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	<title>comunión archivos - Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales</title>
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		<title>El Sínodo protagoniza el Encuentro Ibérico de los obispos para las Comunicaciones</title>
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		<dc:creator><![CDATA[prensa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Oct 2023 22:24:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>«Sinodalidad y comunicación» es el tema que tratarán los obispos de España y Portugal que en sus respectivas Conferencias Episcopales atienden la pastoral relacionada con las Comunicaciones sociales. Este Encuentro Ibérico tendrá lugar del 23 al 25 de octubre, en el Centro Pastoral Pablo VI, que se encuentra en la población lusa de Darque, en [&#8230;]</p>
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<p>«<strong>Sinodalidad y comunicación</strong>» es el tema que tratarán los <strong>obispos de España y Portugal</strong> que en sus respectivas <strong>Conferencias Episcopales</strong> atienden la pastoral relacionada con las <strong>Comunicaciones sociales</strong>. Este <strong>Encuentro Ibérico </strong>tendrá lugar del<strong> 23 al 25 de octubre</strong>, en el <strong>Centro Pastoral Pablo VI</strong>, que se encuentra en la población lusa de <strong>Darque</strong>, en<strong> <a href="https://www.diocesedeviana.pt/">Viana do Castelo</a></strong>.</p>



<p>Convocado por los respectivos presidentes de las Comisiones episcopales para las Comunicaciones sociales de <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/comisiones/comunicaciones-sociales/">España</a> y <a href="https://www.conferenciaepiscopal.pt/v1/cultura-bens-culturais-e-comunicacoes-sociais/">Portugal</a>, Mons. <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/obispos/jose-manuel-lorca-planes/"><strong>José Manuel Lorca</strong></a>, obispo de <a href="https://diocesisdecartagena.org/">Cartagena</a>, y Mons. <strong>Nuno Brás</strong>, obispo de <a href="https://www.conferenciaepiscopal.pt/v1/funchal/">Funchal</a> (Madeira), durante el Encuentro Ibérico los obispos participarán en dos sesiones de trabajo donde principalmente se hablará del papel de la comunicación en el <a href="http://@Synod_va">Sínodo</a>. </p>



<p>La primera de las ponencias de trabajo se titula<strong><em> “Comunicación y consenso, resultado de la sinodalidad: para llegar a un consenso, ¿cómo debe ser la comunicación?”</em></strong>, que impartirá el profesor de la <a href="https://www.ucp.pt/pt-pt">Universidad Católica Portugesa</a> el padre <strong>Alexandre Palma</strong>.</p>



<p>Por su parte, el vaticanista<strong> <a href="http://@AntonioPelayo5">Antonio Pelayo</a></strong>, periodista del diario <a href="https://www.larazon.es/">La Razón</a>, la revista <a href="https://www.vidanuevadigital.com/">Vida Nueva</a> y la cadena de televisión <a href="https://www.antena3.com/">Antena 3</a> expondrá el tema<strong><em> “Sinodalidad y medios de comunicación: De la agenda mediática a la promoción de una realidad sinodal”</em></strong>.</p>



<p>Al Encuentro Ibérico celebrado en Darque, junto a Mons. Lorca asisten los obispos de la CECS Mons. <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/obispos/salvador-gimenez-valls/"><strong>Salvador Giménez</strong></a>, Mons. <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/obispos/francisco-jose-prieto/"><strong>Francisco José Prieto</strong></a>, Mons. <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/obispos/sebastia-taltavull-anglada/"><strong>Sebastià Taltavull</strong></a> y Mons.<a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/obispos/cristobal-deniz-hernandez/"> <strong>Cristóbal Déniz</strong></a>, acompañados por el director de comunicación Josetxo Vera. </p>



<p>Por parte de la Comisión Episcopal portuguesa, además de Mons. Nuno Brás, participan Mons. <strong>Pio Alves</strong>, Mons. <strong>Delfim Gomes</strong> y Mons. <strong>Joaquim Dionísio</strong>, asistidos por el secretario Paulo Rocha e Isabel Figueiredo. También participa Mons. <strong>João Lavrador</strong>, obispo diocesano de Viana do Castelo, que ejerce como anfitrión del Encuentro Ibérico 2023, junto a su delegado para la comunicación João Basto.</p>



<p>En este encuentro anual de obispos se pone en común el trabajo que se realiza en las respectivas Comisiones episcopales y trata conjuntamente temas relacionados con la comunicación. En 2022 los obispos para las Comunicaciones sociales de España y Portugal se encontraron en Santiago de Compostela para hablar acerca de<strong> “<a href="https://comunicaciones.conferenciaepiscopal.es/los-obispos-de-espana-y-portugal-invitan-a-comunicar-una-esperanza-realista-y-resistente-siendo-voz-de-los-sin-voz/">comunicar una esperanza mayor</a>”</strong>.</p>



<div class="wp-block-stackable-heading stk-block-heading stk-block-heading--v2 stk-block stk-6f9k24p" id="comunicar-el-sinodo" data-block-id="6f9k24p"><h2 class="stk-block-heading__text">Comunicar el Sínodo</h2></div>



<p>El Encuentro Ibérico de los obispos en este año 2023 se produce cuando en este mes de octubre el Sínodo celebra en la Ciudad del Vaticano la <strong>Asamblea General del papa <a href="http://@Pontifex">Francisco</a> con obispos de todo el mundo</strong>.</p>



