace posible la proximidad» (Exhort. ap. <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_acompa%C3%B1amiento_personal_de_los_procesos_de_crecimiento" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Evangelii gaudium</a></em>, 171). </p>



<p>Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso quien tiene un oído perfecto no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. <strong>La verdadera sede de la escucha es el corazón</strong>. El rey Salomón, a pesar de ser muy joven, demostró sabiduría porque pidió al Señor que le concediera «un corazón capaz de escuchar» ( <em>1 Re</em> 3,9). Y <strong>san Agustín</strong> invitaba a escuchar con el corazón ( <em>corde audire</em>), a acoger las palabras no exteriormente en los oídos, sino espiritualmente en el corazón: «No tengan el corazón en los oídos, sino los oídos en el corazón» [1]. Y <strong>san Francisco de Asís</strong> exhortaba a sus hermanos a «inclinar el oído del corazón» [2].</p>



<p>La primera escucha que hay que redescubrir cuando se busca una comunicación verdadera es la escucha de sí mismo, de las propias exigencias más verdaderas, aquellas que están inscritas en lo íntimo de toda persona. Y <strong>no podemos sino escuchar lo que nos hace únicos en la creación: el deseo de estar en relación con los otros y con el Otro</strong>. No estamos hechos para vivir como átomos, sino juntos.</p>



<p><em><strong>La escucha como condición de la buena comunicación</strong></em></p>



<p>Existe un uso del oído que no es verdadera escucha, sino lo contrario: el escuchar a escondidas. De hecho, una tentación siempre presente y que hoy, en el tiempo de las redes sociales, parece haberse agudizado, es la de escuchar a escondidas y espiar, instrumentalizando a los demás para nuestro interés. Por el contrario, lo que hace la comunicación buena y plenamente humana es precisamente la escucha de quien tenemos delante, cara a cara, la escucha del otro a quien nos acercamos con apertura leal, confiada y honesta.</p>



<p>Lamentablemente,<strong> la falta de escucha, que experimentamos muchas veces en la vida cotidiana, es evidente también en la vida pública</strong>, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos. Esto es síntoma de que, más que la verdad y el bien, se busca el consenso; más que a la escucha, se está atento a la audiencia. <strong>La buena comunicación</strong>, en cambio, no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que <strong>presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad</strong>. Es triste cuando, también en la Iglesia, se forman bandos ideológicos, la escucha desaparece y su lugar lo ocupan contraposiciones estériles.</p>



<p>En realidad, en muchos de nuestros diálogos no nos comunicamos en absoluto. Estamos simplemente esperando que el otro termine de hablar para imponer nuestro punto de vista. En estas situaciones, como señala el filósofo<strong> Abraham Kaplan</strong> [3], el diálogo es un <strong>“duálogo”, un monólogo a dos voces.</strong> En la verdadera comunicación, en cambio, tanto el <em>tú</em> como el <em>yo</em> están “en salida”, tienden el uno hacia el otro.</p>



<p>Escuchar es, por tanto, el primer e indispensable ingrediente del diálogo y de la buena comunicación. No se comunica si antes no se ha escuchado, y no se hace buen periodismo sin la capacidad de escuchar. Para ofrecer una información sólida, equilibrada y completa es necesario haber escuchado durante largo tiempo. Para contar un evento o describir una realidad en un reportaje es esencial haber sabido escuchar, dispuestos también a cambiar de idea, a modificar las propias hipótesis de partida.</p>



<p>En efecto, <strong>solamente si se sale del monólogo se puede llegar a esa concordancia de voces que es garantía de una verdadera comunicación. </strong>Escuchar diversas fuentes, “no conformarnos con lo primero que encontramos” —como enseñan los profesionales expertos— asegura fiabilidad y seriedad a las informaciones que transmitimos. Escuchar más voces, escucharse mutuamente, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en medio de una sinfonía de voces.</p>



<p>Pero, ¿por qué afrontar el esfuerzo que requiere la escucha? Un gran diplomático de la Santa Sede, el cardenal <strong>Agostino Casaroli</strong>, hablaba del<strong> “martirio de la paciencia”</strong>, necesario<strong> para escuchar y hacerse escuchar en las negociaciones con los interlocutores más difíciles</strong>, con el fin de obtener el mayor bien posible en condiciones de limitación de la libertad. Pero también en situaciones menos difíciles, la escucha requiere siempre la virtud de la paciencia, junto con la capacidad de dejarse sorprender por la verdad — aunque sea tan sólo un fragmento de la verdad— de la persona que estamos escuchando. <strong>Sólo el asombro permite el conocimiento</strong>. Me refiero a la curiosidad infinita del niño que mira el mundo que lo rodea con los ojos muy abiertos. Escuchar con esta disposición de ánimo —el asombro del niño con la consciencia de un adulto— es un enriquecimiento, porque siempre habrá alguna cosa, aunque sea mínima, que puedo aprender del otro y aplicar a mi vida.</p>



<p><strong>La capacidad de escuchar a la sociedad es sumamente preciosa en este tiempo herido por la larga pandemia</strong>. Mucha desconfianza acumulada precedentemente hacia la “información oficial” ha causado una <strong>“infodemia”</strong>, dentro de la cual es cada vez más difícil hacer creíble y transparente el mundo de la información. Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social acrecentado por la disminución o el cese de muchas actividades económicas.</p>



<p>También <strong>la realidad de las migraciones forzadas es un problema complejo, y nadie tiene la receta lista para resolverlo.</strong> Repito que, para vencer los prejuicios sobre los migrantes y ablandar la dureza de nuestros corazones, <strong>sería necesario tratar de escuchar sus historias, dar un nombre y una historia a cada uno de ellos</strong>. Muchos buenos periodistas ya lo hacen. Y muchos otros lo harían si pudieran. ¡Alentémoslos! ¡Escuchemos estas historias! Después, cada uno será libre de sostener las políticas migratorias que considere más adecuadas para su país. Pero, en cualquier caso, ante nuestros ojos ya no tendremos números o invasores peligrosos, sino rostros e historias de personas concretas, miradas, esperanzas, sufrimientos de hombres y mujeres que hay que escuchar.</p>



<p><em><strong>Escucharse en la Iglesia</strong></em></p>



<p>También <strong>en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos</strong>. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros. Nosotros los cristianos olvidamos que el servicio de la escucha nos ha sido confiado por Aquel que es el oyente por excelencia, a cuya obra estamos llamados a participar. «Debemos escuchar con los oídos de Dios para poder hablar con la palabra de Dios» [4]. El teólogo protestante <strong>Dietrich Bonhoeffer</strong> nos recuerda de este modo que el primer servicio que se debe prestar a los demás en la comunión consiste en escucharlos.<strong> Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios </strong>[5].</p>



<p>En la acción pastoral, la obra más importante es <strong>“el apostolado del oído”</strong>. Escuchar antes de hablar, como exhorta el apóstol Santiago: «Cada uno debe estar pronto a escuchar, pero ser lento para hablar» (1,19). Dar gratuitamente un poco del propio tiempo para escuchar a las personas es el primer gesto de caridad.</p>



<p><strong>Hace poco ha comenzado un proceso sinodal.</strong> Oremos para que sea una gran ocasión de escucha recíproca.<strong> La comunión no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas.</strong> Como en un coro, la unidad no requiere uniformidad, monotonía, sino pluralidad y variedad de voces, polifonía. Al mismo tiempo, cada voz del coro canta escuchando las otras voces y en relación a la armonía del conjunto. Esta armonía ha sido ideada por el compositor, pero su realización depende de la sinfonía de todas y cada una de las voces.</p>



<p>Conscientes de participar en una comunión que nos precede y nos incluye, podemos redescubrir una Iglesia sinfónica, en la que cada uno puede cantar con su propia voz acogiendo las de los demás como un don, para manifestar la armonía del conjunto que el Espíritu Santo compone.</p>



<p><em>Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2022, Memoria de san Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>



<p>___________________________</p>



<p>[1]&nbsp;«Nolite habere cor in auribus, sed aures in corde» (&nbsp;<em>Sermo</em>&nbsp;380, 1:&nbsp;<em>Nuova Biblioteca Agostiniana</em>&nbsp;34, 568).</p>



<p>[2]&nbsp;&nbsp;<em>Carta a toda la Orden</em>:&nbsp;<em>Fuentes Franciscanas,&nbsp;</em>216.</p>



<p>[3]&nbsp;Cf.&nbsp;<em>The life of dialogue,&nbsp;</em>en J. D. Roslansky&nbsp;ed.,&nbsp;<em>Communication. A discussion at the Nobel Conference</em>, North-Holland Publishing Company – Amsterdam 1969, 89-108.</p>



<p>[4]&nbsp;D. Bonhoeffer,&nbsp;<em>Vida en comunidad</em>, Sígueme, Salamanca 2003, 92.</p>



<p>[5]&nbsp;Cf.&nbsp;<em>ibíd.</em>, 90-91.</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/escuchar-con-los-oidos-del-corazon-3/">Escuchar con los oídos del corazón</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«Ven y lo verás» (Jn 1,46). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/ven-y-lo-veras-jn-146-comunicar-encontrando-a-las-personas-donde-estan-y-como-son-2/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=ven-y-lo-veras-jn-146-comunicar-encontrando-a-las-personas-donde-estan-y-como-son-2</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Jul 2022 06:50:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398540</guid>

					<description><![CDATA[<p>Mensaje del Santo Padre Francisco para la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales Solemnidad de la Ascensión del Señor, 16 de mayo de 2021 Queridos hermanos y hermanas: La invitación a “ir y ver” que acompaña los primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el método de toda comunicación humana [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/ven-y-lo-veras-jn-146-comunicar-encontrando-a-las-personas-donde-estan-y-como-son-2/">«Ven y lo verás» (Jn 1,46). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Mensaje del Santo Padre Francisco para la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</strong></p>