<p>El reto de la comunicación de la fe es uno de las cuestiones que aborda este <a href="https://www.synod.va/es.html">Sínodo de los Obispos sobre la Sinodalidad</a>, para ayudar a vivir la comunión, realizar la participación y abrirse a la misión, y que transcurre tras un&nbsp;proceso de escucha y diálogo que comenzó en 2021.</p>



<p>Como señalaba el presidente de la Comisión para la Información del Sínodo «el Sínodo es un camino que ha comenzado y del que estamos más o menos a mitad de camino, como un camino que luego regresará a cada lugar, a cada nación, continentes individuales y que luego regresará nuevamente a Roma&#8230;». Son las palabras de <strong>Paolo Ruffini</strong>, a su vez prefecto del <a href="https://www.comunicazione.va/it.html">Dicasterio para la Comunicación</a>, sobre este Sínodo que quiere favorecer la comprensión de la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia. </p>



<p>Un Sínodo sobre la Sinodalidad que celebra ahora la primera sesión de la Asamblea General, del 4 al 29 de octubre de 2023, y la segunda lo hará en octubre de 2024.</p>



<p></p>



<p></p>



<p></p>



<h2 class="wp-block-heading"></h2>
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		<title>«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Jun 2022 10:53:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCOPARA LA 52 JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES Fake news y periodismo de paz Queridos hermanos y hermanas: En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el [&#8230;]</p>
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<p></p>



<p><strong><em>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br>PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL<br>DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</em></strong></p>



<div class="wp-block-stackable-subtitle stk-block-subtitle stk-block stk-sr8zrtm" data-block-id="sr8zrtm"><p class="stk-block-subtitle__text stk-subtitle">Fake news y periodismo de paz<strong><br></strong></p></div>



<p><em>Queridos hermanos y hermanas:</em></p>



<p>En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.</p>



<p>Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.</p>



<p>Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «<em>fake news</em>». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de&nbsp;<a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es.html">Pablo VI</a>&nbsp;(cf.&nbsp;<a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/messages/communications/documents/hf_p-vi_mes_19720421_vi-com-day.html"><em>Mensaje de</em>&nbsp;1972:&nbsp;<em>«Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»</em></a><em>).</em>&nbsp;Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.</p>



<p>1.<em>&nbsp;¿Qué hay de falso en las «noticias&nbsp; falsas»?</em></p>



<p><em>«Fake news»</em>&nbsp;es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida&nbsp;<em>online</em>&nbsp;o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.</p>



<p>La eficacia de las&nbsp;<em>fake news</em>&nbsp;se debe, en primer lugar, a su&nbsp;<em>naturaleza mimética</em>, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.</p>



<p>La dificultad para desenmascarar y erradicar las&nbsp;<em>fake news</em>&nbsp;se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta&nbsp;<em>lógica de la desinformación</em>&nbsp;es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.</p>



<p>2.<em>&nbsp;¿Cómo podemos reconocerlas?</em></p>



<p>Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de&nbsp; millones de perfiles digitales.</p>



<p>Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el&nbsp;<em>Libro del Génesis</em>, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera&nbsp;<em>fake news</em>&nbsp;(cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf.&nbsp;<em>Gn</em>&nbsp;4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.</p>



<p>La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (<em>Jn</em>&nbsp;8,44) es la&nbsp;<em>mímesis</em>, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (<em>Gn</em>&nbsp;3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de&nbsp;<em>ningún árbol</em>, sino tan solo de&nbsp;<em>un árbol</em>: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (<em>Gn</em>&nbsp;2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (<em>Gn&nbsp;</em>3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (<em>v.&nbsp;</em>4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).&nbsp; Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.</p>



<p>De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las&nbsp;<em>fake news</em>&nbsp;se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.</p>



<p>Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.</p>



<p>3. «<em>La verdad os hará libres</em>» (<em>Jn</em>&nbsp;8,32)</p>



<p>La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este &nbsp;sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (<em>Los hermanos Karamazov,</em>&nbsp;II,2).</p>



<p>Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa,&nbsp;<em>aletheia</em>&nbsp;(de&nbsp;<em>a-lethès,&nbsp;</em>«no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘<em>aman</em>, de la cual procede también el&nbsp;<em>Amén</em>&nbsp;litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «<em>Yo soy</em>&nbsp;la verdad» (<em>Jn</em>&nbsp;14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (<em>Jn</em>&nbsp;8,32).</p>



<p>Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.</p>



<p>4<em>. La paz es la verdadera noticia</em></p>



<p>El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista,&nbsp;<em>custodio de las noticias</em>. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino&nbsp;<em>las personas</em>. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.</p>



<p>Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un&nbsp;<em>periodismo de paz</em>, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escaladadel clamor y de la violencia verbal.</p>



<p>Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:</p>



<p><em>Señor, haznos instrumentos de tu paz.<br>Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.<br>Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.<br>Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.<br>Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:<br>donde hay&nbsp;ruido, haz que practiquemos la escucha;<br>donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;<br>donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;<br>donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;<br>donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;<br>donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;<br>donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;<br>donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;<br>donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.</em></p>



<p><em>Amén.</em></p>



<p><strong>Francisco</strong></p>
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