<p>Solemnidad de la <strong>Ascensión del Señor, 16 de mayo de 2021</strong></p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p><strong>La invitación a “ir y ver” que acompaña los primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el método de toda comunicación humana auténtica</strong>. Para poder relatar la verdad de la vida que se hace historia (cf. <a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20200124_messaggio-comunicazioni-sociali.html"><em>Mensaje para la 54.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</em></a>, 24 enero 2020) es necesario salir de la cómoda presunción del “como es ya sabido” y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá en cualquier aspecto. «Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean», aconsejaba el<strong> beato Manuel Lozano Garrido</strong><a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn1">[1]</a> a sus compañeros periodistas. Deseo, por lo tanto, dedicar el Mensaje de este año a la llamada a “ir y ver”, como sugerencia para toda expresión comunicativa que quiera ser límpida y honesta: en la redacción de un periódico como en el mundo de la web, en la predicación ordinaria de la Iglesia como en la comunicación política o social.<strong> “Ven y lo verás” es el modo con el que se ha comunicado la fe cristiana, a partir de los primeros encuentros en las orillas del río Jordán y del lago de Galilea</strong>.</p>



<p><em><strong>Desgastar las suelas de los zapatos</strong></em></p>



<p>Pensemos en el gran tema de la información. Opiniones atentas se lamentan desde hace tiempo del riesgo de un aplanamiento en los “periódicos fotocopia” o en los noticieros de radio y televisión y páginas web que son sustancialmente iguales, donde el género de la investigación y del reportaje pierden espacio y calidad en beneficio de una información preconfeccionada, “de palacio”, autorreferencial, que es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no sabe recoger ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad<strong>. La crisis del sector editorial puede llevar a una información construida en las redacciones, frente al ordenador, en los terminales de las agencias, en las redes sociales, sin salir nunca a la calle, sin “desgastar las suelas de los zapatos”, sin encontrar a las personas para buscar historias o verificar <em>de visu</em> ciertas situaciones. </strong>Si no nos abrimos al encuentro, permaneceremos como espectadores externos, a pesar de las innovaciones tecnológicas que tienen la capacidad de ponernos frente a una realidad aumentada en la que nos parece estar inmersos. Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían.</p>



<p><em><strong>Esos detalles de crónica en el Evangelio</strong></em></p>



<p>A los primeros discípulos que quieren conocerlo, después del bautismo en el río Jordán, Jesús les responde: «Vengan y lo verán» (<em>Jn</em> 1,39), invitándolos a vivir su relación con Él. Más de medio siglo después, cuando Juan, muy anciano, escribe su Evangelio, recuerda algunos detalles “de crónica” que revelan su presencia en el lugar y el impacto que aquella experiencia tuvo en su vida: «Era como la hora décima», anota, es decir, las cuatro de la tarde (cf. v. 39). El día después —relata de nuevo Juan— Felipe comunica a Natanael el encuentro con el Mesías. Su amigo es escéptico: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe no trata de convencerlo con razonamientos: «Ven y lo verás», le dice (cf. vv. 45-46). Natanael va y ve, y desde aquel momento su vida cambia. La fe cristiana inicia así. Y se comunica así: como un conocimiento directo, nacido de la experiencia, no de oídas. «Ya no creemos por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído», dice la gente a la Samaritana, después de que Jesús se detuvo en su pueblo (cf.<em> Jn</em> 4,39-42). <strong>El “ven y lo verás” es el método más sencillo para conocer una realidad. Es la verificación más honesta de todo anuncio, porque para conocer es necesario encontrar, permitir que aquel que tengo de frente me hable, dejar que su testimonio me alcance.</strong></p>



<p><em><strong>Gracias a la valentía de tantos periodistas</strong></em></p>



<p>También el periodismo, como relato de la realidad, requiere la capacidad de ir allá donde nadie va: un movimiento y un deseo de ver. Una curiosidad, una apertura, una pasión.<strong> Gracias a la valentía y al compromiso de tantos profesionales</strong> —periodistas, camarógrafos, montadores, directores que a menudo trabajan corriendo grandes riesgos— <strong>hoy conocemos, por ejemplo, las difíciles condiciones de las minorías perseguidas en varias partes del mundo; los innumerables abusos e injusticias contra los pobres y contra la creación que se han denunciado; las muchas guerras olvidadas que se han contado. </strong>Sería una pérdida no sólo para la información, sino para toda la sociedad y para la democracia si estas voces desaparecieran: un empobrecimiento para nuestra humanidad.</p>



<p><strong>Numerosas realidades del planeta, más aún en este tiempo de pandemia, dirigen al mundo de la comunicación la invitación a “ir y ver”.</strong> Existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, sólo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”. Pensemos en la cuestión de las vacunas, como en los cuidados médicos en general, en el riesgo de exclusión de las poblaciones más indigentes. ¿Quién nos hablará de la espera de curación en los pueblos más pobres de Asia, de América Latina y de África? Así, las diferencias sociales y económicas a nivel planetario corren el riesgo de marcar el orden de la distribución de las vacunas contra el COVID. Con los pobres siempre como los últimos y el derecho a la salud para todos, afirmado como un principio, vaciado de su valor real. Pero también en el mundo de los más afortunados el drama social de las familias que han caído rápidamente en la pobreza queda en gran parte escondido: hieren y no son noticia las personas que, venciendo a la vergüenza, hacen cola delante de los centros de Cáritas para recibir un paquete de alimentos.</p>



<p><em><strong>Oportunidades e insidias en la web</strong></em></p>



<p>La red, con sus innumerables expresiones sociales, puede multiplicar la capacidad de contar y de compartir: tantos ojos más abiertos sobre el mundo, un flujo continuo de imágenes y testimonios. La tecnología digital nos da la posibilidad de una información de primera mano y oportuna, a veces muy útil: pensemos en ciertas emergencias con ocasión de las cuales las primeras noticias y también las primeras comunicaciones de servicio a las poblaciones viajan precisamente en la web. Es un instrumento formidable, que nos responsabiliza a todos como usuarios y como consumidores. Potencialmente todos podemos convertirnos en testigos de eventos que de otra forma los medios tradicionales pasarían por alto, dar nuestra contribución civil, hacer que emerjan más historias, también positivas. <strong>Gracias a la red tenemos la posibilidad de relatar lo que vemos, lo que sucede frente a nuestros ojos, de compartir testimonios</strong>.</p>



<p>Pero ya <strong>se han vuelto evidentes para todos también los riesgos de una comunicación social carente de controles. </strong>Hemos descubierto, ya desde hace tiempo, cómo las noticias y las imágenes son fáciles de manipular, por miles de motivos, a veces sólo por un banal narcisismo.<strong> Esta conciencia crítica empuja no a demonizar el instrumento, sino a una mayor capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad </strong>más maduro, tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos, del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas, desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir, ver y compartir.</p>



<p><em><strong>Nada reemplaza el hecho de ver en persona</strong></em></p>



<p>En la comunicación, nada puede sustituir completamente el hecho de ver en persona. Algunas cosas se pueden aprender sólo con la experiencia. No se comunica, de hecho, solamente con las palabras, sino con los ojos, con el tono de la voz, con los gestos. La fuerte atracción que ejercía Jesús en quienes lo encontraban dependía de la verdad de su predicación, pero la eficacia de lo que decía era inseparable de su mirada, de sus actitudes y también de sus silencios. Los discípulos no escuchaban sólo sus palabras, lo miraban hablar. De hecho, en Él —el <em>Logos</em> encarnado— la Palabra se hizo Rostro, el Dios invisible se dejó ver, oír y tocar, como escribe el propio Juan (cf. <em>1 Jn</em> 1,1-3).<strong> La palabra es eficaz solamente si se “ve”, sólo si te involucra en una experiencia, en un diálogo. Por este motivo el “ven y lo verás” era y es esencial.</strong></p>



<p>Pensemos en cuánta elocuencia vacía abunda también en nuestro tiempo, en cualquier ámbito de la vida pública, tanto en el comercio como en la política. «Sabe hablar sin cesar y no decir nada. Sus razones son dos granos de trigo en dos fanegas de paja. Se debe buscar todo el día para encontrarlos y cuando se encuentran, no valen la pena de la búsqueda»<a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn2">[2]</a>.Las palabras mordaces del dramaturgo inglés también valen para nuestros comunicadores cristianos<strong>. La buena nueva del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Hombres y mujeres que aceptaron la misma invitación: “Ven y lo verás”</strong>, y quedaron impresionados por el “plus” de humanidad que se transparentaba en su mirada, en la palabra y en los gestos de personas que daban testimonio de Jesucristo. Todos los instrumentos son importantes y aquel gran comunicador que se llamaba Pablo de Tarso hubiera utilizado el correo electrónico y los mensajes de las redes sociales; pero fue su fe, su esperanza y su caridad lo que impresionó a los contemporáneos que lo escucharon predicar y tuvieron la fortuna de pasar tiempo con él, de verlo durante una asamblea o en una charla individual. Verificaban, viéndolo en acción en los lugares en los que se encontraba, lo verdadero y fructuoso que era para la vida el anuncio de salvación del que era portador por la gracia de Dios. Y también allá donde este colaborador de Dios no podía ser encontrado en persona, su modo de vivir en Cristo fue atestiguado por los discípulos que enviaba (cf. <em>1 Co</em> 4,17).</p>



<p>«En nuestras manos hay libros, en nuestros ojos hechos», afirmaba san Agustín<a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn3">[3]</a> exhortando a encontrar en la realidad el cumplimiento de las profecías presentes en las Sagradas Escrituras. Así, el Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la aventura cristiana. <strong>El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar encontrando a las personas donde están y como son.</strong></p>



<p><em>Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos,<br>y a encaminarnos hacia la búsqueda de la verdad.</em></p>



<p><em>Enséñanos a ir y ver,<br>enséñanos a escuchar,<br>a no cultivar prejuicios,<br>a no sacar conclusiones apresuradas.</em></p>



<p><em>Enséñanos a ir allá donde nadie quiere ir,<br>a tomarnos el tiempo para entender,<br>a prestar atención a lo esencial,<br>a no dejarnos distraer por lo superfluo,<br>a distinguir la apariencia engañosa de la verdad.</em></p>



<p><em>Danos la gracia de reconocer tus moradas en el mundo<br>y la honestidad de contar lo que hemos visto.</em></p>



<p><em>Roma, San Juan de Letrán, 23 de enero de 2021, Vigilia de la Memoria de San Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><a></a><a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp; Periodista español, que nació en 1920 y falleció en 1971; fue beatificado en 2010.</p>



<p><a></a><a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;W. Shakespeare,&nbsp;<em>El Mercader de Venecia</em>, Acto I, Escena I.</p>



<p><a></a><a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20210123_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;<em>Sermón</em>&nbsp;360/B, 20.</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/ven-y-lo-veras-jn-146-comunicar-encontrando-a-las-personas-donde-estan-y-como-son-2/">«Ven y lo verás» (Jn 1,46). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2) La vida se hace historia</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/para-que-puedas-contar-y-grabar-en-la-memoria-cf-ex-102-la-vida-se-hace-historia-2/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=para-que-puedas-contar-y-grabar-en-la-memoria-cf-ex-102-la-vida-se-hace-historia-2</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Jul 2022 05:04:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398544</guid>

					<description><![CDATA[<p>Mensaje del Santo Padre Francisco para la 54ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales Solemnidad de la Ascensión del Señor, 21 de mayo de 2020 Quiero dedicar el Mensaje de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/para-que-puedas-contar-y-grabar-en-la-memoria-cf-ex-102-la-vida-se-hace-historia-2/">Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2) La vida se hace historia</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Mensaje del Santo Padre Francisco para la 54ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</strong></p>



<p><strong>Solemnidad de la Ascensión del Señor, 21 de mayo de 2020</strong></p>



<p>Quiero dedicar el <em>Mensaje </em>de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos <strong>necesitamos respirar la verdad de las buenas historias</strong>: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean,<strong> necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. </strong>Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.</p>



<p><strong>1.</strong>&nbsp;<strong>Tejer historias</strong></p>



<p><strong>El hombre es un ser narrador. </strong>Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado<strong>. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos.</strong></p>



<p>El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. <em>Gn</em> 3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los <em>tejidos </em>como a los <em>textos</em>. Las historias de cada época tienen un “telar” común: la estructura prevé “héroes”, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor.<strong> Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida.</strong></p>



<p><strong>El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días.</strong> Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.</p>



<p><strong>2.</strong>&nbsp;<strong>No todas las historias son buenas</strong></p>



<p>«El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf. <em>Gn</em> 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. “Si posees, te convertirás, alcanzarás&#8230;”, susurra todavía hoy quien se sirve del llamado <em>storytelling</em> con fines instrumentales. Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos<strong>. A menudo, en los telares de la comunicación</strong>, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural,<strong> se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. </strong>Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.</p>



<p><strong>Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. </strong>A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el <em>deepfake</em>), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. <strong>Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy</strong>; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.</p>



<p><strong>3. La&nbsp;<em>Historia</em>&nbsp;<em>de las historias</em></strong></p>



<p>La Sagrada Escritura es una&nbsp;<em>Historia de historias</em>. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él. En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has&nbsp;<em>tejido</em>&nbsp;en el seno materno. Te doy gracias porque son&nbsp;<em>admirables tus obras</em>&nbsp;[…], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y&nbsp;<em>entretejiendo</em>&nbsp;en lo profundo de la tierra» (139,13-15). No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos.</p>



<p>En este sentido,<strong> la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. </strong>En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. El hombre será llamado así, de generación en generación, a <em>contar y a grabar en su memoria</em> los episodios más significativos de esta <em>Historia de historias</em>, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido.</p>



<p>El título de este&nbsp;<em>Mensaje</em>&nbsp;está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios&nbsp;<em>se acordó</em>&nbsp;de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (<em>Ex&nbsp;</em>2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: «<em>Para que puedas contar [y grabar en la memoria]&nbsp;</em>de tus hijosy nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (<em>Ex</em>&nbsp;10,2). La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida.</p>



<p><strong>El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.</strong></p>



<p>No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “<em>performan</em>”<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20200124_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn1">[1]</a>&nbsp;a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha&nbsp;<em>contado</em>» (cf.&nbsp;<em>Jn</em>&nbsp;1,18). He usado el término “contado” porque el original&nbsp;<em>exeghésato</em>&nbsp;puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias.</p>



<p><strong>4.</strong>&nbsp;<strong>Una historia que se renueva</strong></p>



<p><strong>La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual.</strong> Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina. En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. <strong>Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse.</strong> Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó.</p>



<p>Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (<em>2</em> <em>Co</em> 3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda. <strong><em>Re-cordar</em> significa efectivamente <em>llevar al corazón</em>, “escribir” en el corazón. </strong>Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las <em>Confesiones</em> de Agustín. Como <em>El</em> <em>Relato del Peregrino</em> de Ignacio. Como la <em>Historia de un alma</em> de Teresita del Niño Jesús. Como <em>Los Novios,</em> como <em>Los Hermanos Karamazov</em>. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. <strong>Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.</strong></p>



<p><strong>5. Una historia que nos renueva</strong></p>



<p>En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!</p>



<p>Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque<strong> nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. </strong>Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.</p>



<p>No se trata, pues, de seguir la lógica del&nbsp;<em>storytelling</em>, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf.&nbsp;<em>Lc</em>&nbsp;2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor:</p>



<p><em>Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.</em></p>



<p>Roma, junto a San Juan de Letrán, 24 de enero de 2020, fiesta de san Francisco de Sales.</p>



<p><strong>Franciscus</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20200124_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Cf. Benedicto XVI, Carta enc.&nbsp;<em><a href="http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html">Spe salvi</a>,</em>&nbsp;2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/para-que-puedas-contar-y-grabar-en-la-memoria-cf-ex-102-la-vida-se-hace-historia-2/">Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2) La vida se hace historia</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«“Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana»</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/somos-miembros-unos-de-otros-ef-425-de-las-comunidades-en-las-redes-sociales-a-la-comunidad-humana/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=somos-miembros-unos-de-otros-ef-425-de-las-comunidades-en-las-redes-sociales-a-la-comunidad-humana</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Jul 2022 01:02:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398546</guid>

					<description><![CDATA[<p>Mensaje del Santo Padre Francisco para la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales Solemnidad de la Ascensión del Señor, 2 de junio de 2019 Queridos hermanos y hermanas: Desde que internet ha estado disponible, la Iglesia siempre ha intentado promover su uso al servicio del encuentro entre las personas y de la solidaridad entre [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/somos-miembros-unos-de-otros-ef-425-de-las-comunidades-en-las-redes-sociales-a-la-comunidad-humana/">«“Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Mensaje del Santo Padre Francisco para la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</strong></p>



<p><strong>Solemnidad de la Ascensión del Señor,  2 de junio de 2019</strong></p>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>Desde que internet ha estado disponible, la Iglesia siempre ha intentado promover su uso al servicio del encuentro entre las personas y de la solidaridad entre todos. Con este <em>Mensaje</em>, quisiera invitarles una vez más a <strong>reflexionar sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación</strong>; y a redescubrir, en la vastedad de los desafíos del contexto comunicativo actual, el deseo del hombre que no quiere permanecer en su propia soledad.</p>



<p><strong><em>Las metáforas de la “red” y de la “comunidad”</em></strong></p>



<p>El ambiente mediático es hoy tan omnipresente que resulta muy difícil distinguirlo de la esfera de la vida cotidiana. <strong>La red es un recurso de nuestro tiempo. Constituye una fuente de conocimientos y de relaciones hasta hace poco inimaginable. </strong>Sin embargo, a causa de las profundas transformaciones que la tecnología ha impreso en las lógicas de producción, circulación y disfrute de los contenidos, numerosos expertos han subrayado los riesgos que amenazan la búsqueda y la posibilidad de compartir una información auténtica a escala global. Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber;<strong> pero también es cierto que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales</strong>, que a menudo asumen la forma del descrédito.</p>



<p>Hay que reconocer que, por un lado, las redes sociales sirven para que estemos más en contacto, nos encontremos y ayudemos los unos a los otros; pero por otro, se prestan también a un uso manipulador de los datos personales con la finalidad de obtener ventajas políticas y económicas, sin el respeto debido a la persona y a sus derechos. Entre los más jóvenes, las estadísticas revelan que uno de cada cuatro chicos se ha visto envuelto en episodios de acoso cibernético<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20190124_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn1">[1]</a>.</p>



<p><strong>Ante la complejidad de este escenario, puede ser útil volver a reflexionar sobre la metáfora de la <em>red</em> que fue propuesta al principio como fundamento de internet, para redescubrir sus potencialidades positivas.</strong> La figura de la red nos invita a reflexionar sobre la multiplicidad de recorridos y nudos que aseguran su resistencia sin que haya un centro, una estructura de tipo jerárquico, una organización de tipo vertical. La red funciona gracias a la coparticipación de todos los elementos.</p>



<p><strong>La metáfora de la red, trasladada a la dimensión antropológica, nos recuerda otra figura llena de significados: la <em>comunidad</em>. </strong>Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje.</p>



<p>Es evidente que, en el escenario actual, la <em>social network community</em> no es automáticamente sinónimo de comunidad. En el mejor de los casos, las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles. Además, <strong>la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo: este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). </strong>Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo.</p>



<p><strong>La red constituye una ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también potenciar nuestro autoaislamiento, como una telaraña que atrapa. </strong>Los jóvenes son los más expuestos a la ilusión de pensar que las redes sociales satisfacen completamente en el plano relacional; se llega así al peligroso fenómeno de los jóvenes que se convierten en “ermitaños sociales”, con el consiguiente riesgo de apartarse completamente de la sociedad. Esta dramática dinámica pone de manifiesto un grave desgarro en el tejido relacional de la sociedad, una laceración que no podemos ignorar.</p>



<p>Esta realidad multiforme e insidiosa plantea diversas cuestiones de carácter ético, social, jurídico, político y económico; e interpela también a la Iglesia. Mientras los gobiernos buscan vías de reglamentación legal para salvar la visión original de una red libre, abierta y segura, todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de favorecer su uso positivo.</p>



<p>Está claro que no basta con multiplicar las conexiones para que aumente la comprensión recíproca. ¿Cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?</p>



<p><strong><em>“Somos miembros unos de otros”</em></strong></p>



<p>Se puede esbozar una posible respuesta a partir de una tercera metáfora, la&nbsp;<em>del cuerpo y los miembros</em>, que san Pablo usa para hablar de la relación de reciprocidad entre las personas, fundada en un organismo que las une. «Por lo tanto, dejaos de mentiras, y hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros» (<em>Ef</em>&nbsp;4,25). El ser&nbsp;<em>miembros unos de otros</em>&nbsp;es la motivación profunda con la que el Apóstol exhorta a abandonar la mentira y a decir la verdad: la obligación de custodiar la verdad nace de la exigencia de no desmentir la recíproca relación de comunión. De hecho, la verdad se revela en la comunión. En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo.</p>



<p>La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad. Como cristianos, todos nos reconocemos miembros del único cuerpo del que Cristo es la cabeza. Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas. Ya no hay necesidad del adversario para autodefinirse, porque la mirada de inclusión que aprendemos de Cristo nos hace descubrir la alteridad de un modo nuevo, como parte integrante y condición de la relación y de la proximidad.</p>



<p>Esta capacidad de comprensión y de comunicación entre las personas humanas tiene su fundamento en la comunión de amor entre las Personas divinas. <strong>Dios no es soledad, sino comunión; es amor, y, por ello, comunicación</strong>, porque el amor siempre comunica, es más, se comunica a sí mismo para encontrar al otro. Para comunicar con nosotros y para comunicarse a nosotros, Dios se adapta a nuestro lenguaje, estableciendo en la historia un verdadero diálogo con la humanidad (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html"><em>Dei Verbum</em></a>, 2).</p>



<p>En virtud de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios, que es comunión y comunicación-de-sí, llevamos siempre en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad. «Nada es tan específico de nuestra naturaleza –afirma san Basilio– como el entrar en relación unos con otros, el tener necesidad unos de otros»<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20190124_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftn2">[2]</a>.</p>



<p><strong>El contexto actual nos llama a todos a invertir en las relaciones, a afirmar también en la red y mediante la red el carácter interpersonal de nuestra humanidad.</strong> Los cristianos estamos llamados con mayor razón, a manifestar esa comunión que define nuestra identidad de creyentes. Efectivamente, la fe misma es una relación, un encuentro; y mediante el impulso del amor de Dios podemos comunicar, acoger, comprender y corresponder al don del otro.</p>



<p>La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás. El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal. El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje.</p>



<p><strong><em>Del&nbsp;</em>“like”<em>&nbsp;al&nbsp;</em>“amén”</strong></p>



<p>La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que<strong> el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso</strong>, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro. <strong>Si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión.</strong> Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a los ojos, entonces es un recurso. Si una comunidad eclesial coordina sus actividades a través de la red, para luego celebrar la Eucaristía juntos, entonces es un recurso. Si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso.</p>



<p>Podemos pasar así del diagnóstico al tratamiento: abriendo el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia&#8230; <strong>Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres. </strong>La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los <em>“like”</em> sino sobre la verdad, sobre el <em>“amén”</em> con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás.</p>



<p><em>Vaticano, 24 de enero de 2019, fiesta de san Francisco de Sales.</em></p>



<p><strong>Franciscus</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20190124_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Para reaccionar ante este fenómeno, se instituirá un&nbsp;<em>Observador internacional</em>&nbsp;<em>sobre el acoso cibernético</em>&nbsp;con sede en el Vaticano.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20190124_messaggio-comunicazioni-sociali.html#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;<em>Regole ampie</em>, III, 1:&nbsp;<em>PG</em>&nbsp;31, 917; cf. Benedicto XVI,&nbsp;<em><a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/messages/communications/documents/hf_ben-xvi_mes_20090124_43rd-world-communications-day.html">Mensaje para la 43 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</a>&nbsp;</em>(2009).</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/somos-miembros-unos-de-otros-ef-425-de-las-comunidades-en-las-redes-sociales-a-la-comunidad-humana/">«“Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana»</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).</title>
		<link>https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/fake-news-periodismo-paz/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=fake-news-periodismo-paz</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cine]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jun 2022 10:53:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Documentos]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes del Santo Padre]]></category>
		<category><![CDATA[armonía]]></category>
		<category><![CDATA[CECS]]></category>
		<category><![CDATA[comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[comunión]]></category>
		<category><![CDATA[conferencia episcopal]]></category>
		<category><![CDATA[confianza]]></category>
		<category><![CDATA[fake news]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia Católica]]></category>
		<category><![CDATA[juicios]]></category>
		<category><![CDATA[obispos]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Paz]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[verdad]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/?p=398305</guid>

					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA 52 JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES Fake news y periodismo de paz Queridos hermanos y hermanas: En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/fake-news-periodismo-paz/">«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-bvlukdk" data-block-id="bvlukdk"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle">Fake news y periodismo de paz<strong><br></strong></p></div>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.</p>



<p>Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.</p>



<p>Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «<em>fake news</em>». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de&nbsp;<a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es.html">Pablo VI</a>&nbsp;(cf.&nbsp;<a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/messages/communications/documents/hf_p-vi_mes_19720421_vi-com-day.html"><em>Mensaje de</em>&nbsp;1972:&nbsp;<em>«Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»</em></a><em>).</em>&nbsp;Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.</p>



<p>1.<em>&nbsp;¿Qué hay de falso en las «noticias&nbsp; falsas»?</em></p>



<p><em>«Fake news»</em>&nbsp;es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida&nbsp;<em>online</em>&nbsp;o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.</p>



<p>La eficacia de las&nbsp;<em>fake news</em>&nbsp;se debe, en primer lugar, a su&nbsp;<em>naturaleza mimética</em>, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.</p>



<p>La dificultad para desenmascarar y erradicar las&nbsp;<em>fake news</em>&nbsp;se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta&nbsp;<em>lógica de la desinformación</em>&nbsp;es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.</p>



<p>2.<em>&nbsp;¿Cómo podemos reconocerlas?</em></p>



<p>Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de&nbsp; millones de perfiles digitales.</p>



<p>Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el&nbsp;<em>Libro del Génesis</em>, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera&nbsp;<em>fake news</em>&nbsp;(cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.</p>



<p>La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (<em>Jn</em>&nbsp;8,44) es la&nbsp;<em>mímesis</em>, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (<em>Gn</em>&nbsp;3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de&nbsp;<em>ningún árbol</em>, sino tan solo de&nbsp;<em>un árbol</em>: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (<em>Gn</em>&nbsp;2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (<em>Gn&nbsp;</em>3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (<em>v.&nbsp;</em>4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).&nbsp; Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.</p>



<p>De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las&nbsp;<em>fake news</em>&nbsp;se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.</p>



<p>Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.</p>



<p>3. «<em>La verdad os hará libres</em>» (<em>Jn</em>&nbsp;8,32)</p>



<p>La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este &nbsp;sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (<em>Los hermanos Karamazov,</em>&nbsp;II,2).</p>



<p>Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa,&nbsp;<em>aletheia</em>&nbsp;(de&nbsp;<em>a-lethès,&nbsp;</em>«no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘<em>aman</em>, de la cual procede también el&nbsp;<em>Amén</em>&nbsp;litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «<em>Yo soy</em>&nbsp;la verdad» (<em>Jn</em>&nbsp;14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (<em>Jn</em>&nbsp;8,32).</p>



<p>Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.</p>



<p>4<em>. La paz es la verdadera noticia</em></p>



<p>El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista,&nbsp;<em>custodio de las noticias</em>. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino&nbsp;<em>las personas</em>. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.</p>



<p>Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un&nbsp;<em>periodismo de paz</em>, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escaladadel clamor y de la violencia verbal.</p>



<p>Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:</p>



<p><em>Señor, haznos instrumentos de tu paz.<br>Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.<br>Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.<br>Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.<br>Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:<br>donde hay&nbsp;ruido, haz que practiquemos la escucha;<br>donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;<br>donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;<br>donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;<br>donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;<br>donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;<br>donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;<br>donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;<br>donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.</em></p>



<p><em>Amén.</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/fake-news-periodismo-paz/">«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).</a> se publicó primero en <a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es">Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
